Después de tres veranos seguidos con olas de calor brutales, El suelo está seco en nuestros bosques. El hecho de no haber llovido desde marzo junto a los fuertes vientos de Levante, el coctel ha sido perfecto. Hemos alcanzado la 6ª Generación en la liga de los incendios forestales.
Estos incendios ya saltan los cortafuegos de grado medio, generan sus propias tormentas de fuego ¡Vamos! Que los vecinos de las aldeas ya no dicen: -“Apagadlo”-, dicen: “Salvadnos”.
El caso es que España arde y seguimos debatiendo, pero el argumento es muy sencillo y os lo explico, queridos lectores:
Portugal es un país cinco veces menor que España en territorio y ha invertido en 2025-26 en prevención de incendios forestales 615 millones de euros. Además, la naturaleza de sus bosques no tiene nada que ver con la nuestra y lo mismo digo de Grecia, que ha invertido 837 millones de euros; ya podemos imaginarnos lo grande que es Grecia y los bosques que tiene.
España en la misma fecha ha invertido 221 millones de euros. Encima, el 90% del gasto va destinado a extinción no a prevención; es bonito echarse fotos… Éste es el tema queridos paisanos.
La solución está en invertir una cifra superior a 3000 millones de euros para prevención de incendios, porque no se trata de que Portugal sea cinco veces más pequeña que España, sino que el crecimiento anárquico de los bosques españoles no tiene comparación con ningún otro en la Unión Europea, salvo en puntos muy concretos, pero no en una dinámica generalizada.
Hay árboles que impiden que los incendios lleguen a ese nivel. Hablo del ciprés, el algarrobo, el fresno, el alcornoque, la encina…Su corteza es muy gruesa, tienen mucha agua en las hojas y no son resinosos. Aguantan el fuego y rebrota de raíz. Además fijan suelo.
Una inversión sería en este tipo de plantaciones bien estructuradas, aprendiendo de la experiencia estival, que no ha sido muy agradable, haría mucho más difícil que los incendios llegasen al nivel que lo hacen en los últimos veranos. Los portugueses combinan el alcornoque y el algarrobo en franjas bien estructuradas, además de colocar la siembra de plantas poco resinosas en diversas zonas.
En mi opinión, y dada la reciente bajada de desempleo, tenemos una oportunidad de oro y una excusa de plata para una inversión importante en el tema de cuidado de ámbito rural y prevención de incendios forestales. El desempleo podría descender de forma supina si nos dedicamos a arreglar los bosques, estructurarlos de manera conveniente. Invertir en arrancar malas hierbas, limpiar brozas, podar, cultivar plantaciones de árboles de corteza dura, hojas ricas en agua y troncos y tallos poco resinosos.
Creo que España necesita una política rural completa porque en esta vida todo está interrelacionado. Hay que crear ganadería extensiva, hacer cultivos energéticos que generen bioetanol. Si nuestro país explota la conservación y prevención de incendios al máximo podría generar un 15% de energía renovable procedente de la biomasa, además de conseguir una vida rural más saludable y obtener una gran cantidad de puestos de trabajo.
En mi opinión, una economía estable necesita de una fuente de energía estable y la biomasa, junto a la geotérmica sería una solución posible para la generación del 60 o 66% de la demanda energética de todo el país. Así que tanto la obtención de la energía como de los productos agrícolas, sobre todo si son ecológicos necesitan de una mejora del mundo rural español. Creo que hay que invertir y que los beneficios de prevenir los incendios estivales, también redundarán de una forma clara en favor del incremento del producto interior bruto nacional.
No obstante, el hecho de prevenir no implica olvidarse del hecho de que curar es importante. También creo necesaria la obtención de más y mejores herramientas de extinción de incendios y darle todo mi ánimo a los agentes de bomberos y la Guardia Civil y demás fuerzas de orden público, voluntarios inclusive, que se encargan de luchar contra esta tragedia veraniega que los españoles vivimos cada verano. Cuanto más y mejor equipados estemos en este sentido mejor. Sin embargo opino que por muchos equipos que tengamos, su efectividad se verá muy mermada si los incendios no se apagan en otoño, invierno y primavera.
Opino que la citada proyección sobre nuestros bosques y campos nos llevaría a un equilibrio de base entre lo moderno y lo tradicional. Las ciudades ofrecen mejores servicios que el mundo rural. Eso es incuestionable, pero si lo que comemos en las ciudades no es sano; por poner un ejemplo, entonces nuestra vida en la ciudad tampoco merecerá la pena.
Tenemos que proteger nuestros bosques, seccionarlos, cuidarlos, contratar a gente para que lo haga, hacer cultivos energéticos que funcionen con los carburantes fósiles. Eso nos dará un mayor margen de tiempo para investigar y reflexionar sobre nuestra experiencia y ver mejor la dirección que tienen que llevar las energías renovables. Necesitamos invertir en cultivos ecológicos, ya que su consumo es excesivamente costoso para la clase media baja de este país, y eso implica una desventaja de unos ciudadanos frente a otros en materia de salud; no creo que sea ese nuestro proyecto de Estado.
Fomentar el turismo rural, tomar una nueva conciencia sobre el turismo rural; todo no es ir a la playa. El campo nos enseña cómo son nuestras gentes de base, nuestras tradiciones más antiguas, la sombra de un árbol, la ribera de un río, el paisaje campestre son lo suficientemente poderosos como para desconectar del día a día y suele ser mucho más económico. Y lo vuelvo a repetir y subrayar: Preservar nuestro campo sería una fuente de riqueza impresionante, tanto en su productividad como de empleo, ya que mejorar las aldeas con wifi, con centros médicos a distancias aceptables, con bibliotecas móviles dependientes de otras más importantes y que recojan las demandas de los aldeanos, junto con escuelas que aglutinen a varias aldeas pero que dispongan de autobuses para el transporte, eso enriquecería al país y también nos enriquecería como personas.
Necesitamos invertir en la prevención de incendios forestales, pero tener conciencia de que ello conlleva un cambio de conciencia muy importante en lo concerniente al mundo rural. Así que yo animo a nuestros políticos a que empiecen desde octubre a trabaja en esta dirección.








