EFE/Giner
Nicolás Olea advierte de esta amenaza silenciosa que afecta a toda la población incluso desde antes de nacer por el cambio del medio ambiente, dominado ahora por derivados del petróleo
El plástico que envuelve nuestras vidas, omnipresente en nuestros hogares, la alimentación, la ropa y los productos de cuidado personal y cosméticos, ha abierto la puerta de nuestro organismo a tóxicos a los que el doctor Nicolás Olea señala como una causa importante y “evitable” de enfermedades cada vez más tempranas.
Nicolás Olea (Granada, 1954), catedrático de Radiología y Medicina Física de la Universidad de Granada (UGR) y uno de los mayores expertos mundiales en epidemiología ambiental, advierte en una entrevista con EFE de esta “amenaza silenciosa” que afecta a toda la población incluso desde antes de nacer por el cambio del medio ambiente, dominado ahora por derivados del petróleo.
Argumenta que si ahora hay más casos de cáncer en jóvenes, problemas de fertilidad, intolerancias alimentarias y otros trastornos como el déficit de atención, por ejemplo, no es porque estemos “mal hechos genéticamente”, sino por nuestra exposición a un medio ambiente químico distinto al de generaciones anteriores.
Eso “contribuye a esa enfermedad” aunque no sea, probablemente, la única causa, pero sí una “importante para ser estudiada” por los especialistas médicos para llegar a la raíz de los gráficos ascendentes de casos que deben abordar en sus consultas.
Pero el quid de la cuestión, según el doctor Olea, es que es una causa “evitable” si la sociedad es consciente del peligro que representan los disruptores endocrinos, cuyo impacto en la salud humana lleva investigando desde hace más de cuatro décadas.
El término ‘disruptores endocrinos’ cada vez suena más, pero poca gente sabe qué es. “Son sustancias químicas, contaminantes ambientales que, una vez dentro del organismo, modifican las hormonas” y el mensaje que estas llevan por todo nuestro organismo para regular nuestras funciones vitales, explica. Por si no queda claro, lo resume de manera gráfica: “Son verdaderos 'jáquers' del mensaje hormonal”.
Y lo que antes era un problema de salud que sufrían determinados gremios por el uso de productos tóxicos en su profesión, ahora se ha convertido en una amenaza global porque “la exposición es universal” y tiene muchas facetas, entre ellas el ambiente interior de casa, donde el suelo de terrazo, las paredes alicatadas, las cortinas de lino y los muebles de madera han dado paso a materiales sintéticos derivados del plástico.
“Todo eso hace que el polvo interior de tu casa sea completamente distinto a donde te criaste, que eran pelos y ácaros. Ahora son madejas de fibra textil sintética y toda una química nueva que expone a quien más tiempo está en casa, que son tus hijos y las mascotas”, apunta Olea.
Cuando la gente empieza a comprender el problema, suele surgir la misma pregunta: ¿Por qué no hay más protección normativa? Olea lamenta la lentitud del proceso legislativo, pues en alguna ocasión se han prohibido tóxicos 30 años después de presentarse la evidencia científica en la que trabajan investigadores como él.
“¿Cuánto déficit de atención, cuánta infertilidad, cuánto cáncer de mama, cuánto problema sanitario te habrías ahorrado siendo mucho más preventivo, más eficaz y más honesto?”, se pregunta reconociendo el “enorme disgusto” que conlleva comprobar el “callejón sin salida” que supone para la sociedad, al que contribuye una administración poco ágil.
Para colmo, tampoco se legisla en función del “efecto cóctel combinado” de las decenas de compuestos químicos que pueden sumar los diferentes productos, sino que las leyes establecen niveles individuales de cada tóxico, lo que también provoca desconfianza hacia el sistema.
Pese a que, según Olea, vivimos en el siglo de dos grandes amenazas, la del nuevo medio químico derivado del petróleo y la del nuevo medio físico, que es la radiación electromagnética no ionizante, se puede revertir la situación cambiando el chip.
¿Por dónde empezar? “Sencillísimo: saca el plástico de tu cocina y empieza a recuperar todo ese material inerte que ha estado en tu casa siempre, los táper de cristal, las fiambreras metálicas y la tabla de cortar de madera que aún guardas en el mueble. Y si no, está en el mercado a precios idénticos”, afirma resolutivo.
En el resto de la casa, “la clave es aspirar y ventilar, cambiar el aire”, además de elegir textil duradero, alargar la vida de las cosas. Y en el baño o el tocador, buscar más productos naturales en establecimientos de confianza en vez de repasar los lineales del supermercado con aplicaciones que detectan disruptores endocrinos.
De todos modos, Nicolás Olea no es optimista para al futuro: “Va a ser difícil salir de esta, porque la tendencia es a cambiar todo”. Pero piensa que los jóvenes pueden tener la llave si se plantan para reprochar a sus antecesores que lo hayan consentido, emulando a Greta Thunberg y su “viejo canalla, cómo nos has metido en esto”.
El doctor Nicolás Olea Serrano (Granada, 11 de julio de 1954) es una de las voces más respetadas de la ciencia española en el ámbito de la salud pública y el medio ambiente.
Catedrático de Radiología y Medicina Física en la UGR y facultativo en el Hospital Universitario Clínico San Cecilio, ha dedicado más de tres décadas a investigar cómo las variables ambientales —especialmente la contaminación química— interfieren en el organismo humano.
Director de un grupo de investigación puntero en el Instituto de Investigación Biosanitaria de Granada, Olea ha liderado a lo largo de su trayectoria numerosos proyectos nacionales e internacionales centrados en el estudio de la exposición humana a compuestos químicos sintéticos. Su trabajo científico se caracteriza por combinar la investigación básica con una clara vertiente clínica y epidemiológica, analizando no solo el comportamiento de estas sustancias en el laboratorio, sino también su presencia real en muestras biológicas como cordones umbilicales, placentas, tejidos humanos y orina de la población general.
Además de su extensa producción científica, con centenares de publicaciones especializadas, Olea se ha convertido en una de las voces más reconocidas en la divulgación de los riesgos asociados a determinados contaminantes ambientales. Gracias a un lenguaje claro y accesible, ha logrado acercar conceptos complejos de la toxicología a la ciudadanía, contribuyendo a una mayor concienciación social sobre la exposición cotidiana a sustancias químicas potencialmente perjudiciales.
Su libro Libérate de tóxicos se ha consolidado como una obra de referencia para quienes buscan reducir la presencia de contaminantes en su vida diaria y adoptar hábitos de consumo más saludables.
Nicolás Olea denuncia con frecuencia los fallos en los sistemas de regulación de los plásticos y la "laxitud" de las normativas frente al "efecto cóctel"; , es decir, la exposición continuada a pequeñas dosis de múltiples sustancias químicas que, combinadas, pueden generar efectos sobre la salud. Su insistencia en visibilizar el bisfenol-A (BPA), los ftalatos o los parabenos ha sido clave para concienciar a la sociedad civil sobre la necesidad de reforzar los controles y avanzar hacia normativas que prioricen la protección de la salud frente a otros intereses económicos o industriales.
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