Si algo necesita hoy en día Melilla es que haya inversores dispuestos a poner en marcha proyectos que apuesten por el futuro de la ciudad. No es fácil conseguir que haya empresas dispuestas a arriesgar aquí su capital y por eso resulta del máximo interés que se produzca una colaboración público-privada capaz de desarrollar sectores todavía necesitados de infraestructura y que, además, puedan ser un motor para paliar en todo lo posible la grave crisis que atraviesa, por ejemplo, el comercio.
Partiendo de esa premisa es comprensible que la Ciudad Autónoma y la Autoridad Portuaria hayan gestionado la llegada del grupo mexicano ITM a Melilla. Se trata de una multinacional con amplia trayectoria en la construcción de puertos para cruceros, fundamental en el incipiente modelo de turismo que se pretende atraer y que podría constituir una buena fuente de ingresos para comerciantes y hoteleros, además del resto de profesionales relacionados con esta industria, como guías, taxistas y autobuses, fundamentalmente.
Los mexicanos están dispuestos a invertir su dinero en la ciudad y por eso es lógico que se les atienda como se debe. Ningún empresario local puede quejarse de que se abra una línea de negocio que puede ser también beneficiosa para ellos si se ponen las pilas y actúan con la astucia con que se desenvuelven en otros puertos receptores de cruceristas. Por ejemplo, en Gibraltar hacen cupones con descuentos especiales si compran en determinados lugares e incluso se les reparten en el barco antes de que lleguen a puerto, de manera que cuando bajan del barco saben perfectamente dónde pueden dirigirse para aprovechar las rebajas especialmente destinadas para ellos.
El turismo de cruceros y la llegada de ITM Group a esta ciudad no puede verse jamás como un peligro ni como una amenaza, porque es una oportunidad. Y por eso resulta tan artificial el discurso de los grupos de la oposición contra el cierre de cierto local de copas de Puerto Noray, que tratan de utilizar para cargar contra los gobernantes populares poniendo como pantalla una situación sin más razón de ser que la situación económica de la empresa explotadora del establecimiento.
Ojalá fueran siquiera media docena los inversores del tamaño de ITM Group que quisieran traer capital a Melilla. Eso sí que sería una apuesta seria por el futuro melillense, no la postura de esas plañideras que buscan cualquier excusa para condenar las gestiones del Gobierno local y a las que no les importaría condenar a la ciudad al desastre económico con tal de pretender arañar un puñado de votos. Son incapaces de ver más allá y entender que crear un clima de polémica por algo tan nimio puede desalentar a cualquiera que esté planteándose venir a Melilla.







