Las terrazas vuelven a llenarse al caer la tarde. En el Pueblo, los grupos de visitantes hacen fotos a las murallas mientras preguntan por el tour del modernismo. En el puerto y el aeropuerto desembarcan viajeros que llegan para pasar unos días, y en los hoteles el teléfono sigue sonando con reservas de última hora. No es una avalancha turística como la que viven otros puntos del Mediterráneo, pero sí un verano que confirma una tendencia. Melilla continúa ganando visitantes.
La temporada estival de 2026 ha comenzado con optimismo entre empresarios, hoteleros y hosteleros. Después de varios años intentando consolidar la ciudad como destino turístico, las sensaciones son positivas. Los establecimientos hoteleros rondan una ocupación del 80%, una cifra que consideran satisfactoria para una ciudad con una oferta de alojamiento mucho más limitada que la de otros destinos españoles. Además, las reservas de última hora, habituales durante julio y agosto, podrían mejorar todavía esos datos.
Un turismo diferente
Melilla juega una liga diferente. Aquí no existen kilómetros de hoteles frente al mar ni grandes complejos vacacionales. La ciudad cuenta con poco más de 800 plazas hoteleras, repartidas entre hoteles, hostales y pensiones, una capacidad reducida que convierte cualquier incremento de visitantes en una buena noticia para el sector.
Precisamente esa dimensión permite ofrecer una experiencia distinta. Quien visita Melilla suele buscar patrimonio, arquitectura modernista, gastronomía, playas tranquilas o simplemente conocer una ciudad española con una personalidad única en el norte de África.
Las cifras respaldan la sensación de mayor movimiento que se percibe estos días en las calles de Melilla. Los datos del Instituto Nacional de Estadística (INE) muestran que los hoteles de la ciudad llegan al verano con una evolución positiva. Entre enero y mayo de 2026 se registraron 56.302 pernoctaciones, es decir, más de 56.000 noches de hotel vendidas antes incluso del inicio de la temporada alta.
Si se compara con el mismo periodo del año pasado, el balance también es favorable. Entre enero y mayo de 2025 los establecimientos hoteleros contabilizaron 54.733 pernoctaciones, por lo que este año se han sumado 1.569 noches más, un incremento cercano al 3%. Puede parecer un crecimiento moderado, pero confirma que Melilla mantiene una tendencia al alza y afronta el verano con mejores cifras que hace un año.
Los hoteles confían en julio y agosto
El sector hotelero reconoce que junio ha respondido a las expectativas. Las reservas nacionales siguen siendo mayoritarias, aunque también llegan viajeros extranjeros y personas vinculadas a las conexiones marítimas y aéreas.
Como ocurre cada verano, muchos clientes esperan hasta el último momento para confirmar sus vacaciones, por lo que las previsiones pueden mejorar conforme avance la temporada.
Además, este verano la ciudad dispone de algunas conexiones aéreas estacionales que facilitan la llegada de visitantes desde otros puntos de España, ampliando la oferta habitual de destinos.
La hostelería
Donde primero se aprecia la llegada de visitantes es en las cafeterías, restaurantes y bares.
Las terrazas del centro registran una mayor afluencia durante las tardes y las noches, especialmente los fines de semana. La combinación de turistas, melillenses que regresan para pasar las vacaciones y residentes que disfrutan del verano genera un ambiente más animado que durante el resto del año.
Los empresarios destacan que el consumo aumenta, aunque de forma desigual. Los establecimientos situados en las zonas más turísticas suelen beneficiarse más directamente del incremento de visitantes, mientras que otros dependen principalmente del cliente local.
Mejores perspectivas
España afronta un verano histórico para el turismo. Las previsiones nacionales apuntan a cifras récord de visitantes internacionales y un elevado gasto turístico, aunque también se observa una ligera reducción de la duración media de las estancias debido al incremento de los precios. La península espera recibir 43 millones de turistas internacionales entre junio y septiembre, un 6% más que el verano anterior, con un gasto estimado de 64.000 millones de euros.
Ese contexto beneficia indirectamente a destinos como Melilla, que buscan hacerse un hueco dentro de una oferta turística cada vez más diversa.
La ciudad continúa apostando por diferenciarse mediante la promoción cultural, el patrimonio modernista, la gastronomía y la organización de actividades durante los meses estivales.
El reto: crecer
A pesar de la mejora, los profesionales coinciden en que todavía queda camino por recorrer.
Uno de los principales desafíos continúa siendo la conectividad. Cuantas más opciones de transporte existan y más competitivos sean los precios de los billetes, mayor será la capacidad de atraer nuevos visitantes.
También resulta fundamental seguir ampliando la oferta turística, mejorar la promoción exterior y aprovechar proyectos de modernización que permitan incrementar el número de plazas hoteleras en los próximos años.
Quizá el mejor indicador del verano melillense no sea una estadística, sino una imagen cotidiana. Las terrazas llenas, el paseo marítimo con familias hasta bien entrada la noche, los visitantes descubriendo el modernismo y los restaurantes trabajando a buen ritmo.
Melilla no aspira a convertirse en un destino de turismo masivo. Su fortaleza reside precisamente en ofrecer una experiencia diferente, tranquila y cercana.
Este verano de 2026 parece confirmar que esa fórmula sigue funcionando. Los hoteles presentan buenos niveles de ocupación, la hostelería percibe un mayor movimiento y la ciudad vuelve a demostrar que, poco a poco, va encontrando su sitio en el mapa turístico español.








