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Vacaciones y pantallas: el reto de desconectar a los niños del móvil durante el verano

El aumento del tiempo libre favorece un mayor uso de teléfonos móviles, tabletas y videojuegos | La supervisión familiar, el establecimiento de límites y la oferta de actividades alternativas son algunas de las claves para fomentar un uso equilibrado de la tecnología

por Tania Chocrón
03/08/2026 11:17 CEST
Vacaciones y pantallas: el reto de desconectar a los niños del móvil durante el verano
El uso de pantallas en niños aumenta en vacaciones
El uso de pantallas en niños aumenta en vacaciones

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Las vacaciones escolares modifican por completo el ritmo de vida de miles de familias. La ausencia de clases, deberes y actividades extraescolares deja paso a jornadas con mayor tiempo libre, horarios más flexibles y una mayor autonomía para niños y adolescentes. En ese nuevo escenario, el uso de teléfonos móviles, tabletas, ordenadores, televisores y videoconsolas suele aumentar de forma considerable, convirtiéndose en uno de los principales desafíos para muchos padres durante el verano.

La tecnología forma parte de la vida cotidiana y ofrece numerosas posibilidades para aprender, comunicarse y entretenerse. Sin embargo, cuando el tiempo que los menores pasan delante de una pantalla desplaza otras actividades como el deporte, la lectura, el juego al aire libre o la convivencia familiar, aparecen las primeras preocupaciones. El verano, precisamente por contar con más horas disponibles, se convierte en un momento idóneo para reflexionar sobre cómo utilizar estos dispositivos de forma equilibrada.

Las vacaciones cambian los hábitos diarios

Durante el curso escolar, la rutina marca el ritmo de cada jornada. Las horas de clase, el tiempo dedicado al estudio y las actividades deportivas o culturales limitan de forma natural el tiempo que los menores pueden dedicar al ocio digital. Sin embargo, con la llegada de las vacaciones esa organización desaparece y son muchas las familias que reconocen que el uso de las pantallas aumenta de manera notable.

El teléfono móvil suele convertirse en la primera opción para combatir el aburrimiento. A ello se suma el acceso prácticamente permanente a internet, la facilidad para consumir vídeos o jugar en línea y la posibilidad de mantener contacto constante con amigos mediante aplicaciones de mensajería o redes sociales.

En algunos hogares, además, las obligaciones laborales de los padres dificultan la supervisión continua, por lo que los dispositivos electrónicos terminan ocupando una parte importante del tiempo libre de los menores.

Aunque no todos los niños hacen el mismo uso de la tecnología, sí es habitual que durante las vacaciones se relajen algunas normas que permanecían vigentes durante el curso, como los horarios de utilización o las limitaciones antes de dormir.

María, madre de dos niños de 8 y 11 años, reconoce que encontrar un equilibrio no siempre resulta sencillo: "Durante el curso tienen menos tiempo porque entre el colegio y las actividades apenas usan el móvil. En vacaciones intentamos que lo utilicen solo un rato por la tarde y el resto del día buscamos planes para hacer juntos. Hay días en los que cuesta mucho que dejen el teléfono, pero cuando conseguimos salir a pasear, ir a la playa o jugar en familia se olvidan completamente de él."

Como ella, muchas familias coinciden en que la clave está en ofrecer alternativas atractivas para que el móvil deje de ser el único recurso de entretenimiento.

Las redes sociales ocupan cada vez más tiempo

Más allá de los videojuegos o las plataformas de vídeo, uno de los aspectos que más preocupa a padres y educadores es el creciente uso de las redes sociales entre niños y adolescentes.

Durante el verano, el incremento del tiempo libre favorece que muchos menores pasen más horas consultando publicaciones, compartiendo fotografías, viendo vídeos cortos o manteniendo conversaciones a través de distintas aplicaciones.

El acceso temprano a estas plataformas plantea interrogantes sobre el grado de supervisión que reciben los menores. En muchos casos, los padres desconocen qué contenidos consumen sus hijos, con quién interactúan o cuánto tiempo permanecen conectados cada día.

La supervisión, no obstante, no implica revisar constantemente el teléfono móvil. Los especialistas coinciden en que resulta más eficaz mantener un diálogo abierto y conocer las aplicaciones que utilizan los menores para poder orientarles cuando sea necesario.

Hablar de privacidad, explicar los riesgos de compartir información personal o enseñar a identificar comportamientos inadecuados en internet son algunas de las recomendaciones que con mayor frecuencia trasladan los expertos en educación digital.

