El debate sobre el turismo de cruceros en Melilla ya no gira en torno a una hipótesis, sino a una realidad en marcha. Esa fue una de las conclusiones más repetidas tras el foro-coloquio ‘Huella social en destino del turismo de cruceros’, organizado por el Grupo Faro en el Hotel Melilla Puerto, y que reunió a autoridades, expertos del sector, representantes empresariales, técnicos de la Administración y agentes sociales.
Más allá de las ponencias y del análisis técnico desarrollado durante la jornada, el verdadero pulso del encuentro se midió al final del acto, cuando distintos asistentes ofrecieron su valoración sobre lo escuchado y reflexionaron sobre una pregunta clave: ¿está Melilla preparada —y dispuesta— a convertirse en un destino de cruceros consolidado? La respuesta, con matices, fue mayoritariamente afirmativa, aunque acompañada de una advertencia común: el éxito no llegará sin implicación colectiva, adaptación del tejido económico y una profunda transformación cultural.
El crucero como oportunidad
Desde el ámbito del emprendimiento, Gabriel Gonzálvez, presidente de la Asociación Clúster de Emprendimiento Melilla, destacó el valor del foro como espacio de encuentro y alineamiento entre actores clave. Para Gonzálvez, la participación del clúster en este tipo de iniciativas forma parte de su razón de ser: apoyar proyectos que miran al futuro y que generan oportunidades reales para la ciudad.
En su valoración, subrayó que Melilla ya es, de hecho, un destino de cruceros, especialmente tras la llegada de operadores especializados como ITM. El verdadero reto, apuntó, está en seguir avanzando para que el impacto económico sea plenamente productivo a partir de 2027, cuando las infraestructuras y la operativa estén completamente desarrolladas. La clave, insistió, es no detener el impulso inicial y mantener una hoja de ruta clara.
El empresariado ante un cambio de modelo
Una reflexión especialmente significativa fue la del presidente de la Confederación de Empresarios de Melilla (CEME-CEOE), Enrique Alcoba, quien puso el foco en el cambio estructural que vive la economía local. Alcoba reconoció que el modelo comercial tradicional, vinculado durante décadas a la frontera, ha cambiado de forma irreversible y que mirar al pasado ya no ofrece soluciones.
En ese contexto, el turismo —y en particular el turismo de cruceros— aparece como una de las alternativas más realistas para dinamizar la economía. No obstante, Alcoba advirtió de que el éxito dependerá de la capacidad del empresariado para adaptarse: horarios, idiomas, oferta comercial y mentalidad deberán evolucionar para responder a las expectativas del crucerista.
Desde la Confederación, explicó, se trabaja de forma coordinada con la Autoridad Portuaria y el Gobierno de la Ciudad, y anunció iniciativas concretas como la promoción de Melilla en el ámbito de las agencias de viaje andaluzas, con visitas programadas que buscan posicionar la ciudad como destino turístico competitivo.
Las pymes y la necesidad de reinventarse
En la misma línea, Francis Serón, presidenta de Cepyme Melilla, insistió en que el foro ha servido como un ejercicio colectivo de reflexión sobre el futuro. Desde la perspectiva de las pequeñas y medianas empresas, defendió que el momento actual exige reinventarse y explorar nuevas vías de actividad económica.
Serón señaló que el turismo de cruceros no es una promesa abstracta, sino una apuesta concreta que ya está dando resultados en otros puertos, donde los empresarios locales perciben un impacto directo en la economía. Para las pymes melillenses, subrayó, el reto pasa por anticiparse, prepararse y apostar de forma decidida por este nuevo escenario.
La presidenta de Cepyme valoró especialmente el papel del Grupo Faro como impulsor de debates que ayudan al empresariado a pensar en clave estratégica y a comprender que el futuro de la ciudad pasa por la diversificación y la innovación.
Innovación y desarrollo económico
Desde el ámbito institucional, Jesús Martínez García, director general de Innovación Tecnológica de la Ciudad Autónoma, aportó una visión transversal del fenómeno. Para Martínez, Melilla no solo tiene potencial para ser destino de cruceros, sino que ya lo es, aunque todavía queda margen para explotar todas sus posibilidades.
Su conclusión fue clara: el turismo de cruceros representa una de las grandes oportunidades económicas de Melilla en los próximos años, pero su impacto no debe limitarse a la hostelería y el comercio. Existen múltiples actividades complementarias —tecnológicas, culturales, logísticas, creativas— que pueden beneficiarse de este crecimiento si se diseñan estrategias adecuadas.
Martínez apeló a la implicación de toda la ciudadanía, empresas y administraciones para aprovechar esta ventana de oportunidad y generar un ecosistema económico más sólido y diversificado.
