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Un millar de parados con empleo

EL Servicio de Empleo Público Estatal ha comenzado a enviar las primeras cartas a los seleccionados para el nuevo Plan de Empleo que comenzará antes de que finalice el año. Son algo más de un millar de personas que dejarán las listas del paro para incorporarse al grupo de ciudadanos en edad de trabajar que cuentan con una ocupación remunerada. Sin embargo, la ilusión sólo durará seis meses. Después todos ellos volverán a tener que sellar periódicamente la cartilla del paro.
Los Planes de Empleo, desde su puesta en funcionamiento, no han sido más que un sistema para recudir de manera artificial y temporal el desempleo en nuestra ciudad. Carecen de capacidad para consolidar por sí mismos los puestos de trabajo. Cumplen una importante función social al distribuir sueldos entre una parte importante de la población que de otra manera carecería de ingresos para vivir con dignidad. Pero no es suficiente para una ciudad que quiere prosperar.
La Administración, con independencia de su nivel de actuación, no tiene capacidad para generar riqueza. Su función consiste en tratar de paliar los desequilibrios para proteger a las capas más débiles de la sociedad y en permitir que los ciudadanos con capacidad para generar riqueza, los emprendedores, cuenten con un entorno favorable para poner en funcionamiento sus iniciativas. Sirve de muy poco que la Administración actúe como gran empleador. Hace tiempo que distintos sectores  económicos locales vienen haciendo este planteamiento. La respuesta por parte del Ejecutivo melillense ha sido contar con los empresarios y dejar de buscar soluciones empezando a construir la casa por el tejado. La contratación de mano de obra no tiene sentido si no se va a utilizar para una tarea productiva. Es tan absurdo como adquirir materia prima que no se va a utilizar en elaboración de ningún producto o como comprar manufacturas que son totalmente inútiles. Esta clase de comportamientos económicamente carentes de sentido sólo tienen razón de ser en casos de emergencia, ante situaciones que necesitan una actuación inmediata para evitar males mayores. Son, a lo sumo, un calmante, pero Melilla no puede quedar en manos de un anestesista o de un experto en la lucha contra el dolor si realmente queremos conseguir que la enfermedad desaparezca.

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