Categorías: Sociedad

Un espacio donde tejer amistades

Melilla Acoge organiza un taller de costura para mujeres de la entidad.

Con la llegada del invierno, qué bien se está sentado en un sofá con una mesa camilla y un brasero que caliente los pies. Y mientras, los ovillos de lana desenrollándose mientras se teje un chaleco, una rebeca o una bufanda para los niños de la casa. Esto pensaron los voluntarios de la ONG Melilla Acoge cuando montaron un taller de costura. Mientras que los pequeños están en la clase de refuerzo, las madres se pueden sentar alrededor de esta mesa y aprender a confeccionarse prendas de lana.
La ONG les proporciona las agujas y los ovillos de colores y entre ellas, se van enseñando a hacer los puntos y medios puntos. Pero es mucho más que una actividad de ocio. El objetivo es que ‘tejan’ relaciones de amistad. Así lo destaca la coordinadora de la ONG, Isabel Torrente, a El Faro. Con la excusa de hacer una bufanda, las mujeres se sientan juntas, comparten un rato de charla, intercambian experiencias y comienzan a estar más integradas en un grupo.
El taller les permite ir tejiendo sus relaciones sociales y conocer a otras familias que están en su misma situación. Además, están aprendiendo a hacerse prendas que ropa que ya no tendrán que comprar en una tienda, un ahorro que para muchas de ellas es imprescindible porque tienen recursos económicos muy escasos y no llegan a fin de mes.
Melilla Acoge compró varias madejas de lana y varios pares de agujas. Pero con el ‘boca a boca’, el taller comenzó a llenarse y tuvieron que comprar aún más materiales para estas alumnas.

Conocer a través del tacto
El curso de prendas de lana es uno de los ejemplos de cómo se pretende que las mujeres se integren en la sociedad. Hay muchos más, como el de peluquería o el de maquillaje. En estos dos se utiliza el tacto para que las subsaharianas se den cuenta de cómo es la piel de una bereber o las argelinas toquen el grosor del pelo de las senegalesas. Muchas de estas mujeres son las profesoras de estos programas. Lo que puede parecer un curso banal, cómo pintarse los ojos según los rasgos de la cara, acaba convirtiéndose en una forma de que estas inmigrantes toquen a quien les es desconocido y a través de las manos, aprendan que el color de la piel no les puede llevar a prejuicios. Melilla Acoge combate la discriminación y el miedo con estos talleres.

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