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Paseo andaluz

Detrás del político hay una persona. Y Juanma Moreno lo demostró ayer durante su visita a Melilla, una ciudad que ya conocía pero a la que viajó por primera vez como presidente de la Junta de Andalucía. El aterrizaje de una mañana de viento se le olvidó con un café en el centro.

Con algo de viento y unos 20 minutos de retraso, procedente de Málaga y al filo de las 11:00. Así aterrizó Juanma Moreno ayer por la mañana en Melilla. Una vez en el centro, y según lo previsto, la primera parada le llevó a la plaza de Menéndez Pelayo: a los pies de la sede del PP tomó un café con leche y churros. Unos veinte minutos después, dejó atrás la cafetería para dirigirse, paseando, al Palacio de la Asamblea. Durante el paseo, bajo un sol que ya anunciaba la primavera, tuvo tiempo para charlar con Juan José Imbroda, diversos consejeros y otros cargos populares; también con los vecinos que se lo cruzaron. Entre periodistas, políticos y asesores, una nube de personas delataba su presencia. Mientras él repartía sonrisas y departía con todos quienes se le acercaban, se repetían los “¿y ese quién es?”.

Un hueco en el tumulto humano depejaba la respuesta: “El presidente de Andalucía”, decían unos; “el Juanma Moreno”, acertaban otros. “He venido muchas veces a Melilla, pero nunca antes como presidente”, confesó en el quiosco de la plaza de España. “Que vaya todo bien y hasta la próxima”, se despedía unos segundos después. Iba relajado, pero con paso decidido. Una vez en el Palacio de la Asamblea se sucedieron las anécdotas. “Estaba deseando verte”, “tu cara me suena” o “quién nos lo iba a decir que iba a ser aquí”, fueron algunos de los cariñosos saludos con los que fue recibido en el Salón Dorado.

Quizás con los nervios de sentirse observado por decenas de cámaras, firmó en el Libro de Oro de la Ciudad. No escatimó líneas ni tiempo. Tanto fue así que el propio Moreno rompió el silencio en varios momentos: “Esto es el Quijote”, dijo entre risas la primera vez. “Ya voy acabando; estoy contando cuando nació mi hijo ahora”, comentó unos segundos más tarde. “Después la letra no hay quien la entienda porque estoy yendo rápido”, destensaba la escena. “Tenemos tiempo; a las 18:00 es el avión”, le recordaban.

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