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2025: la odisea de un arrendatario en Melilla

Alquilar un piso en la ciudad autónoma se ha convertido en una misión casi imposible para el común de los mortales; uno de ellos cuenta a El Faro su espinoso proceso

por Marco A. Rodríguez
21/05/2025 12:21 CEST
2025: la odisea de un arrendatario en Melilla

Una vivienda en alquiler cerca del Parque Hernández. / SARAY ACERO


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Cada vez se prodigan más, por cualquier rincón del planeta, las carreras de obstáculos de distinta índole. Iron Man, Ultramaratones, Ultratrails en las zonas más exóticas del mundo... Una terminología que ya se ha instalado en nuestro vocabulario. Todas, o buena parte de ellas, de extrema dificultad. Pues bien, no se descarta que pudiera tener un pequeño apartado en este ‘gremio’ para valientes la carrera de cualquier arrendatario en Melilla en su propósito de encontrar una vivienda digna donde poder vivir el tiempo que permanezca empleado en la ciudad autónoma. Uno de ellos, que ha comenzado a trabajar hace escasos días en nuestra ciudad, relata a El Faro el inacabable trasiego de impotencia, incomprensión y obstáculos encontrados en un camino demasiado tenebroso, extenso y trabado pese a tratarse de un trámite que no debería complicarse hasta la extenuación. Él prefiere guardar el anonimato y el de las personas con las que contactó en esta ardua tarea, pero su testimonio es clarificador respecto a lo que han sufrido y están sufriendo aquellos que iniciaron esta aventura sin cumplir con el cien por cien de los deseos de propietarios e inmobiliarias.

Un problema social que se extiende al resto de la geografía española. No es algo puntual ni exclusivo de Melilla, aunque hay ciertas características de este destino que conllevan más piedras en dicho camino. Por ejemplo, el hecho de no ser funcionario. Mal asunto ese en una localidad fuertemente impregnada en su padrón de esa condición funcionarial. Si trabajas para alguna institución tienes el cielo abierto, en caso contrario, prepárate para un infierno de desconfianza que emana desde el otro lado del teléfono. "Necesita una nómina”, “¿eres funcionario?”, es la frase que el protagonista de esta historia, llamémosle ‘X’, reitera hasta la saciedad haber escuchado.

‘X’ comenta que se preguntaba una y otra vez cómo es posible tener una nómina cuando todavía no ha puesto un pie en su nueva empresa. Intenta convencer a sus interlocutores, ya sean agentes inmobiliarios o propietarios de las viviendas en alquiler, de que posee un certificado de la dirección de su nuevo destino profesional acreditando que ha sido contratado, que es cuestión de esperar un mes hasta poder mostrar dicha nómina y dar por cerrado el asunto. A algunos, continúa ‘X’, ni siquiera les vale con un avalista. Incluso tiene que pedir un favor a su amigo Antonio, junto a Marina una de las dos únicas personas que conoce en Melilla antes de atracar el ferry, para que se acerque a una preceptiva visita al domicilio, ya que sin ese requisito el proceso no verá la luz.

Cuestión de solvencia

El punto álgido de la impotencia aparece cuando, en aras a una mayor demostración de solvencia y poderío económico ‘X’ envía digitalizada la última nómina recibida en la empresa de la que fue despedido seis meses atrás, que incluye el finiquito y la indemnización, una cantidad a tener en cuenta pues eran 21 años de dedicación antes de la abrupta ruptura de la relación laboral. “Con ese dinero que te reflejo ahí se pueden pagar unos 15 años del alquiler de la casa”, le espeta ‘X’ a uno de tantos interlocutores con escasa amplitud de miras. “Si es que ese dinero te lo puedes haber gastado ya”, le contestan dejándolo abrumado. Nos explica el protagonista de esta historia que él no lleva la vida humilde de una monja de clausura, pero tampoco tiene el tren de vida del icono deportivo LeBron James o el de una megaestrella de Hollywood como Leonardo Dicaprio.

