El colectivo ecologista Guelaya ha aclarado en las últimas semanas las numerosas consultas recibidas sobre la presencia de grandes saltamontes que están entrando por accidente en domicilios de Melilla. Según explica Manuel Tapia, miembro de la asociación, se trata de ejemplares de la especie Decticus albifrons, muy abundante en estos momentos en las llanuras de Marruecos.
Tapia atribuye este fenómeno a dos años consecutivos de lluvias copiosas en el país vecino, que han generado una cubierta vegetal poco habitual y, con ella, alimento abundante para estos insectos. El miembro de Guelaya reconoce que el tamaño de estos saltamontes es considerablemente mayor que el de las especies más comunes en el entorno de Melilla, pero insiste con rotundidad en que son totalmente inofensivos para las personas.
Estos ejemplares se alimentan de pulgones y orugas, por lo que su presencia puede resultar beneficiosa para el medio ambiente local. Tapia subraya que no guardan relación alguna con las langostas que en 2004 provocaron una plaga en Marruecos, cuando algunos ejemplares llegaron hasta Melilla. Aquellas langostas viajeras, causantes de plagas puntuales en zonas agrícolas marroquíes en años concretos, pertenecen a la especie Schistocerca gregaria, cuyas características anatómicas presentan diferencias significativas respecto a la especie que ahora aparece en la ciudad.
El representante de Guelaya destaca además un efecto positivo añadido: la aparición de esta nueva especie de ortóptero en las zonas verdes de Melilla puede servir de refuerzo alimentario para el cernícalo vulgar, una rapaz para la que estos grandes saltamontes constituyen una parte fundamental de su dieta habitual. Tapia recuerda que estas aves se encuentran ahora en las fases finales de su proceso de cría, un momento del año en el que la disponibilidad de alimento resulta especialmente relevante para el éxito reproductivo de la especie.
Desde el colectivo ecologista se pide así tranquilidad a los vecinos que se han encontrado con estos insectos en sus viviendas, insistiendo en que su presencia, lejos de suponer un riesgo, forma parte de un proceso natural vinculado a las condiciones climáticas registradas en Marruecos durante los dos últimos años, y que podría repetirse en veranos sucesivos si dicho patrón se mantiene.








