La lluvia estuvo a punto de impedir este domingo la celebración de una de las citas religiosas más importantes del calendario católico en Melilla. Durante toda la mañana, las miradas estuvieron puestas en el cielo y la incertidumbre marcó las horas previas a la salida de la procesión del Corpus Christi. Finalmente, el Santísimo Sacramento recorrió las calles del centro de la ciudad acompañado por cientos de fieles que decidieron desafiar al mal tiempo para mantener viva una tradición con siglos de historia.
A las once de la mañana todavía no estaba claro si la procesión podría celebrarse. Las previsiones meteorológicas no eran favorables y la lluvia aparecía y desaparecía de forma intermitente. Ante esta situación, el vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa, anunció la decisión de salir a la calle, aunque adaptando el recorrido a las circunstancias.
"Vamos a intentar hacerla incluso un poco más corta la procesión, pero vamos a salir", explicó. Resa reconoció que suspender el acto habría supuesto un duro golpe para los fieles. "Yo sé que suspenderla era un poco trágico", señaló antes de animar a los asistentes a acompañar al Señor "para que bendiga nuestras calles".
Las condiciones meteorológicas también provocaron cambios en el acompañamiento musical. La Banda de Música Ciudad de Melilla decidió no participar en el recorrido para evitar posibles daños en unos instrumentos especialmente sensibles a la lluvia. Sin embargo, la Agrupación Musical Jesús Cautivo sí acudió a la cita y, mientras se esperaba la decisión definitiva sobre la salida, interpretó las marchas La Esperanza de María y A la Gloria a las puertas de la parroquia del Sagrado Corazón.
Poco después comenzó la procesión. El Santísimo abandonó el templo y emprendió un recorrido que se desarrolló con mayor rapidez de la habitual debido a la amenaza constante de las precipitaciones.
Uno de los aspectos más llamativos de la jornada fue la presencia de decenas de niños vestidos con sus trajes de Primera Comunión. Muchos de ellos encabezaron el cortejo lanzando pétalos de flores al paso de la Custodia. La imagen de los pequeños caminando mientras sus familiares trataban de protegerlos con paraguas dejó algunas de las escenas más entrañables de la mañana.
La primera parada tuvo lugar en la calle Castelar, donde la parroquia castrense había preparado uno de los tradicionales altares instalados para la ocasión. Desde allí, la comitiva continuó hasta la plaza Menéndez Pelayo, donde esperaba el altar de la parroquia de San Agustín.
La lluvia comenzó a intensificarse conforme avanzaba la procesión. Fue precisamente a la altura de esta zona cuando muchos de los niños que habían recibido la Primera Comunión abandonaron el recorrido para resguardarse del agua.
El tercer altar se encontraba en la avenida Juan Carlos I, frente al establecimiento Woman's Secret, y fue preparado por la Cofradía del Nazareno. Posteriormente, el Santísimo se detuvo en la esquina de la calle Miguel de Cervantes, donde la Cofradía del Cautivo había dispuesto una nueva estación.
Tras este punto, la procesión continuó por Ejército Español hasta llegar a la última parada, instalada junto al Bar Victoria por las hermandades de gloria: Rocío, Virgen de la Victoria y Divina Pastora. Desde allí emprendió el regreso al Sagrado Corazón para concluir una celebración que, pese a las dificultades, pudo completarse íntegramente.
A lo largo de todo el trayecto fueron numerosos los fieles que acompañaron al Santísimo. Muchos permanecieron en el cortejo hasta el final, sin importarles la lluvia ni las incomodidades derivadas del mal tiempo.
Ya en la escalinata del Sagrado Corazón, Eduardo Resa dirigió unas palabras a los asistentes. Recordó que la comunidad cristiana acababa de recorrer "de un modo apresurado, y a veces con lluvia", las calles de Melilla dando testimonio de su fe. El vicario insistió en la necesidad de unir Eucaristía y caridad y destacó que el amor de Dios tiene cabida para todos.
Durante su intervención también recordó el lema de Cáritas, "Elige el amor, elige comunidad", y citó unas recientes palabras del papa León XIV dirigidas a los jóvenes. "No sois huérfanos o huérfanas, sois amados entrañablemente".
Antes de la bendición final, elevó una oración por la ciudad, sus autoridades, parroquias, movimientos, hermandades y familias, además de tener un recuerdo para los cristianos perseguidos. También expresó el deseo de que Melilla continúe siendo un ejemplo de convivencia entre religiones y culturas.
La lluvia acompañó prácticamente toda la mañana, pero no logró impedir que el Corpus Christi volviera a salir a las calles. Un recorrido más corto y apresurado de lo habitual, sí, pero suficiente para que el Santísimo recibiera el acompañamiento de una ciudad que, una vez más, respondió a la llamada de una de sus tradiciones religiosas más arraigadas.
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