Los mapas están ahí. Existen. Tienen coordenadas precisas, límites exactos y correcciones técnicas. Pero nadie los puede ver.
Hace 105 días, el 29 de mayo, Melilla reorganizó su territorio electoral redistribuyendo secciones censales completas. Según fuentes oficiales, ya están listos los "planos actualizados con las delimitaciones corregidas" que documentan los cambios. Estos mapas incorporan correcciones técnicas en vías específicas, detallan los nuevos límites entre distritos -especialmente donde se movieron las secciones 08-001 y 08-002- e incluyen coordenadas geográficas precisas para identificar exactamente dónde termina un distrito y empieza otro.
Pero estos planos permanecen invisibles para los 87.000 habitantes de la ciudad. No están en el boletín oficial. No figuran en el portal de transparencia. Es como si los mapas de la propia ciudad fueran clasificados.
Melilla no puede darse el lujo de la opacidad. Es la ciudad más pequeña de España: solo 12.3 kilómetros cuadrados encerrados entre el mar y la frontera marroquí. No puede expandirse. No puede crecer hacia los lados. Cada metro cuadrado cuenta, cada reorganización territorial es crucial, cada decisión administrativa impacta directamente en la vida de sus habitantes.
A diferencia de otras ciudades españolas que pueden expandirse horizontalmente, Melilla tiene límites geográficos absolutos. Solo le queda densificarse verticalmente y reorganizarse internamente. Por eso la redistribución de secciones censales no es un trámite burocrático: es supervivencia urbana.
Y por eso es más grave que los mapas estén ocultos.El precio de la dependencia
El secretismo es todavía más incomprensible considerando la fragilidad económica de Melilla. La ciudad tiene un PIB per cápita 34% por debajo de la media nacional y depende del 80% de financiación estatal. Necesita diversificación económica y optimización del gasto público para sobrevivir a largo plazo.
En este contexto, la transparencia no es un lujo: es una inversión. Una ciudad que depende tanto del Estado y tiene tan poco territorio debería mostrar al mundo que planifica de manera inteligente y eficiente. Los mapas técnicos con correcciones precisas podrían demostrar que Melilla sabe administrar sus escasos recursos territoriales.
Los hechos son claros. El 23 de mayo se publicó el último Boletín Oficial de Melilla antes de la reorganización. Seis días después se aprobaron los cambios territoriales. Desde entonces, la ciudad ha publicado más de doce boletines oficiales -el último el 4 de agosto- sin incluir ni un solo mapa.
La documentación existe, según confirman las fuentes oficiales. No es un problema técnico. Melilla tiene portal web, sistema de boletín digitalizado y Portal de Transparencia operativo. Publicar los mapas requiere solo una decisión política.
Mientras tanto, otras ciudades españolas han convertido la transparencia cartográfica en rutina administrativa. Ceuta publica mapas urbanos actualizados. Andalucía opera un visor cartográfico interactivo. El País Vasco facilita descarga libre de cartografía oficial.
Las consecuencias son inmediatas. Los residentes de las zonas afectadas no pueden verificar a qué distrito pertenecen electoralmente. Los medios no pueden evaluar si la reorganización es técnicamente sólida o deficiente. Los expertos en planificación urbana no pueden aprender de una experiencia que podría ser valiosa para otras ciudades con limitaciones territoriales.
En una democracia, las decisiones que afectan el mapa electoral deben ser transparentes y verificables. En Melilla, 105 días después de la reorganización, los mapas siguen siendo un misterio.
Una ciudad de 12.3 kilómetros cuadrados, con dependencia económica masiva y limitaciones territoriales absolutas, no puede permitirse el lujo de esconder información que podría demostrar su capacidad de planificación inteligente.








