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Subsaharianos expulsados por Marruecos a Rabat regresan al monte Gurugú en bus y tren

por Tania Costa
30/03/2014 11:05 CEST
Subsaharianos expulsados por Marruecos a Rabat regresan   al monte Gurugú en bus y tren

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Piden limosna para pagar los 40 dirhams del autobús hasta Fez y luego, 98 dirhams para subir al tren de Nador

La Gendarmería Rural de Marruecos detuvo el pasado viernes a 200 de los 800 inmigrantes subsaharianos que intentaron saltar ese día la valla de Melilla y los montó en autobuses con destino a Rabat: Sin ropa ni pertenencias personales. Y lo peor, sin curarles los cortes y lesiones provocados por la avalancha, según denunciaron las ONGs que trabajan en Nador.
“Es normal que te lleven a Rabat o a Casablanca. Siempre lo hacen después de un salto a la valla. Eso significa que tienes que volver a empezar”, asegura a El Faro un inmigrante del Centro Temporal de Melilla que pasó por esa experiencia “en varias ocasiones”.
Para volver a las montañas del Gurugú, los subsaharianos piden limosna hasta reunir los 40 dirhams (4 euros) que cuesta el autobús de Rabat a Fez. Y ahí la historia se repite. Tienen que mendigar para conseguir otros 98 dirhams (9,80 euros) para pagar el billete de tren a Nador.
Si en el trayecto se tropiezan con un policía, la única solución es correr. “Casi nunca pasa. Subes al tres o al autobús y regresas a los pocos días al Gurugú”, comenta el inmigrante que no quiere desvelar su nombre.
Este camerunés también asegura que en las montañas de Marruecos no hay mafias ni una organización preestablecida. “Preguntas dónde está el campamento de la gente de tu país y te incorporas”, recalca.
Hasta hace poco más de un mes, cuando él estaba en el monte Gurugú, había cinco grandes campamentos: De Mali, Senegal, Guinea, Costa de Marfil y Camerún. En este último, el suyo, vivían unas 200 personas.
Según ha comentado a El Faro, el campamento de Mali es el más numeroso y el que lleva la voz cantante a la hora de intentar saltar la valla. “Son los más fuertes”, dice.
Las noches de verano no son un problema en el Gurugú. Los difícil es el invierno. “Cuando anochece discutimos alrededor del fuego. Como hay demasiado frío, estamos todos juntos, viendo las luces de Melilla a lo lejos”, subraya.
Consultado por El Faro sobre el motivo por el que eligen vivir en el Gurugú, este inmigrante de Camerún ve la respuestas demasiado obvia: “Porque nadie tiene dinero, el monte es muy grande y está cerca de Melilla”, apunta.

La generosidad marroquí
Los inmigrantes que deciden acampar en el Gurugú, lo hacen porque no tienen dinero para vivir bajo techo. La única manera de subsistir es pidiendo limosna, sobre todo, en los mercados de verduras y pescado de Beni Enzar. “Los marroquíes son muy generosos y nos ayudan con dinero o con comida. Si no fuera por la gente de Marruecos, moriríamos de hambre en las montañas. Gracias a ellos comíamos dos veces al día y alguna vez hasta tres”, afirma el inmigrante camerunés.
Este punto lo confirma Fatima, una mujer marroquí que trabaja en Melilla. “Los mercados de Beni Enzar están llenos de negros heridos, con muletas y pidiendo limosna. Pobre gente. Siempre les doy algo”, afirma compadeciéndose de la miseria ajena.

Las redadas
Marruecos ‘recoge’ a 200 inmigrantes y los lleva a Rabat
La Gendarmería Rural marroquí detuvo el pasado viernes a 200 inmigrantes de los 800 que intentaron asaltar la valla de Melilla y los montó en un autobús con destino a Rabat, abandonados a su suerte.
Las limosnas
En el Gurugú comen gracias a la generosidad  marroquí
Los inmigrantes que acampan en el Gurugú sobreviven pidiendo limosna en los mercados de Beni Enzar. Gracias a la generosidad marroquí consiguen dinero para comer y regresar de Rabat al monte.
El trayecto desde Rabat
En autobús hasta Fez y de ahí, en tren a Nador
Los subsaharianos abandonados por Marruecos en Rabat regresan al Gurugú en autobús (hasta Fez) y en tren (hasta Nador). El dinero para comprar los billetes lo consiguen mendigando.

 

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