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Septiembre volverá a llenar de música y danza la Escuela Municipal "Pilar Muñoz González"

Seis profesionales cualificados atienden a más de 750 alumnos en una escuela que aún dispone de algunas plazas vacantes

Por Redacción El Faro
17/09/2026 10:00 CEST
Septiembre volverá a llenar de música y danza la Escuela Municipal "Pilar Muñoz González"

Coreografía de Danza Clásica en el Festival de fin de curso 2026. -Cedida por Nieto-

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Hay lugares en los que septiembre no significa solamente el final del verano. En la Escuela Municipal de Música y Danza "Pilar Muñoz González", septiembre tiene el sonido particular de las primeras notas, el eco de los pasos sobre el suelo de las aulas y la expectación de quienes regresan preguntando qué vendrá después. Los grupos vuelven a ocupar sus horarios, los profesores comienzan a ajustar el trabajo de cada curso y los alumnos recuperan una rutina que, para muchos, forma ya parte de su vida. El martes 22 de septiembre comienza oficialmente un nuevo curso en una escuela que afronta esta nueva etapa con más de 750 alumnos y seis profesionales al frente de una actividad que combina formación artística, disciplina, convivencia y, sobre todo, muchas horas de trabajo.

Nuria Nieto, directora del centro, conoce bien esa sensación que acompaña cada comienzo. Para ella, los primeros días no son únicamente una cuestión de poner en marcha los horarios, sino el momento en el que empieza a tomar forma el proyecto que se desarrollará durante los meses siguientes. "Nos enfrentamos a un nuevo curso siempre con muchísima ilusión, muchísimas ganas, porque nos encanta nuestro trabajo y tenemos la gran suerte de trabajar en lo que más nos gusta", explica. Hay en sus palabras una mezcla de entusiasmo y experiencia: la de quien sabe que cada curso plantea nuevas circunstancias, pero también que existe una estructura consolidada sobre la que empezar a construir.

Porque la escuela reúne a alumnos de edades muy diferentes. En música se puede comenzar con apenas cuatro años y en danza a partir de los seis, pero el aprendizaje no termina al llegar a la adolescencia ni mucho menos. No existe una edad límite y entre sus alumnos hay personas que continúan formándose incluso con más de setenta años. Esa amplitud se refleja también en la organización de las tardes. Los pequeños suelen ocupar las primeras horas, mientras que los grupos de mayor edad van tomando el relevo conforme avanza la jornada. La mayoría de los alumnos acude dos días por semana, normalmente en combinaciones de lunes y miércoles o martes y jueves, de manera que las aulas mantienen durante toda la tarde un movimiento constante de entradas y salidas.

El curso que ahora comienza lleva, en realidad, varios meses preparándose. La incorporación de nuevos alumnos se inicia en mayo, cuando la escuela abre aproximadamente entre los días 1 y 15 el plazo general para presentar las solicitudes. Las instancias pueden realizarse también a través de la sede electrónica y, una vez recibidas, comienza un proceso interno de organización en el que los profesores y la dirección analizan las posibilidades existentes. No se trata simplemente de elaborar una lista de nombres: hay que comprobar qué grupos pueden asumir nuevos alumnos, qué edades tienen, cómo encajan los horarios y qué distribución permite desarrollar las clases con normalidad. Después de esas reuniones, en junio se publican las listas de admitidos, ya con los días y las horas en los que cada alumno deberá acudir a la escuela.

A partir de ahí comienza otro momento importante: la matrícula. Tras los festivales de fin de curso se abre un plazo de aproximadamente quince o veinte días para que quienes han obtenido plaza puedan formalizarla. Una vez cerrado ese proceso, los grupos comienzan a adquirir su configuración definitiva. Y es precisamente de esa configuración de donde pueden surgir las oportunidades para quienes todavía quieren incorporarse. Nieto insiste en una cuestión importante: en septiembre no existe un nuevo periodo formal de inscripción. Lo que puede haber son vacantes concretas en grupos que ya han sido organizados por profesor, edad y horario. Por eso, la vía para quienes estén interesados es acercarse a la escuela y preguntar. Si existe un hueco compatible, se les informa de la opción disponible y se puede ocupar esa plaza.

Es una manera de trabajar que permite aprovechar hasta el último espacio disponible sin alterar la estructura de las clases. "Nosotros en estos días nuestro plan de trabajo es intentar confeccionar los grupos y ver con qué alumnos vamos a trabajar este año", explica la directora. Septiembre es, así, un mes de ajuste, de observar cómo han quedado las clases y de terminar de encajar las piezas antes de que el curso avance. Los grupos suelen comenzar algo más llenos de lo que acabarán, porque a lo largo del año pueden producirse algunas bajas por cambios en los estudios, otras actividades o incompatibilidades de horarios. "Intentamos achucharnos un poquillo para darle cabida a toda la gente que quiera acercarse a nuestra escuela", cuenta Nieto.

