Editorial

Una barbaridad con todas las letras

La ex ministra de Vivienda del Gobierno en la época de José Luis Rodríguez Zapatero, María Antonia Trujillo, ha tenido un desliz enorme durante su participación en el congreso ‘Las relaciones entre Marruecos y España: ayer y hoy’, organizado por la Universidad Abdelmalek Essaadi de Tetuán y que fue inaugurado precisamente por el ex presidente.

Allí dijo cosas como que Ceuta, Melilla y los peñones suponen una afrenta a la integridad territorial de Marruecos y que son vestigios del pasado que interfieren en la independencia económica de ese país y en sus buenas relaciones con España. No contenta con ello, añadió que “el peso de los argumentos históricos y jurídicos a favor de la españolidad de esos territorios cede ante el devenir de los hechos que reclaman una respuesta política, ética, razonable y aceptable para ambos países mediante un diálogo abierto y sincero”.

El rechazo que han producido estas declaraciones en Melilla ha sido bien grande, como era previsible. El Gobierno de la Ciudad Autónoma -por medio de su presidente, Eduardo de Castro-, el Partido Popular, Coalición por Melilla, Unidas Podemos e incluso el PSOE han clamado contra tan inaceptables justificaciones. También los empresarios se han hecho oír en este sentido y los ciudadanos, tanto en las redes sociales como en sus comentarios en la página web de El Faro, han dejado claro que las declaraciones de Trujillo están fuera de lugar. Se ha llegado a oír que deberían echarla del partido. Y es que, como se diría en el argot popular, ha meado fuera de tiesto.

Alguien debería recordarle a esta señora que Melilla –al igual que Ceuta y los peñones- forma parte de España desde hace más de quinientos años, casi cinco siglos antes de que Marruecos se constituyera como Estado.

Además, bastaría que se pasara por la ciudad para ver, con sus propios ojos, que ningún ciudadano local –ni siquiera aquéllos que profesan la religión musulmana- quiere formar parte de Marruecos. Comprobaría de esa manera que todos sus habitantes son tan españoles como el que más y que sienten un gran orgullo de serlo, al mismo nivel -o puede que más- que quienes habitan en la península o en las islas.

Así que, si no le valen las razones históricas, podría pasarse por Melilla, a ver si así comprende que lo que dijo es una barbaridad con todas las letras.

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