José, padre de una adolescente de 14 años, considera que prohibir no siempre es la solución: "Sabemos que utiliza redes sociales porque hoy forman parte de la manera en que se relacionan los adolescentes. Lo importante es que conozcamos qué aplicaciones usa y que tenga la confianza suficiente para contarnos cualquier cosa que le resulte extraña. Intentamos hablar mucho con ella y poner normas claras sobre los horarios, pero también creemos que la educación digital pasa por enseñar y no solo por controlar".

Su experiencia refleja una realidad cada vez más habitual en los hogares, donde el diálogo se convierte en una herramienta tan importante como los propios límites.

Crear rutinas ayuda a reducir el uso excesivo

Especialistas en educación y familias coinciden en que uno de los errores más frecuentes durante las vacaciones consiste en eliminar completamente los horarios relacionados con el uso de las pantallas. Aunque el verano invita a una mayor flexibilidad, disponer de unas normas básicas puede ayudar a mantener un equilibrio entre el ocio digital y el resto de actividades.

Establecer un tiempo determinado para utilizar teléfonos móviles, tabletas o videoconsolas permite que los dispositivos formen parte del entretenimiento sin monopolizar toda la jornada. Del mismo modo, reservar determinados momentos, como las comidas o el tiempo previo a acostarse, como espacios libres de pantallas favorece la conversación familiar y contribuye a mejorar la calidad del descanso.

Los expertos también recomiendan que los adultos conozcan las aplicaciones que utilizan sus hijos y mantengan conversaciones frecuentes sobre privacidad, seguridad y comportamiento responsable en internet. El objetivo no es ejercer un control permanente, sino ayudar a que los menores desarrollen criterios propios para desenvolverse en el entorno digital.

Igualmente importante es ofrecer alternativas de ocio que resulten atractivas. Practicar deporte, acudir a la playa o la piscina, realizar excursiones, leer, cocinar en familia o participar en actividades culturales son opciones que ayudan a reducir de forma natural el tiempo dedicado a las pantallas.

Además, las normas deben adaptarse siempre a la edad y al grado de madurez de cada niño o adolescente. No todos hacen el mismo uso de la tecnología ni requieren el mismo nivel de supervisión, por lo que la flexibilidad y el diálogo siguen siendo elementos esenciales para lograr un equilibrio.

El ejemplo de los adultos también marca la diferencia

Más allá de las normas que se establezcan en casa, los especialistas recuerdan que los menores aprenden, en gran medida, observando el comportamiento de los adultos. Si los padres o cuidadores consultan constantemente el teléfono móvil durante las comidas, las conversaciones o las actividades familiares, resulta más difícil transmitir la importancia de limitar el uso de los dispositivos electrónicos.

Por ello, cada vez son más las familias que intentan crear espacios libres de pantallas, reservando determinados momentos del día para conversar, jugar o realizar actividades juntos sin la presencia de teléfonos móviles o tabletas. Estas pequeñas rutinas contribuyen a fortalecer la convivencia y ayudan a que los niños comprendan que la tecnología es una herramienta útil, pero no imprescindible en todo momento.

Los expertos destacan que el ejemplo cotidiano tiene un impacto mayor que cualquier prohibición. Cuando los adultos también reducen el tiempo que pasan frente a una pantalla, los menores suelen aceptar con mayor naturalidad los límites establecidos.

Carmen, abuela de tres nietos de entre 6 y 12 años, asegura que procura aprovechar el verano para recuperar actividades tradicionales:"Cuando vienen a casa intento que dejen el móvil sobre la mesa. Jugamos a las cartas, hacemos puzles, cocinamos juntos o salimos a pasear. Al principio preguntan varias veces por el teléfono, pero al cabo de un rato ya ni se acuerdan de él. Creo que los mayores también tenemos que dar ejemplo porque si nosotros estamos todo el día mirando una pantalla, ellos terminan haciendo exactamente lo mismo".

Su experiencia demuestra que muchas veces basta con ofrecer alternativas sencillas para que los menores cambien el teléfono móvil por otras formas de entretenimiento.

Recuperar el juego y las actividades al aire libre

El verano ofrece numerosas posibilidades para disfrutar del tiempo libre lejos de las pantallas. Las vacaciones permiten organizar excursiones, acudir a la playa o a la piscina, realizar rutas por la naturaleza, practicar deporte, visitar museos, leer, hacer manualidades o participar en campamentos y actividades organizadas.

