Enero no engaña a nadie. No tiene el brillo de diciembre ni la promesa de los meses que vendrán. Es un mes sobrio, frío, largo y, para una parte de la población, especialmente difícil.
La conocida como "cuesta de enero" no es una exageración ni una frase hecha sin contenido: es una realidad que cada año se repite y que en Melilla adquiere una dimensión muy concreta, marcada por la precariedad, la subida del coste de la vida y la fragilidad económica de muchos hogares.
Tras las Navidades, el calendario cambia de tono. Se apagan las luces, se guardan los adornos y llega el momento de hacer cuentas. Para muchas familias, enero no es el inicio de un nuevo año, sino el mes en el que se pagan los excesos - voluntarios o no - de diciembre. Regalos, comidas familiares, celebraciones, salidas, viajes o simples detalles que se multiplican durante las fiestas dejan un rastro claro en las cuentas bancarias. Y cuando los ingresos no son suficientes o los ahorros son inexistentes, la cuesta se hace empinada.
Un concepto que va más allá del dinero
La cuesta de enero no es únicamente un fenómeno económico. Tiene una dimensión psicológica y social muy marcada. Enero es el mes de la vuelta a la rutina, del frío, de los días más cortos y de una cierta sensación de vacío tras semanas de encuentros y celebraciones. Si a eso se le suma la preocupación por el dinero, el resultado es un mes que muchos describen como "pesado", "eterno" o "agotador".
En Melilla, donde la vida social y familiar tiene un peso muy importante, el contraste entre diciembre y enero se nota con especial intensidad. Las calles pasan de estar llenas de actividad, compras y reuniones a mostrar un ritmo más lento, más contenido. Los bares tienen menos movimiento, los comercios notan la bajada de ventas y las conversaciones cotidianas giran en torno a lo mismo: "este mes hay que apretarse".
Melilla y su contexto económico
La situación económica de Melilla explica en gran medida por qué la cuesta de enero se vive aquí con especial énfasis. La ciudad presenta una elevada dependencia del empleo público, pero también una importante presencia de trabajos temporales, contratos precarios y economías familiares muy ajustadas. Muchas personas viven al día, sin margen para imprevistos y sin capacidad real de ahorro.
Además, el coste de la vida no ha dejado de subir en los últimos años. Productos básicos como la alimentación, la electricidad o los carburantes han experimentado incrementos que afectan de manera directa a los hogares. Aunque algunas subidas se hayan moderado, la percepción general es clara: el dinero llega cada vez a menos.
En ese contexto, diciembre se convierte en un mes de gasto casi inevitable. La presión social, el deseo de mantener tradiciones y la voluntad de que los niños no noten las dificultades empujan a muchas familias a gastar más de lo que pueden permitirse. Enero llega después para recordar los límites.
Enero, un mes muy duro
María José tiene dos hijas adolescentes y reconoce que la cuesta de enero es algo que vive todos los años con la misma sensación de agobio.
"Sabes que enero va a ser duro, pero aun así no puedes evitar gastar en Navidad. Los regalos, las comidas familiares, algún capricho... todo se va sumando".
María José explica que este mes ha tenido que reducir gastos al mínimo.
"Estoy mirando cada céntimo. El supermercado se ha convertido en un ejercicio de cálculo constante. Comparas precios, cambias marcas, quitas cosas del carro. Enero se me hace eterno porque todo es controlar, renunciar y esperar".
El comercio local
El pequeño comercio melillense es uno de los sectores que más nota la cuesta de enero. Tras una campaña navideña que no siempre compensa el resto del año, enero llega con una bajada drástica del consumo. Las rebajas, que tradicionalmente servían para animar las ventas, ya no tienen el mismo efecto.
Antonio asegura que "cada vez me cuesta más llegar a final de mes. Los precios han subido y ya no puedo gastar como antes. Antes sí que gastaba más en rebajas e intentaba "picar" algo. Ahora, es que ni me atrevo a entrar a las tiendas".
Familias al límite
Para quienes viven con ingresos ajustados, la cuesta de enero no es una excepción, sino una prolongación de una situación de fragilidad constante.
En muchos hogares melillenses, cada mes supone un ejercicio de equilibrio, y enero simplemente hace más visible esa realidad.
Lorena explica que en su casa la Navidad se ha vivido con sentimientos encontrados. "Quieres que los niños disfruten, que tengan regalos, que vivan la ilusión. Pero luego llega enero y lo notas muchísimo".
Cuenta que este mes han tenido que priorizar al máximo .
"Hay gastos que se aplazan, cosas que se dejan para más adelante. Enero es muy pesado porque sabes que no puedes permitirte casi nada extra".
La juventud y la precariedad
La cuesta de enero golpea con especial fuerza a los jóvenes. Muchos de ellos encadenan contratos temporales, trabajos por horas o período de desempleo. Para este colectivo, enero no supone solo un ajuste tras las fiestas, sino una continuación de la incertidumbre.
David, un joven melillense asegura que "en diciembre trabajé bastante por las cenas y eventos, pero enero es un bajón total. Menos turnos, menos hora y por lo tanto, menos dinero".
David reconoce que las fiestas le han pasado factura.
"En Navidad gastas más porque sales más, porque parece que todo invita a gastar. Luego llega enero y te arrepientes".
El supermercado
Uno de los lugares donde más se percibe la cuesta de enero es en el supermercado. Carros más pequeños, compras más calculadas y conversaciones sobre precios forman parte del paisaje habitual.
Rosa explica que su pensión no ha subido al ritmo de los precios. "No paso necesidad, pero enero es el mes en el que más cuidado tengo. Todo está más caro y el dinero no estira".
Sobrevivir a enero
A pesar de las dificultades, muchas familias desarrollan estrategias para afrontar la cuesta de enero. Ahorrar en pequeños gastos, compartir comidas, reducir salidas y apoyarse en el entorno cercano son prácticas habituales.
En Melilla, la red familiar sigue siendo un apoyo clave. Abuelos que ayudan, comidas compartidas y pequeños gestos de solidaridad hacen que enero sea más llevadero para algunos.
"Al final nos ayudamos entre todos", resume María José. "Eso es lo que nos permite aguantar".
Un mes que pone a prueba
La cuesta de enero no afecta a todos por igual, pero actúa como un termómetro social. Mide la capacidad de resistencia de los hogares, evidencia desigualdades y pone de manifiesto la fragilidad de muchas economías familiares.
En Melilla, enero no es solo un mes largo: es una prueba. Una prueba de paciencia, de contención y de resiliencia. Las luces de Navidad se apagan, pero las preocupaciones permanecen.
Cuando febrero se convierte en una meta
"Cuando pase enero" es una frase que se repite con insistencia. Febrero aparece como una especie de meta psicológica, aunque la realidad no cambie de un día para otro. Sin embargo, dejar atrás enero tiene un efecto liberador.
La cuesta de enero no desaparece, pero se suaviza. Y mientras tanto, Melilla, como cada año, aprieta los dientes, ajusta datos y sigue adelante, esperando que el nuevo año traiga algo más que cuentas pendientes.








