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Inicio » Editorial

Solidaridad que cayó en el olvido

por Redacción El Faro
11/08/2014 09:51 CEST

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Ocurrió hace algo más de dos años. El lunes 9 de julio de 2012, un accidente de autobús en Nador sacudió a varias familias melillenses.

Una de ellas, la Nayat Assaidi, sufrió uno de los golpes más fuertes. Miriam, su hija pequeña, una niña de sólo 4 años, fue una de las trece víctimas mortales. Entre las fallecidas también estaban dos primas de la pequeña. Las tres están ahora enterradas juntas en Marruecos.
Nuria, la hija mediana de Nayat, sufrió diversas heridas de las que se recuperó tras pasar por el hospital. Su primogénita, Sofía, también sobrevivió, pero el destino quiso que aquel accidente le dejara una cicatriz física imborrable: Perdió su brazo izquierdo.
El mazazo que sufrió esta familia hizo que en Melilla surgieran espontáneas muestras de solidaridad. Un ciudadano les cedió el uso de una casa en la que han estado viviendo hasta que Nayat fue contratada a principios de 2014 en los planes de empleo y decidió alquilar con sus propios recursos una pequeña casa de una sola habitación en el Barrio Hebreo. Hoy sus ingresos mensuales no superan los 300 euros que recibe por una minusvalía. Y por si fuera poco, esta mujer está divorciada y su ex marido no cumple con sus obligaciones económicas.
Hace dos años, tras el accidente en Nador, la situación de Nayat y su familia era desesperada, pero hoy no los es menos. El dolor por la muerte de la pequeña de cuatro años no ha desaparecido. Sus dificultades financieras no han hecho más que aumentar. Sus dos hijas no ha conseguido superar aún la pérdida de su hermana pequeña. A Sofía, su primogénita, no puede comprarle ni el más básico brazo ortopédico para disimular su minusvalía. Uno biónico, capaz de realizar movimientos voluntarios, es un sueño impensable para esta mujer.
Tras aquel accidente del 9 de julio de 2012 surgieron muchas muestras de solidaridad hacia esta mujer. Algunas se materializaron, otras no pasaron de ser promesas lanzadas al aire que hoy, dos años después, es necesario que sus autores empiecen ya a hacerlas realidad.

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