La experiencia del territorio
Una de las perspectivas más pegadas al terreno fue la de Jennifer Aragón, guía turística de Tu Guía en Melilla, quien valoró el foro como una herramienta esencial en una fase clave del desarrollo del turismo de cruceros en la ciudad.
Aragón destacó la importancia de que entidades públicas y privadas trabajen de manera conjunta para planificar, gestionar y diseñar estrategias que permitan ofrecer una experiencia de calidad al visitante. Reconoció que el turismo de cruceros genera debates y detractores, pero defendió que, con una planificación adecuada, puede convertirse en un motor económico fundamental, respetuoso con el entorno y beneficioso para la población local.
Desde su experiencia directa con los visitantes, subrayó que Melilla cuenta con un relato histórico, cultural y humano diferencial que debe ser correctamente comunicado y puesto en valor.
Ámbito político
En el plano político, la diputada de Coalición por Melilla, Dunia Almansouri, recordó que el turismo de cruceros ya figuraba como eje estratégico en el plan aprobado en la legislatura anterior. Para Almansouri, este modelo turístico es una herramienta para poner a Melilla en el mapa, generar confianza en las empresas que desean invertir y atraer otros perfiles de visitantes.
La diputada incidió en la importancia de que exista un alineamiento real entre administraciones, sector privado y ciudadanía para ofrecer al crucerista servicios de calidad y una acogida acorde con las expectativas. En su opinión, foros como el organizado por el Grupo Faro son esenciales para que los agentes implicados comprendan de primera mano los beneficios y responsabilidades que conlleva este modelo.
Operativa portuaria
Desde dentro del propio puerto, Ernesto Monteiro, director operativo de Port Melilla, resaltó la utilidad del foro para conocer experiencias de otros destinos y proyectar el camino que Melilla debe recorrer. Monteiro subrayó la importancia de trabajar en equipo, no solo desde la Autoridad Portuaria, sino junto al resto de la sociedad, para maximizar la derrama económica y garantizar una experiencia diferenciada al visitante. Además, adelantó que el primer crucero de ITM llegará a la ciudad autónoma el 22 de abril.
Para el responsable operativo, Melilla tiene un valor añadido difícil de replicar: su patrimonio histórico, su diversidad cultural y el carácter acogedor de sus habitantes. Convertir esos elementos en una experiencia memorable es, a su juicio, uno de los grandes desafíos y, al mismo tiempo, una de las mayores oportunidades.
Melilla, como destino de cruceros
Si hubo una idea que atravesó de principio a fin todas las valoraciones recogidas tras el foro fue la necesidad de creérselo. Creer, sin reservas ni complejos, que Melilla puede competir en un escenario turístico exigente y global; que es capaz de adaptarse a nuevas dinámicas económicas sin renunciar a su esencia; y que puede construir un modelo propio, reconocible y sostenible, que no imite a otros destinos, sino que se apoye en aquello que la hace distinta.
El turismo de cruceros no se presenta como una solución inmediata ni como una fórmula milagrosa capaz de resolver por sí sola los desafíos estructurales de la ciudad. Pero sí emerge, cada vez con mayor claridad, como una pieza estratégica dentro de un proceso más amplio de transformación económica, social y cultural. Un proceso que exige inversión pública y privada, coordinación real entre administraciones, implicación activa del tejido empresarial y, sobre todo, una mirada colectiva capaz de entender que el visitante no es una amenaza, sino una oportunidad compartida.
Abrirse al turismo de cruceros implica repensar la ciudad: sus horarios, sus servicios, su forma de mostrarse y de contarse. Implica preparar al comercio, a la hostelería, a los guías, a los transportes, pero también al ciudadano, para convivir con una nueva realidad sin perder identidad ni autenticidad. Porque el verdadero valor de Melilla —como se subrayó una y otra vez durante la jornada— no está solo en sus murallas, en su modernismo o en su posición estratégica, sino en su carácter, en su diversidad y en su capacidad de acogida.
El foro impulsado por el Grupo Faro dejó una conclusión clara: el debate ya no es si Melilla debe apostar por el turismo de cruceros. Ese paso ya se ha dado. La cuestión ahora es cómo hacerlo bien, cómo convertir cada escala en una experiencia memorable, cómo lograr que la riqueza generada se distribuya y se quede en la ciudad, y cómo construir un modelo que perdure en el tiempo.
En esa reflexión compartida, aún en construcción, Melilla empieza a reconocerse a sí misma como destino, a mirarse con otros ojos y a ensayar respuestas colectivas a los retos del futuro. Un futuro que no llegará de la noche a la mañana, pero que, paso a paso, comienza a tomar forma.







