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Mascotas, humanidad

por Antonio Ramírez
10/08/2025 09:59 CEST
Mascotas, humanidad

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Forman parte de nuestra vida, de nuestras emociones, sentimientos y circunstancias. Soportan y comparten la soledad y la desazón, tanto como la alegría y el estímulo. Tan solo y a cambio, piden sin palabras la atención y el cuidado mínimos para ofrecerlo todo, todo lo que tienen. Esperan pacientemente el regreso y este siempre es festivo. Mascotas que se van demasiado pronto debido a su corto existir, pero este, para quien les protege y cuida, siempre es intenso e incondicional de principio a fin.

España sigue ocupando el triste honor de ser el país europeo con mayor abandono estival y, por ello, maltrato animal, una de “nuestras costumbres”. Por diversos motivos, se suspende en ese indispensable componente de la condición de la persona: el factor humanitario en la protección y cuidado de los animales, especialmente es los de compañía. No faltan otros ejemplos de cómo llegar al esperpento y la diversión a costa del daño. Los llamados “bous carrer”, la suelta de toros, empitonados de fuego, atados para ser apalizados o arrojados al vacío o al agua, colman una maraña de llamadas “tradiciones” de difícil encaje en la razón y racionalidad humanas.

Interesante sería comprobar la reacción de soltar a la carrera a algunos o algunas con llamaradas en la punta de las orejas y sin posibilidad de zafárselas mientras el rebaño jalea.

Ante este debate del porqué del ranking en el abandono y maltrato, siempre permanece viva la cuestión de las “corridas de toros”, la lidia, otra de “nuestras costumbres” para un sector. La lucha y muerte es defendida por autodenominados tradicionalistas como parte de nuestra identidad. Desde el respeto a quienes esa defensa la hagan por convicción, hay otra parte interesada en convertirla en arma arrojadiza política contra quienes no quieren la tauromaquia por ser símbolo de sufrimiento animal, cosa que lo es, por mucho arte que se le quiera adosar. Incluso se les afea, desde el afán patriotero y la vulgaridad manifiesta, de ser menos España, malos patriotas díscolos del amor patrio. Es curioso cómo, entre los defensores de la llamada “Fiesta Nacional”, hay quienes y por ocasión, parece como si no hubiesen salido nunca de la plaza ni abandonado el capote, eso sí desde el dinero público, asunto también cuasi anclado en la ideología, o al menos, lo piensan y ejecutan así.

Ahora, presente con cierto tufo a oscuro pasado en el que poner coto a la identidad y como cuestión política de enfrentamiento y chantaje se ciernen, cuando con fruición la Sanidad y Educación pierden en algunas zonas, al ser de su competencia, consistencia en lo público en favor del negocio de lo privado, esa “tradición” o rasgo de identidad nacional, como algunos defienden, también debiera ser motivo de financiación privada. No es cuestión de la intolerancia de prohibir, tan actual, sino de la lógica en el uso del peculio general. Humanismo y Toros, difícilmente se complementan.

Muchos pequeños animales, gatos y perros, se ven abandonados en nuestras calles, demasiados a merced de la compasión y el potencial humanitario de protectoras, entidades privadas o personas individuales que les procuran una mínima dignidad. Solo, a veces, alguna franja de luz asoma cuando en la búsqueda de la notoriedad mediática se anuncian programas institucionales de atención y que suelen quedar en poco, imágenes y palabras del momento.

Cuidar de las mascotas y fomentar la adopción mediante una dedicación razonable, necesitan poco, hace más humanos a quienes ejercen esos valores y esa responsabilidad. La única tradición ajena a la controversia, por otra parte, es la de la humanidad, no uniforme en la fe pero si igual en principios.

Tags: humanidadmascotas

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