El 17 de septiembre no se celebra igual en todas las casas melillenses. Hay quien empieza el día temprano y quien no aparece por la calle hasta la tarde. Familias que se reúnen alrededor de una mesa. Amigos que quedan para tomar algo. Niños que esperan cualquier excusa para salir. Y también quienes aprovechan el festivo para descansar.
Pero hay algo que tienen en común. Es un día para sentirse orgulloso de ser melillense.
En Melilla, el 17S se vive mucho en compañía según comentan a El faro. La familia tiene un papel importante. Algunos aprovechan el festivo para organizar una comida y juntarse con padres, hermanos, hijos o abuelos. Una sobremesa larga, de esas que empiezan después de comer y se sabe cuándo empiezan, pero no cuándo terminan.
Otros según nos cuentan prefieren quedar con los amigos. Un café por la mañana. Una cerveza. Un paseo. Y después ya se verá. El 17S permite hacer planes sobre la marcha. No hace falta tener toda la jornada organizada. Basta con salir y encontrarse con alguien conocido. Porque ese es otro de los clásicos de este día. Los reencuentros.
Personas que durante el año apenas coinciden aprovechan el festivo para verse. Antiguos compañeros, amigos que viven fuera y han regresado unos días, familiares que trabajan durante buena parte de la semana. La fiesta sirve también para recuperar ese tiempo que durante el resto del año falta.
Y están las familias con niños. Para ellos, el 17S es una jornada para salir juntos. Muchos empiezan el día con un paseo y buscan después algún plan que mantenga entretenidos a los pequeños. Los padres, mientras tanto, intentan hacer lo mismo que cualquier otro día festivo. Disfrutar sin prisas.
La playa también aparece entre los planes de algunos melillenses. Siempre hay quien aprovecha la mañana de los últimos días de verano para darse un baño, sentarse junto al mar o simplemente pasar un rato al aire libre. No hace falta hacer mucho. Una toalla, algo para comer y unas horas sin mirar el reloj.
Otros optan por conocer de cerca una de las visitas que ofrece la ciudad durante estos días. El buque ‘Tornado’ despierta curiosidad, especialmente entre quienes quieren enseñar a los niños cómo es por dentro un barco de la Armada. Para muchos será una visita diferente a las habituales.
Y después, a comer. El 17S también se disfruta con el estómago. Hay quienes mantienen la tradición de comer en casa, con un menú preparado para la ocasión. Otros salen a restaurantes o buscan algo más informal. Una comida con amigos, una mesa grande y sobremesa. Porque si hay algo que saben hacer los melillenses es alargar una conversación cuando no hay que volver al trabajo.
También hay quienes aprovechan el día para darse un pequeño capricho. Comer algo que normalmente no comen. Tomarse un helado. Sentarse en una terraza. Dar una vuelta por el centro. Comprar alguna cosa. Son planes pequeños, pero forman parte de la fiesta tanto como los grandes acontecimientos.
La tarde cambia el ritmo. Después de comer y descansar un rato, muchos vuelven a salir. Las calles se llenan poco a poco. Se queda con los amigos. Se busca una terraza. Se pasea. Y empiezan las conversaciones sobre qué hacer por la noche.
Porque el 17S tiene una segunda vida cuando cae el sol. Algunos esperan al acto institucional y los fuegos artificiales. Otros tienen claro que su noche pasa por la música. Y también están quienes prefieren una cena tranquila antes de volver a casa.
Los jóvenes, por su parte, suelen concentrar sus planes en la tarde y la noche. Quedar con la pandilla, cenar juntos y buscar después dónde continuar la celebración. Sin demasiada planificación. Un mensaje en el móvil y listo.
También habrá melillenses que trabajen. Para ellos será un día festivo a medias. Y otros que aprovecharán precisamente para hacer algo que durante el resto del año cuesta más. Quedarse en casa, dormir un poco más y desconectar.
Porque celebrar también puede ser eso. No hacer nada.
El 17S, al final, no tiene un único guion. Para unos empieza con un desayuno tranquilo y termina viendo los fuegos. Para otros pasa por una comida familiar. Para otros, por una tarde entre amigos. Y para algunos será simplemente un día para pasear por una ciudad que, durante unas horas, se siente algo más suya.
Hay planes grandes y planes pequeños. Pero la esencia es parecida. Salir, encontrarse y compartir.
Y cuando llegue la noche, cada melillense habrá celebrado el 17S a su manera. Algunos con una mesa llena. Otros con amigos. Otros frente al mar. Otros escuchando música.
Y alguno, seguramente, habrá terminado diciendo lo mismo de todos los años. "Mañana ya veremos".








