Estamos acostumbrados a imaginarnos a Jesús contento mientras cumplimos con nuestro deber y, a lo mejor, mientras descansamos nos cuesta más. Sería bonito estos días aprender a descansar con el Señor, que ofrece alivio físico y espiritual a aquellos que están cansados y agobiados.
Se tira a la papelera la rutina, esa que, durante el año intentamos cumplir bien y también la que, un día gris con frío nos hizo sentir encadenados. Vacaciones es sentir una paz interior desde donde escucho que no necesito tener todas las respuestas.
Si tuviera que quedarme con una idea de los que para mí son las vacaciones sería enriquecimiento haciendo "otras cosas". Si no fuera por las vacaciones nos volveríamos locos. Las personas necesitamos descansar, cambiar de ambiente, hacer cosas nuevas, ver otros lugares.
Hacer actividades sin mirar las manillas del reloj: leer un nuevo libro, releer otro que ya me leí, el mar, un amigo, un helado, un plan improvisado, ir a un museo o al cine, jugar con mis hijos. Dedicar tiempo a escuchar a los demás comenzando por mi marido, hijos y parientes, y también dedicar tiempo a pensar.
Un buen síntoma de que las he vivido intensamente es que, en septiembre, me apetece volver a la cotidianidad y mi vida me parece maravillosa. Sentir que tengo mucha suerte y que soy una privilegiada de la vida porque tengo gente que me quiere.









