Melilla, ciudad histórica y estratégica, se encuentra hoy ante un desafío sanitario y político que pone a prueba su capacidad de gestión y autonomía. La reciente alerta por sarampión, con nueve casos confirmados, la aparición de rabia y el empeoramiento de problemas estructurales como la insalubridad y la calidad del agua, nos obliga a reflexionar con rigor sobre la realidad que vivimos y las decisiones que debemos tomar.
Es innegable que la Operación Paso del Estrecho (OPE) 2025, que moviliza anualmente a miles de personas y vehículos entre Europa y África, supone un riesgo aumentado de transmisión de enfermedades infecciosas. El Ministerio de Sanidad ha puesto el foco en el sarampión, dada la epidemia activa en Marruecos, país vecino con el que compartimos frontera terrestre y marítima. Sin embargo, Melilla no puede limitarse a ser un eslabón pasivo en esta cadena.
La ciudad autónoma exige y merece un protagonismo activo en la gestión sanitaria. La transferencia de competencias en epidemiología a la Ciudad Autónoma debería traducirse en un refuerzo real de sus capacidades, recursos y coordinación con las autoridades estatales y europeas. La mera referencia a “Sanidad Exterior” o a “competencias transferidas” no es suficiente cuando la salud pública está en juego.
Asimismo, la insalubridad persistente, la proliferación de chinches, la amenaza de la rabia y la mala calidad del suministro de agua, que se agravan con proyectos turísticos mal planificados como el complejo del Gurugú, evidencian un déficit estructural que no puede seguir ocultándose bajo la alfombra. Estas deficiencias no son solo problemas sanitarios, sino síntomas de una gestión fragmentada y una falta de visión estratégica.
Melilla crece. Su censo electoral y poblacional aumentan, y con ello, su responsabilidad y necesidad de contar con un sistema sanitario y social robusto y eficaz. Sin embargo, esta expansión parece depender en exceso de fondos europeos, generando una paradoja inquietante: ¿por qué seguir dependiendo de recursos externos cuando la ciudad posee potencial y vocación para liderar su propio desarrollo?
La soberanía local no es un capricho, sino una necesidad práctica. La salud, la seguridad y el bienestar de los melillenses exigen que las decisiones se tomen con conocimiento profundo del territorio y con compromiso directo. Exigimos transparencia, coordinación efectiva y un compromiso real de todas las administraciones implicadas para afrontar con eficacia las amenazas sanitarias y sociales.
No se trata solo de combatir un brote de sarampión o de vigilar la frontera: es una cuestión de respeto hacia Melilla, hacia sus ciudadanos y hacia su futuro. La ciudad merece políticas claras, responsables y soberanas que garanticen su bienestar y dignidad.