Una vez que esa maquinaria comienza a funcionar, llega el momento de entrar de lleno en el trabajo artístico. En danza, septiembre está dedicado especialmente a preparar el cuerpo y recuperar progresivamente el nivel técnico: fuerza, flexibilidad, coordinación y técnica vuelven a ocupar un lugar central después del verano. Al mismo tiempo empiezan a aparecer algunos de los primeros bailes que tendrán presencia en las actividades navideñas, entre ellas las actuaciones que tradicionalmente se desarrollan en la Plaza de las Culturas y la participación en un festival benéfico. Son los primeros pasos de un recorrido que tendrá su momento culminante varios meses después.

Porque hay una pregunta que los alumnos de danza parecen tener especialmente clara cuando regresan a las aulas: "Seño, ¿este año qué vamos a bailar?". La respuesta definitiva tarda todavía unos meses en llegar. Es a partir de enero cuando comienza el trabajo específico de las coreografías que formarán parte del gran festival de fin de curso. Cada grupo empieza entonces a descubrir qué piezas preparará y cómo se irá construyendo una actuación que, en realidad, comienza a gestarse mucho antes de que el público ocupe las butacas. El escenario de junio es el resultado visible de un proceso que pasa por las clases semanales, la repetición, la corrección técnica y los ensayos.

La programación incluye también el Día Internacional de la Danza, una cita para la que la escuela suele recuperar algunos de los trabajos presentados en junio. No se trata de repetir por falta de propuestas, sino de seleccionar entre un repertorio que resulta imposible trasladar íntegramente a una sola jornada. "Somos cuatro profesores de danza, entonces intentamos llevar lo mejorcito de cada uno para deleitar al público melillense", explica Nieto. La selección permite mostrar parte del trabajo realizado durante el curso y volver a encontrarse con un público que, según la directora, responde siempre con especial cariño.

Detrás de todo ese calendario hay un equipo docente cuya preparación constituye uno de los pilares de la escuela. Son seis profesionales: cuatro cuentan con titulación superior —tres de ellos licenciados en Pedagogía de la Danza y uno en Música— y otros dos disponen de titulación profesional, uno en Música y otro en Danza. A la formación académica se suma una experiencia docente considerable: algunos de los profesores llevan más de 25 años ejerciendo su labor en la Escuela Municipal de Música y Danza de la Ciudad Autónoma de Melilla. Para Nieto, esa combinación de preparación, especialización y experiencia no es un detalle menor, especialmente cuando se trabaja con menores y con disciplinas que requieren conocimientos específicos.

En la danza, esa responsabilidad adquiere una dimensión especialmente visible porque el aprendizaje pasa directamente por el cuerpo. La postura, la coordinación, la flexibilidad, la fuerza y el movimiento requieren una enseñanza progresiva y adaptada a cada edad y nivel. Una formación especializada permite que los ejercicios se planteen con criterios adecuados y que el profesor pueda detectar dificultades, modificar determinados contenidos y acompañar al alumno durante su evolución. La misma exigencia se traslada a la música, donde la formación específica resulta esencial para desarrollar una enseñanza rigurosa y ajustada a las características de cada estudiante. "No todo vale", resume Nieto al defender la necesidad de contar con profesionales titulados y capacitados.

La escuela cuenta, además, con una circunstancia que facilita enormemente el acceso a estas enseñanzas: sus precios. La matrícula anual es de 60 euros y se reduce a 30 para las familias numerosas. También existen reducciones vinculadas al Carné Joven y tarifas progresivamente más bajas para quienes cursan varias asignaturas: la primera tiene un coste de 60 euros, la segunda de 25 y la tercera de 20. Para Nieto, se trata de una oportunidad especialmente valiosa para una ciudad que cuenta con una escuela municipal capaz de ofrecer formación especializada con unas cuotas muy reducidas.

Y mientras las aulas recuperan su ritmo, la dirección mira también hacia delante. El objetivo es que la escuela tenga una mayor visibilidad y que más melillenses conozcan el trabajo que se desarrolla en ella. "Tenemos muchas novedades y sorpresas que iremos revelando más adelante", adelanta Nieto sin querer desvelar todavía todas las cartas. El nuevo curso acaba de comenzar y todavía queda mucho por contar.

De momento, quedan las primeras clases, los primeros ejercicios y esa energía particular que acompaña a quienes vuelven a encontrarse con sus compañeros y profesores. Después llegarán Navidad, el Día de la Danza, los ensayos y, finalmente, el gran festival de junio. Para entonces, los más de 750 alumnos habrán recorrido muchos meses de aprendizaje. Y cuando llegue el momento de salir al escenario, volverá a aparecer esa parte del trabajo que para Nieto resulta difícil de medir con cifras: la satisfacción de ver a los alumnos disfrutar, el cariño del público y la emoción de comprobar que todo aquello que empezó en septiembre, entre horarios y grupos todavía por ajustar, ha terminado convertido en música, movimiento y espectáculo.

Tags: Escuela de Música y Danza ‘Pilar Muñoz González’Inicio de cursoMatrículasNuria Nieto

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