Todas estas propuestas favorecen el desarrollo físico, estimulan la creatividad y permiten que niños y adolescentes refuercen sus habilidades sociales mediante el contacto directo con otras personas.

Los educadores recuerdan que el aburrimiento no siempre tiene un significado negativo. Disponer de momentos en los que los menores tengan que buscar por sí mismos una forma de entretenerse puede favorecer su imaginación y autonomía, en lugar de recurrir automáticamente a una pantalla cada vez que no tienen una actividad programada.

Asimismo, las actividades compartidas con familiares o amigos ayudan a crear recuerdos que difícilmente pueden sustituirse por el entretenimiento digital.

Encontrar un equilibrio entre el ocio digital y el presencial

Los dispositivos electrónicos forman parte de la realidad actual y desempeñan un papel importante tanto en el aprendizaje como en la comunicación. Por ello, los especialistas insisten en que el objetivo no debe ser eliminar la tecnología de la vida de los menores, sino enseñarles a utilizarla de forma responsable.

El verano puede convertirse en una oportunidad para que niños y adolescentes aprendan a gestionar su tiempo de ocio combinando el uso de la tecnología con otras actividades igualmente enriquecedoras. La clave reside en que el teléfono móvil, la tableta o la videoconsola sean una opción más y no la única forma de entretenimiento.

Para lograr ese equilibrio resulta esencial mantener una comunicación fluida dentro de la familia, adaptar las normas a la edad de cada menor y revisar periódicamente si los hábitos tecnológicos siguen siendo adecuados.

La educación digital empieza en casa

La educación digital va mucho más allá de controlar el tiempo de uso de un dispositivo. También implica enseñar a los menores a utilizar internet con responsabilidad, respetar la privacidad propia y ajena, identificar posibles riesgos y desarrollar un pensamiento crítico ante los contenidos que consumen.

Las conversaciones cotidianas sobre redes sociales, videojuegos o aplicaciones pueden convertirse en una herramienta muy útil para conocer las inquietudes de los hijos y acompañarlos en su aprendizaje.

Especialistas en educación recuerdan que prohibir determinadas aplicaciones sin ofrecer explicaciones suele generar el efecto contrario al deseado. En cambio, explicar los motivos de las normas y mantener un diálogo constante favorece que los menores comprendan la importancia de hacer un uso responsable de la tecnología.

David, monitor de actividades de verano, observa cada año cómo cambia la actitud de muchos niños cuando encuentran propuestas diferentes: "Muchos llegan pendientes del teléfono móvil y preguntan continuamente cuándo podrán utilizarlo. Sin embargo, cuando empiezan los juegos en grupo, las competiciones deportivas o las excursiones, el móvil pasa a un segundo plano. La tecnología no es el enemigo; el problema aparece cuando sustituye completamente al deporte, a los amigos o al tiempo en familia. Los niños necesitan descubrir que existen muchas maneras de divertirse".

Su experiencia confirma que la mayoría de los menores responde positivamente cuando dispone de alternativas atractivas y de espacios donde compartir tiempo con otros niños.

Un reto compartido por las familias

Cada familia vive una realidad diferente y no existe una fórmula única para gestionar el uso de las pantallas durante las vacaciones. Factores como la edad de los menores, la jornada laboral de los padres o las posibilidades de realizar actividades al aire libre influyen en la organización de cada hogar.

No obstante, especialistas y educadores coinciden en que establecer horarios razonables, supervisar el uso de las redes sociales, fomentar la comunicación y ofrecer alternativas de ocio constituyen algunas de las herramientas más eficaces para evitar que los dispositivos electrónicos ocupen un lugar excesivo en el día a día.

Las vacaciones representan, además, una oportunidad para reforzar hábitos que pueden mantenerse durante el resto del año. Crear espacios libres de pantallas, compartir actividades en familia y enseñar a utilizar la tecnología con responsabilidad son aprendizajes que trascienden el periodo estival y contribuyen al desarrollo de una relación más saludable con el mundo digital.

En un contexto en el que los teléfonos móviles, las tabletas y las redes sociales forman parte de la vida cotidiana desde edades cada vez más tempranas, el principal desafío no consiste en impedir el acceso a la tecnología, sino en enseñar a convivir con ella de manera equilibrada. Encontrar ese punto intermedio permitirá que los menores disfruten de las ventajas que ofrecen las herramientas digitales sin renunciar a otras experiencias fundamentales para su crecimiento, como el juego, el deporte, la convivencia familiar y el contacto directo con su entorno.

Tags: Noticias de Melilla

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