Anuncios erróneos

Este último episodio de la sinrazón viene acompañado de numerosos obstáculos en este duro periplo arrendador. Por citar ejemplos, muchos de los anuncios que se inspeccionan en webs bastante conocidas como Idealista.com o Fotocasa no están actualizados, en ocasiones los teléfonos que allí aparecen no coinciden con los que deben aparecer, etc. “Estoy cansado de que me llamen a este número. Yo no alquilo ninguna casa”, le escribían por Whatsapp al paciente buscador. Una desactualización que provoca que la víctima esté interesada en viviendas que ya han sido alquiladas o que han pasado de la modalidad del arrendamiento a la de venta. “Esta casa está vendida ya hace tiempo, lo he dicho ya muchas veces”, le insisten. Y todo eso va mermando la esperanza de un final feliz, la paciencia del futuro arrendatario, que siempre lleva las de perder. Las hojas del calendario van pasando inexorables y la soga cada vez anuda con más fuerza al cuello sin que se atisbe solución.

Porque los requisitos son a veces insuperables. La oferta es escasa, por ende los precios se encaminan a las nubes, y encima las trabas que anteponen arrendadores y sus agentes sitúan la escena en algo así como una misión casi imposible. Especialmente para aquellos que no tienen la condición de empleados públicos. Algunos anuncios ya ni se cortan y recogen con rotundidad una especie de mantra que dice “abstenerse no funcionarios”. Segregacionismo puro y duro. Se supone que la consecución de un avalista puede ayudar a convencer al arrendador, pero no siempre se cumple esta premisa.

‘X’ recuerda que, por suerte, acuciado ya por la pregunta desde su nueva firma sobre su incorporación, vio la luz porque tuvo que plegarse a las exigencias del dueño de la vivienda que más le interesaba, trasladadas por su agente, es decir, pagarle por anticipado cuatro meses. “Y has tenido suerte porque hemos visto cosas peores, que te pidan seis meses mínimo o incluso un año. Hemos visto de todo”, le razonan desde la inmobiliaria.

Adiós a aquello de un mes de fianza y otro por adelantado, todo un clásico del sector. Las tornas han cambiado. Y a peor. Así que a tirar de billetera para poder abrir esa puerta y una vez dentro seguir gastando porque no todas las casas tienen muebles, electrodomésticos y utensilios como para entrar a vivir con plenas garantías. Al menos, una vez girada la llave, el problema ya pertenece al pasado y solo queda mirar al futuro. El consejo de El Faro para el señor ‘X’: convertirse en funcionario. Aunque ya sea tarde.

Un problema nacional agravado en suelo melillense

El Rastro, el Tesorillo, el Centro, el Real, La Victoria... Da igual donde se dirijan las miradas porque las constantes vitales permanecen inalteradas hacia la frustración del arrendatario. Un problema recurrente en toda España en los últimos tiempos y que se recrudece en Melilla -al menos de forma comparativa-, donde un 97% de los encuestados considera excesivos los precios, como publicó este diario a finales de abril. Es evidente que no puede rivalizar con Madrid o Barcelona, por citar algunas grandes ciudades y donde el precio medio del alquiler supera los 1.000 euros. Esa misma información destaca que más del 60% de los consultados paga entre 500 y 700 euros al mes por viviendas que distan mucho de ser palacios. Y si buscas amplitud o más habitaciones el listón puede superar los 1.000 euros. En ese mencionado mes de abril de 2025 el precio medio del alquiler melillense alcanzó los 753 euros, como recientemente publicó El Faro, un 3,2% más respecto al primer trimestre del año anterior. Son ya cuatro trimestres consecutivos de subidas y no parece que estos datos vayan a estancarse y mucho menos frenar.

Tags: activas melillaalquilerMelillaprecioVviendas

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