Melilla conmemoró ayer el 202 aniversario de la creación de la Policía General del Reino, antecedente histórico de la actual Policía Nacional, una institución que forma parte inseparable de la historia contemporánea de España y, de manera muy especial, de la realidad diaria de nuestra ciudad. Más de dos siglos después de su fundación, la Policía Nacional sigue representando uno de los pilares fundamentales del Estado de derecho, la garantía de la seguridad ciudadana y la defensa de los derechos y libertades.
El acto celebrado en el Hotel Melilla Puerto fue mucho más que una ceremonia institucional. Fue un ejercicio de memoria colectiva y de reconocimiento público a hombres y mujeres que, ayer y hoy, han hecho de la vocación de servicio una forma de vida. En una ciudad con las singularidades geográficas, sociales y fronterizas de Melilla, la labor policial adquiere una dimensión especialmente exigente, marcada por la necesidad de anticiparse a riesgos complejos y cambiantes sin perder nunca la cercanía con la ciudadanía.
La Policía Nacional ha sabido evolucionar al mismo ritmo que la sociedad a la que sirve. Desde sus orígenes en el siglo XIX hasta la actualidad, el cuerpo ha afrontado transformaciones profundas, adaptándose a nuevas amenazas como el terrorismo internacional, el crimen organizado, la ciberdelincuencia o la trata de seres humanos, al tiempo que mantiene una presencia constante en la protección de las personas más vulnerables y en la lucha contra la violencia de género. En Melilla, esa adaptación permanente es sinónimo de profesionalidad, eficacia y compromiso silencioso.
El reconocimiento a los agentes condecorados, a los policías honorarios y a quienes han pasado a la jubilación no es solo un gesto protocolario. Es un acto de justicia. Cada medalla, cada diploma y cada homenaje encierra horas de sacrificio, noches sin descanso y decisiones tomadas bajo presión, muchas veces lejos de los focos. También es un reconocimiento extensivo a las familias, sostén imprescindible de quienes visten el uniforme y comparten, aunque no siempre se vea, el peso de la responsabilidad.
Especialmente emotivo resulta el recuerdo a los policías fallecidos en acto de servicio. Su memoria nos recuerda que la seguridad no es un concepto abstracto, sino una conquista diaria que, en ocasiones, se paga con el bien más preciado. Honrarlos es también reafirmar el compromiso colectivo con los valores que representan: honor, lealtad, entrega y servicio público.
En su 202 aniversario, la Policía Nacional no solo celebra su historia. Respalda su presente y su futuro en Melilla: una institución sólida, respetada y esencial para la convivencia. Porque más allá de los aniversarios, la Policía Nacional sigue estando ahí, cada día, velando por todos.







