El puerto de Melilla no recibe todos los días a un coloso del mar. No uno cualquiera, sino un buque que concentra en sus 82 metros de eslora tecnología, músculo operativo y una misión importante como pocas. Proteger, vigilar y salvar vidas en aguas nacionales e internacionales. La llegada del buque oceánico multifunción Duque de Ahumada marca un hito para la ciudad autónoma y para la propia Guardia Civil, que presenta en sociedad su embarcación más grande y avanzada hasta la fecha.
El Duque de Ahumada atracó en Melilla en la tarde del miércoles 14 de enero como parte de una gira de presentación por las provincias costeras españolas. No se trata de una visita rutinaria. El objetivo es acercar a la ciudadanía el trabajo que realiza el Servicio Marítimo de la Guardia Civil y mostrar, sin artificios, las capacidades reales de un buque concebido para operar en los escenarios más complejos del mar.
Desde el muelle, su silueta impone. Cinco cubiertas, helipuerto, embarcaciones rápidas, tecnología de última generación y una autonomía que le permite permanecer hasta 30 días en la mar sin tocar puerto. No es solo un simple barco, es una plataforma flotante preparada para misiones de vigilancia marítima, control de fronteras, lucha contra el narcotráfico, apoyo a la inmigración irregular, protección del patrimonio arqueológico sumergido y control de la actividad pesquera.
El teniente coronel Eduardo Lobo, jefe del Grupo Marítimo del Estrecho —unidad a la que está adscrito el buque—, lo ha resumido con precisión durante la visita oficial de las autoridades celebrada este viernes a las 09:00 horas. “Es ahora mismo el mayor barco que tiene la Guardia Civil y está enfocado a múltiples actividades. Por eso hablamos de un buque oceánico multifunción”.
Las cifras hablan por sí solas. Con 14 metros de manga, 6 de puntal y un calado de 4,70 metros, el Duque de Ahumada puede operar en toda la demarcación marítima española, incluyendo la península, Ceuta, Melilla y Baleares. Su velocidad máxima alcanza los 18 nudos, aunque el verdadero espectáculo llega cuando entran en acción sus embarcaciones de intervención rápida. Una de ellas, equipada con dos motores de 500 caballos, supera los 60 nudos, más de 100 kilómetros por hora sobre el agua.
“Eso es lo que más llama la atención a la gente”, reconoce Lobo. “No solo a los niños, también a los adultos. Las preguntas siempre van hacia esas embarcaciones de alta velocidad”.
Pero el buque no vive solo de la acción. En su interior hay una ciudad perfectamente organizada para resistir largos periodos de navegación. A bordo conviven guardias civiles y personal civil en una tripulación mixta de entre 24 y 26 personas. Oficiales de puente, de máquinas, marineros, engrasadores y cocineros se relevan en turnos de ocho horas de trabajo y el resto de descanso, durante navegaciones que suelen durar quince días.
La vida cotidiana se articula alrededor de la disciplina naval, pero también de espacios comunes. Cocina, comedor, gimnasio, camarotes, enfermería y una completa zona hospitalaria. Hay, además, una amplia sala de náufragos con capacidad para más de un centenar de personas, separada por zonas para hombres y para colectivos vulnerables como mujeres y niños, equipada con duchas y aseos. Incluso dispone de morgue, una realidad dura pero necesaria en operaciones de rescate en alta mar.
La tecnología es otro de sus pilares. El Duque de Ahumada cuenta con un vehículo submarino operado remotamente (ROV) capaz de inspeccionar hasta 1.000 metros de profundidad, drones, sistemas avanzados de navegación y comunicaciones, y capacidad para transportar hasta cuatro contenedores de 20 pies, uno de ellos refrigerado. A Melilla han llegado dos de estos contenedores, actualmente vacíos, destinados a la Comandancia para almacenaje.
Pese a llevar apenas tres meses de servicio, el historial operativo del buque ya es significativo. En su primera navegación de pruebas, en aguas del Cantábrico, rescató a los 14 tripulantes de un pesquero de La Coruña que se estaba hundiendo. Desde entonces, ha participado en varias operaciones contra el narcotráfico tanto en el Golfo de Cádiz como en el mar de Alborán.
El salto cualitativo que supone esta embarcación también se refleja en su financiación. El buque tuvo un coste de 34 millones de euros, de los cuales el 90% ha sido financiado por la Comisión Europea. A cambio, España se compromete a que el Duque de Ahumada participe durante al menos cuatro meses al año, y durante una década, en misiones europeas, principalmente bajo el paraguas de Frontex.
Sin embargo, no todo son operaciones visibles. Una parte menos conocida, pero igualmente relevante, es la labor de control pesquero y protección del patrimonio subacuático. La Guardia Civil mantiene acuerdos permanentes con distintos ministerios, como el de Agricultura, Pesca y Alimentación, para la vigilancia de campañas pesqueras. En breve, el buque se desplazará al Cantábrico para participar durante mes y medio en la campaña de la caballa, con inspectores de pesca a bordo.
También se encarga de localizar e incautar redes de deriva ilegales, especialmente en el Estrecho y el mar de Alborán, utilizando medios especializados como un alador de redes similar al de los barcos pesqueros. Y, de forma periódica, realiza labores de vigilancia sobre pecios y restos arqueológicos sumergidos, en colaboración con las administraciones culturales.
La visita a Melilla culmina con una jornada de puertas abiertas este viernes 16 de enero, de 16:00 a 18:30 horas, organizada por la Comandancia de la Guardia Civil y la Autoridad Portuaria. Una oportunidad poco frecuente para que la ciudadanía acceda a la zona restringida del puerto y recorra un buque que, habitualmente, solo se ve desde lejos. Durante la visita, además, se expondrá material de las distintas especialidades de la Comandancia.
Tras esta escala, el Duque de Ahumada pondrá rumbo de nuevo al mar de Alborán para una breve misión de vigilancia antes de regresar a su base en Cádiz. Allí continuará una vida útil que, según las estimaciones, puede prolongarse entre 30 y 35 años.
En ese tiempo, este gigante seguirá surcando las aguas con un propósito firme: estar donde haga falta. Y Melilla, durante unos días, ha tenido el privilegio de ser uno de esos puertos donde la Guardia Civil se muestra, se explica y se deja conocer, cubierta a cubierta, como lo que es. Un servicio público que también navega.








