La Feria del Libro se ha instalado en Melilla. Varias actividades programadas en la ciudad tuvieron lugar durante la mañana y la tarde en diferentes puntos del centro urbano. En el Parque Hernández, las casetas abrían sus ventanas, colocaban sus libros y recibían tanto a los vecinos y vecinas que paseaban por la zona ajardinada como a escritores y escritoras que encontraban allí una de las principales razones de ser de este tipo de encuentros: explorar, compartir y crear a través de la interacción directa con el público.
Y es que las ferias permiten precisamente eso, el acercamiento entre la cultura, el conocimiento y la imaginación contenida en palabras escritas, ilustraciones y fotografías, y las personas que las leen, contemplan y hacen suyas. Durante unos días, los libros abandonan las estanterías para ocupar el espacio público y encontrarse cara a cara con quienes les dan sentido.
Esta tarde, además, la Asociación Nana volvió a tejer lazos entre la expresión artística, la infancia y los proyectos culturales de la ciudad. Allí, entre casetas y carpas instaladas bajo el fondo frondoso de palmeras y árboles centenarios, los niños y niñas de la asociación regalaron uno de los momentos más emotivos de la inauguración. A través de la música y el movimiento construyeron un instante único, un pequeño viaje emocional que logró detener durante unos minutos el ir y venir de visitantes y curiosos.
Distintas actuaciones precedieron a las declaraciones institucionales y a las presentaciones de libros y talleres infantiles programados para la jornada. Por un momento, el mundo de la lectura pareció detenerse para observarlos. Los pasos y las conversaciones dieron paso a la contemplación, la emoción y los aplausos de quienes abrazaban con su pausa la escena de la danza mimetizándose con el espacio urbano.
Tras la actuación y la fotografía de familia, Francisco Díaz, presidente de la Fundación Melilla Monumental y representante de la consejera de Cultura, Fadela Mohatar, se dirigió a los medios para inaugurar oficialmente la Feria del Libro. Durante su intervención destacó el valor que los libros han tenido para la humanidad como vehículo de transmisión del conocimiento y subrayó la importancia de una cita que cada año ocupa un lugar destacado en el calendario cultural melillense.
Díaz recordó que la programación se extenderá hasta el próximo domingo con actividades repartidas entre el Parque Hernández, el Rastro y otros espacios de la ciudad. También puso en valor la participación de entidades y empresas locales vinculadas al mundo editorial y de la lectura, así como el trabajo desarrollado por la Asociación Nana, de cuya labor con los menores destacó su compromiso educativo y cultural.
Asimismo, reivindicó el esfuerzo que existe detrás de cada una de las iniciativas impulsadas desde la Consejería de Cultura y defendió el modelo de actividad permanente que caracteriza a Melilla. Según señaló, la ciudad mantiene una programación constante a lo largo de todo el año gracias al trabajo de numerosas personas e instituciones que hacen posible este tipo de encuentros.
Concluidas las palabras de bienvenida, el público se fue acomodando en la carpa habilitada para las presentaciones literarias. Allí esperaba uno de los protagonistas de la tarde, Francisco Alcaraz Betoret, que regresaba a la ciudad para presentar La Melilla que yo viví, una recopilación de 130 láminas distribuidas en 275 páginas en las que recoge recuerdos de infancia, escenas cotidianas, costumbres y rincones de una ciudad que sigue ocupando un lugar central en su memoria.
Frente a él, personas de distintas generaciones ocupaban las banquetas dispuestas bajo la carpa. Muchos reconocían en las ilustraciones lugares familiares, espacios desaparecidos o escenas que forman parte de la memoria colectiva de varias generaciones de melillenses.
Betoret agradeció el apoyo recibido para la publicación del libro y aprovechó la ocasión para reivindicar su profunda vinculación con Melilla. Más de medio siglo después de abandonar la ciudad, aseguró que continúa sintiéndola como una parte inseparable de su identidad. Los olores del mar, la luz, los vientos de levante y poniente o los recuerdos de la infancia siguen acompañándole y constituyen el material con el que ha construido gran parte de su obra.
El autor explicó que muchas de las ilustraciones nacen de recuerdos conservados desde la niñez, episodios aparentemente cotidianos que permanecen grabados en la memoria con una intensidad que el paso del tiempo no ha conseguido borrar. Precisamente de esa capacidad para revivir el pasado surgieron unas láminas que han encontrado eco no solo entre los melillenses que permanecen en la ciudad, sino también entre quienes residen en distintos puntos de España y del extranjero.
Durante su intervención también destacó la necesidad de seguir difundiendo la imagen de Melilla fuera de sus fronteras. A su juicio, la ciudad continúa siendo una gran desconocida para muchas personas, pese a contar con un importante patrimonio y una sociedad caracterizada por su hospitalidad.
El artista concluyó definiendo el proceso creativo como una forma de regresar a aquellos momentos que marcaron su juventud. Volver a dibujarlos, afirmó, le permite revivir emociones y recuerdos que permanecían latentes. Una sensación que resumió con una imagen especialmente celebrada por los asistentes: representar estas escenas, dijo, supone para él que en el otoño de su vida aparezca un inesperado «salpullido de primavera».
Al finalizar el acto, mientras en las inmediaciones del Templete se reunían los participantes del taller infantil de Juan Heredia, Betoret tomó asiento para firmar ejemplares. Lo hizo con calma, dedicando palabras extensas y personales a cada lector que se acercaba con su libro bajo el brazo.
Así transcurrió el primer día de una Feria del Libro que impregnará la ciudad hasta el próximo domingo. Después, cuando las casetas desaparezcan y el Parque Hernández recupere su imagen habitual, las letras volverán a los bancos, a las casas, a las bibliotecas y a las librerías de la ciudad. Durante unos días, sin embargo, la vía pública se convierte en su hogar.








