EL asunto de la inmigración en Melilla, concretamente el referido a la concertina, ha ocupado en los últimos días un espacio inusual en los medios de comunicación nacional y un tiempo extraordinario en los debates políticos que han tenido lugar en el Congreso de los Diputados, en diversos parlamentos autonómicos e incluso entre eurodiputados. Probablemente, esta semana nuestra ciudad, la concertina y los subsaharianos comiencen a caer en el olvido. Ya no habrá más sitio ni tiempo para el asunto de la inmigración de Melilla en los medios de comunicación nacionales ni en la agenda de nuestros representantes electos.Sin embargo, el problema continúa estando ahí y la tragedia seguirá sobrevolando a los inmigrantes que casi todos los días protagonizan alguna noticia de la página de sucesos. Ayer, en nuestra ciudad se produjo un hecho lamentable en el CETI, que lleva meses sobreocupado por las dificultades para el traslado de los inmigrantes a centros de la península. A las puerta de esta instalación una reyerta casi acaba de forma trágica
al recibir un subsahariano una cuchillada por parte de un argelino. Más tarde, el suceso estuvo a punto
de trasladarse al interior del centro, donde convive casi un millar de inmigrantes. Afortunadamente, los
agentes de la Guardia Civil evitaron que los compañeros de la víctima se tomaran la justicia por su cuenta
contra los que entendían que podían ser amigos del agresor. Si alguien busca hoy alguna mención a este suceso en las página de los diarios de tirada nacional, en los informativos de las grandes cadenas de radio o televisión, es muy probable que pierda el tiempo. No encontrará nada. Tampoco ocupará mucho espacio y tiempo el rescate de una patera a 50 millas de la costa granadina. Iban 59 inmigrantes a bordo, entre los que había siete mujeres y dos niños. Partió de Nador y cuando sólo había recorrido 10 millas, ya se había quedado sin motor, había comenzado a entrar agua en la embarcación y podría haberse hundido si los efectivos de Salvamento Marítimo y de la Guardia Civil hubieran tardado más en localizarlos y rescatarlos.
Afortunadamente, otra vez la suerte estuvo del lado de los subsaharianos y no hubo que lamentar ninguna desgracia. Éste es el día a día de la inmigración vista desde el norte de África, una situación que abitualmente pasa desapercibida en la península y que espera una solución mientras el debate ficticio de la concertina da sus últimos coletazos. Lo importante no es si hay o no cuchillas que nadie desea en la valla de Melilla. Más peligrosa para los inmigrantes que la concertina contra la que muchos claman es la demagogia que sólo sirve para dar vueltas al problema de la inmigración sin ninguna intención de buscar soluciones con sinceridad y valentía. Corta más y es más sangrante la indiferencia de quienes han vociferado durante días en ‘defensa’ de unos inmigrantes a los que ahora desprecian con su silencio.
al recibir un subsahariano una cuchillada por parte de un argelino. Más tarde, el suceso estuvo a punto
de trasladarse al interior del centro, donde convive casi un millar de inmigrantes. Afortunadamente, los
agentes de la Guardia Civil evitaron que los compañeros de la víctima se tomaran la justicia por su cuenta
contra los que entendían que podían ser amigos del agresor. Si alguien busca hoy alguna mención a este suceso en las página de los diarios de tirada nacional, en los informativos de las grandes cadenas de radio o televisión, es muy probable que pierda el tiempo. No encontrará nada. Tampoco ocupará mucho espacio y tiempo el rescate de una patera a 50 millas de la costa granadina. Iban 59 inmigrantes a bordo, entre los que había siete mujeres y dos niños. Partió de Nador y cuando sólo había recorrido 10 millas, ya se había quedado sin motor, había comenzado a entrar agua en la embarcación y podría haberse hundido si los efectivos de Salvamento Marítimo y de la Guardia Civil hubieran tardado más en localizarlos y rescatarlos.
Afortunadamente, otra vez la suerte estuvo del lado de los subsaharianos y no hubo que lamentar ninguna desgracia. Éste es el día a día de la inmigración vista desde el norte de África, una situación que abitualmente pasa desapercibida en la península y que espera una solución mientras el debate ficticio de la concertina da sus últimos coletazos. Lo importante no es si hay o no cuchillas que nadie desea en la valla de Melilla. Más peligrosa para los inmigrantes que la concertina contra la que muchos claman es la demagogia que sólo sirve para dar vueltas al problema de la inmigración sin ninguna intención de buscar soluciones con sinceridad y valentía. Corta más y es más sangrante la indiferencia de quienes han vociferado durante días en ‘defensa’ de unos inmigrantes a los que ahora desprecian con su silencio.







