Durante años hemos hablado de Melilla como una ciudad pequeña, singular y con retos importantes.
Es cierto que existen dificultades que requieren soluciones, inversión y proyectos que permitan seguir avanzando. Pero quizás, de tanto centrarnos en lo que nos falta, olvidamos a veces todo aquello que nos define y que hace que sea un orgullo ser melillense.
Tenemos un lugar único: una mezcla cultural que forma parte de nuestra identidad, una cocina con personalidad propia, una arquitectura extraordinaria, una historia singular y una situación geográfica que, aunque plantea retos, también puede ofrecernos oportunidades.
Pero debemos preguntarnos si sabemos realmente mostrar nuestra tierra al mundo.
No basta con tener una identidad propia. También hay que saber transmitirla. Conseguir que quien está fuera sienta curiosidad por descubrirnos y que quienes vivimos aquí aprendamos a valorar lo que tenemos delante.
Quizás uno de nuestros mayores retos sea precisamente ese: mirar nuestra ciudad con los ojos de quien llega por primera vez.
A veces necesitamos que alguien de fuera nos recuerde el valor de nuestros edificios modernistas, de nuestra cocina o de la convivencia entre distintas culturas, algo difícil de encontrar en cualquier otro punto de España.
Y mientras tanto, seguimos poniendo el foco en aquello que nos falta.
Nuestra ciudad necesita seguir creciendo, y para ello son importantes las instituciones, las empresas, los emprendedores y también los ciudadanos. Cada uno puede contribuir a generar más actividad, oportunidades y proyección.
También podemos apoyar lo que ya existe: nuestro comercio, nuestra cultura, nuestros profesionales y a quienes cada día apuestan por desarrollar aquí sus proyectos.
Especialmente importante es que nuestros jóvenes puedan imaginar su futuro aquí. Que emprender sea una posibilidad y que tener talento pueda convertirse en una oportunidad para crear, trabajar y crecer en nuestra tierra.
Y que quienes un día tuvieron que marcharse puedan encontrar también motivos para volver.
¿Y si la pregunta ya no fuera qué nos falta, sino hasta dónde podemos llegar?
Tenemos historia, cultura, identidad, talento, comercio y, sobre todo, personas que cada día apuestan por este lugar.
Tenemos que seguir construyendo sobre esa base y aprender a contar mejor nuestra historia para despertar curiosidad, invitar a venir y también a quedarse.
Porque una ciudad también se construye con la forma en la que sus propios habitantes hablan de ella.
Quizá el primer paso para que el mundo descubra nuestro valor sea que nosotros mismos volvamos a mirarla con curiosidad, a reconocer su riqueza y a hablar de todo lo que podemos llegar a ser.
No solo tenemos potencial. Tenemos mucho que mostrar al mundo.







