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Música y magia

El Kursaal acogió este fin de semana el musical ‘El flautista de Hamelin’, de la compañía Nacho Vilar Producciones. El montaje es un bombón y queremos más como éste

por Tania Costa
01/10/2018 07:58 CEST

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La compañía Nacho Vilar Producciones llenó ayer domingo el Teatro Kursaal con su musical ‘El flautista de Hamelin’, uno de los mejores espectáculos infantiles que hemos visto en Melilla.

Los niños, la mayoría quizás demasiado pequeñitos, aguantaron el tipo, siguieron atentos la historia, se sorprendieron cuando la ciudad de Hamelin se llenó de ratas y rieron y aplaudieron a los actores murcianos.

Les conquistó especialmente el alguacil (Sergio Alarcón), que con su “Tiki, tiki, tiki, tiki...” se los metió en el bolsillo antes del momentazo en que se le rompen los pantalones y deja al descubierto su ropa interior roja. Ya en ese punto rodaron las carcajadas y los aplausos por el patio de butacas.

Aunque en teatro raras veces se habla de presupuesto por aquello de que la gente no entiende el dinero que se gasta en Cultura, no hay que ser muy avispado para reconocer que ‘El flautista de Hamelin’ de Nacho Vilar Producciones no está hecho con palitos y cañitas. La escenografía es majestuosa. La iluminación es divina y la música, lo principal en un musical, acaricia los oídos.

Lo hace especialmente cuando cantan la niña del cuento (Rosalía Bueno) y el niño de la muleta, interpretado por el actor cubano Alain Lapinel, al que no se le nota ni de lejos el deje caribeño. Los dos estuvieron de cine.

Dirigida por Encarna Illán, la obra de la compañía murciana fue el plato fuerte del programa de la Fundación Cajamurcia para la Navidad pasada. Año tras año tiran la casa por la ventana. Y la gente de Murcia, tan hecha a ver teatro, lo agradece. Es uno de los pocos lujazos que sobrevivieron a la crisis.

Hemos tenido suerte de que gracias al programa Platea, la iniciativa estatal de circulación de espectáculos de Artes Escénicas, contactaran a esta compañía para presentarse en Melilla.

El propio Nacho Vilar comenta a El Faro que les sorprendió la solicitud porque nunca antes habían traído ninguno de sus muchos y muy buenos montajes a la ciudad.

De Melilla se va encantado. Él y toda su compañía, asombrada con la belleza del Pueblo, lo bien que se come en La Gaviota y en Casa Sadia y la soberbia de los edificios modernistas de la Avenida. No se lo esperaban.

Por suerte para nosotros, Nacho Vilar Producciones regresará a Melilla próximamente con otro espectáculo.

Ahora continuará de gira con ‘El flautista de Hamelin’, que ya se ha visto en Murcia, Salamanca, Tomelloso y Melilla.

En este rinconcito de África nos quedamos con la voz y la pose del alcalde de Hamelin (Paco Beltrán) que, pese a ser el malo de la obra, fue uno de los más reclamados por los niños para hacerse una foto al finalizar el espectáculo. Bueno, no de todos. Algunos se quedaron mirándolo creyendo que tenían delante al malvado político.

Y, por cierto, las fotos sin cobrar 5 eurazos, como nos hacen otras compañías de medio pelo que vienen a Melilla, hacen ellos la fotografía y de paso recaudan una pasta a costa de la ilusión de los niños.

Me he dejado casi para el final la actuación de Jacobo Espinosa (el padre) y de Toñi Olmedo (la madre) porque ellos sostienen la obra. Funcionan como dos pilares de ‘El flautista de Hamelin’ que hemos visto en Melilla, en versión de Juan Montoro Lara.

Cierro con Adrián Quiñones, el flautista que libra al pueblo de las ratas y que ante la imposibilidad de cobrar las 100 monedas de oro prometidas como pago, se lleva a los niños consigo. Su personaje llena de magia el teatro, sobre todo cuando aparece en uno de los laterales del patio de butacas. En Melilla dejó boquiabiertos a muchos niños que no se explicaban cómo podía haber salido de la nada. Así, de repente.

El montaje de Nacho Vilar Producciones es un bombón y queremos más como éste en Melilla. Y si puede ser, con más y mejor difusión para que se enteren todos.

Tags: La Jabalina

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