El barre ―una disciplina que combina ballet, yoga y pilates― está de moda, y los tantos centros que están abriendo sus puertas para dedicarse a esta práctica así lo demuestran. Pero este deporte se remonta a la década de los 50. Una lesión de espalda hizo que la bailarina alemana Lotte Berk adaptase los movimientos dancísticos a su rehabilitación.
Fue en 1959 en Londres. El objetivo era continuar con los entrenamientos realizando ejercicios que no afectasen negativamente a la lesión. Así fue como surgió esta modalidad de bajo impacto que fusiona fuerza y flexibilidad a la par que mejora la musculatura y la postura de quienes la practican.
Lo que comenzó siendo un método terapéutico para las bailarinas que habían sufrido una lesión, se convirtió en un deporte que ahora, en la era Instagram, está triunfando entre un público variado. De este modo, el barre, además de tonificar, ayuda a mantener la salud física y tiene grandes beneficios a todos los niveles.
Bianca Caffaratto es bailarina de ballet, practica otros deportes como el popular pole dance e imparte clases de barre en Sevilla. El objetivo de este método es “tener el cuerpo bien colocado y bien alineado”. Se trabaja el tren inferior y superior, la espalda y el core. En resumen, todo el cuerpo.
Para su práctica se necesita una barra de ballet. Pero, en lugar de hacer los ejercicios de la danza clásica al uso, se adaptan a este deporte. En sus clases, Caffaratto utiliza elementos como tacos, pesas, aros de pilates o pelotas. No siempre son necesarios, pero ayudan a reforzar el equilibrio o a practicar la fuerza. “La musculatura está siempre activa”, subraya.
Combinado con yoga y pilates, “tonificas los músculos, ayuda a que tengas la espalda recta, a que la postura esté colocada, y tienes más flexibilidad”, explica la instructora de barre. Cualquier usuario puede practicarlo, desde jóvenes hasta mayores. Y, por supuesto, es igual de apto para chicos que para chicas.
Es, además, una actividad poco agresiva y lesiva. Quizá por eso está triunfando entre aquellos que prefieren prácticas más “pausadas”, aunque es un deporte que nació hace más de sesenta años. “Es como el pilates, que de repente dio un boom súper grande y todo el mundo lo hacía. Es otra disciplina que ya existía, pero que se está descubriendo ahora”.
Bianca cree que este deporte ha llegado para quedarse. “Lo veo en las alumnas, que lo disfrutan y que ven mejoría”. Es una disciplina de bajo impacto que se caracteriza igualmente por su dureza. Eso sí, con el “aura del clásico, que es más delicado”. Es lo que hace que esta modalidad sea más “apetecible” y hasta “vendible”.
Con el barre, en definitiva, te temblarán las piernas, asegura la bailarina, pero no es tan “pesado” como otras prácticas. En cambio, está mucho más vinculado a escuchar al propio cuerpo y a mantenerse alineado. Los efectos son muy positivos más allá de la dimensión física. A Melilla todavía no ha llegado, pero seguramente, no tardará demasiado en hacerlo.
Pilates, el número uno en los deportes de bajo impacto
En esta línea de deportes de bajo impacto, el pilates se encuentra entre los favoritos. Aúna fuerza, equilibrio y flexibilidad con movimientos controlados y coordinando la respiración. En el centro deportivo Entrenamientos 180º, Lina Aouragh imparte clases de pilates suelo, que se trabaja sobre esterilla. Se suele complementar con pelota, aro, banda elástica, mancuerna o pica. A veces, se trabajan incluso dos materiales a la vez.
Los hipopresivos no faltan en sus sesiones, unos ejercicios que fortalecen el área abdominal y el suelo pélvico mediante el control de la respiración y la postura. La instructora recomienda este deporte a todos los públicos, y lo define como “una actividad muy necesaria para nuestro día a día”. Además, es una práctica muy exigente pese a ser de bajo impacto.
Héctor Infante, uno de los socios de Entrenamientos 180º, añade que el deporte de bajo impacto “es aquel en el que se reduce el estrés de las articulaciones y del sistema musculoesquelético”. No hay cambios bruscos en el movimiento y son ejercicios activos, seguros y accesibles para todas las personas. Caminar, montar en bicicleta o practicar pilates y yoga entran en esta categoría.
Entre sus beneficios, mejora la postura, fortalece el cuerpo y trabaja el control corporal y la respiración, algo que se mejora con la práctica. “Ayuda a mejorar la salud cardiovascular, controlar nuestro peso, fortalecer la musculatura, articulaciones y también reducir el riesgo de enfermedades como puede ser la obesidad o la hipertensión”. Reduce considerablemente el estrés, mejora el estado de ánimo y la calidad del sueño.
Alternar pilates y deportes de fuerza sería lo más adecuado para mantener la masa muscular y “tener un entrenamiento más completo, equilibrado y beneficioso para la salud en general, especialmente a largo plazo”. El pronóstico parece ser que a las modalidades de bajo impacto les queda un largo recorrido por delante. No solo por sus infinitos beneficios para la salud: quien lo prueba, sea por moda o no, se sube al barco del deporte ligero y exigente.








