El emblemático Salón Dorado del Palacio de la Asamblea se convirtió en escenario de emociones, recuerdos y reconocimiento con motivo del 50 aniversario de la promoción de 1975 del Colegio La Salle de Melilla. Un encuentro entrañable en el que participaron numerosos antiguos alumnos, que hace medio siglo compartieron aulas, sueños y comienzos de vida en común.
El acto contó con la presencia destacada del presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, y del presidente de la Autoridad Portuaria, Manuel Quevedo, ambos con profundas raíces y vínculos con la ciudad y su historia educativa.
Manuel Quevedo fue el primero en tomar la palabra, con un discurso cargado de nostalgia, humor y sentimiento. Recordó que fue en junio de 1975 cuando él y sus compañeros salieron del colegio de La Salle. “Desde el primer momento teníamos claro que esta celebración tenía que pasar por dos lugares: nuestro colegio y este Palacio de la Asamblea, que simboliza al pueblo de Melilla”.
Quevedo rememoró cómo ha cambiado el colegio físicamente, “con patios cubiertos, piscina climatizada y otras mejoras”, pero también destacó que “sigue siendo perfectamente reconocible” y mantiene el mismo espíritu de comunidad que lo caracterizaba hace décadas. Mencionó con humor anécdotas de la infancia, los partidos de fútbol en las calles y los juegos que ya se han perdido, como “el pincho” o “troncos”, en una ciudad que, según afirmó, “ha cambiado, pero sigue siendo amable y multicultural, muy española y muy abierta”.
Por su parte, Juan José Imbroda ofreció un discurso más institucional, aunque también salpicado de recuerdos personales y una fuerte carga política. El presidente de la Ciudad Autónoma quiso destacar el papel que muchos antiguos alumnos de La Salle siguen teniendo en la vida pública y económica de Melilla, ya sea desde dentro o como “embajadores” fuera de la ciudad.
Imbroda aprovechó la ocasión para reivindicar una mayor presencia del Estado en Melilla. “El Rey tiene que venir. Defensa tiene que tener más presencia en Melilla. Es importante para el ánimo de esta ciudad, para la percepción externa y para nuestro desarrollo”, subrayó. También denunció la falta de apoyo financiero y la necesidad de corregir el estatus institucional de la ciudad para avanzar con plenitud de competencias.
Durante el acto se rindió homenaje a los compañeros que ya no están, “desgraciadamente cerca de 60”, y se compartieron planes para los días siguientes, que incluirán visitas a lugares emblemáticos de la ciudad como el colegio La Salle, los recintos fortificados y otras actividades culturales.
Además, Imbroda señaló que “la ciudad ha avanzado mucho, pero necesita aún más fuerza institucional, una universidad pública consolidada y el reconocimiento que merece por parte del Estado. Melilla no puede seguir siendo una ciudad autónoma sin instrumentos reales para su desarrollo completo”.
Finalmente, concluyó su intervención destacando el espíritu que aún une a los antiguos alumnos: “Todos seguimos siendo embajadores de Melilla allá donde estemos. Nos une este colegio, esta ciudad y una manera de vivir”.
El 50 aniversario de la promoción del Colegio La Salle no fue sólo un acto de memoria colectiva, sino también un espacio de reflexión sobre lo que significa Melilla para quienes la vivieron desde sus aulas, sus calles y su historia compartida.
El encuentro concluyó con una foto de grupo y un aplauso cerrado en homenaje al pasado, al presente y al futuro de la ciudad.
En palabras de Imbroda, “han pasado 50 años, pero seguimos aquí, comprometidos con nuestra tierra y con nuestras raíces”. Y con una sonrisa, añadió: “Nos volveremos a ver, seguro. Aunque dentro de otros 50 años, quizás no estemos todos... pero el espíritu de La Salle, sin duda, seguirá aquí”.








Quevdo e Imbroda centrifugando su imagen mientras reciben a Martín Cabrero ( otro vago General, el militar con más contenciosos perdidos de la historia de la OTAN gracias a su soberbia, dictadura y prontos sin sinsentido) y Alcoba (el vende chanclas mejor subvencionado del planeta tierra). Menuda estampa!! Q alegría no haber compartido ni patio con ésta gentecilla. Ya se podía haber caído el techo del dorado salón PPOR justicia.