Editorial

Prevenir una catástrofe como la de Valencia en Melilla

Las catástrofes naturales, en forma de terremotos, maremotos, huracanes o lluvias intensas han creado desde siempre problemas en la humanidad. Últimamente el cambio climático está provocando que algunos de ellos, los que tienen que ver con la meteorología, estén siendo cada vez más fuertes e intensos.

Los fenómenos más potentes se suelen dar en lugares bastante alejados de España, como el Caribe (recordemos el huracán Katrina) o en el sudeste asiático. Sin embargo, en España no nos libramos de sufrir catástrofes, aunque, por el momento, a menor escala. No hay más que ver la última DANA que cayó en Valencia y que causó 224 muertes en una zona que supuestamente estaba preparada. Está visto que para el hombre es muy difícil hacer frente a una naturaleza enfervorecida.

Pero lo que sucedió en Valencia podría sido incluso más catastrófico de haber ocurrido en Melilla, donde este pasado fin de semana, con apenas 15 litros por metro cuadrado caídos en entre diez y doce horas –es decir, un intervalo de tiempo no especialmente corto-, los Bomberos hubieron de realizar seis intervenciones entre fachadas y en azoteas, en una de las cuales incluso hubo que rescatar a una mujer que había quedado atrapada.

Uno de los Bomberos, con quien El Faro pudo hablar, aseguró que el mantenimiento de las azoteas por parte de los ciudadanos suele ser “un poquito escaso”, lo que provoca que el agua se quede acumulada en el forjado.

Se ve que Melilla, como muchas otras ciudades donde no están acostumbradas a las precipitaciones, no dispone de unas infraestructuras lo suficientemente preparadas para cuando se dan episodios de este tipo. No hay más que ver lo que dicen los Bomberos y los ríos de agua que caen por las calles cuando llueve un poco más de la cuenta.

Está claro que este no es un problema de ayer, de anteayer ni de hace cinco años, sino que viene muy de lejos, y corresponde tanto al Gobierno central como al local, cada uno en la medida de sus competencias, poner todos los medios a su alcance para evitar que, llegado el caso de una DANA como la de Valencia, se produzca aquí una auténtica catástrofe.

Es preciso ponerse manos a la obra cuanto antes, dado que no se puede predecir con demasiada antelación cuándo sucederá algo así en Melilla y, para cuando se prevea su proximidad, puede ser demasiado tarde para encontrar una solución.

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