La mañana transcurría con aparente calma este sábado. El calor apretaba con fuerza desde primera hora, mientras las calles apenas registraban movimiento. Sin embargo, a pocos metros del mar, a medida que uno se acercaba, un sonido de tambores comenzaba a adueñarse del ambiente. Bastaba con seguir el ritmo de la percusión y dejarse guiar por el viento que acompañaba a la charanga para descubrir el origen de la música.
Entre los arcos de la planta rectangular del que antiguamente conocido, como recuerdan las vecinas de la zona, como el quinto bloque de Álvaro de Bazán, se concentraban los cabezudos, la charanga y un grupo de familias con niños pequeños. Las residentes, que llegaban cargadas con la compra, aprovechaban para recordar que, tras tres años y medio de obras, aún continúan esperando la finalización de los trabajos en el suelo y denuncian la existencia de cables y ventanas dañadas.
En ese patio vecinal resonaban los acordes de la charanga mientras los cabezudos cobraban vida entre saludos, bailes y fotografías. Atravesaron después los arcos para fundirse con la calle y avanzar hacia la urbanización de El Carmen, no sin antes detenerse en los establecimientos colindantes, donde fueron recibidos con la misma alegría que transmitían la música y los propios personajes, que recorrieron incluso los pasillos del supermercado despertando sonrisas entre clientes y trabajadores.
El pasacalles continuó por la calle Teniente Casaña, donde La Casa del Detalle ultimaba los preparativos de los juegos infantiles y del hinchable para la llegada de los más pequeños. A escasos metros, la comida popular también comenzaba a tomar forma. Cuatro jóvenes pinchaban cuidadosamente la carne y el pollo para preparar los tradicionales pinchitos mientras adelantaban parte del menú que se serviría durante la jornada: espetos, paella, pinchitos, callos, ensaladilla y otras propuestas. La elaboración ya estaba en marcha para una comida popular que serviría de antesala a una programación que se prolongaría durante toda la tarde y la noche.
No en vano, este sábado era considerado por muchos vecinos como "el día grande" de las fiestas dedicadas a la patrona de los marineros, a la Virgen del mar. Una jornada intensa que, además, tendría continuidad el domingo. Tal y como adelantaban los propios residentes, la calle contará con una pantalla gigante para seguir la final de la Copa del Mundo, uniendo así la programación en honor a la Virgen del Carmen con la gran cita deportiva del momento, la final entre España y Argentina. Dos días de actividades intensas, marcados por un profundo carácter popular y vecinal.
Mientras tanto, los cabezudos siguieron su recorrido adentrándose en la urbanización de El Carmen. El sonido de la charanga y el baile despertaban la curiosidad de quienes se asomaban por las ventanas. Otros decidían bajar a la calle para unirse a la celebración o simplemente se encontraban con el desfile durante su paseo y permanecían observándolo y disfrutando del ambiente. Los propios cabezudos no dudaban en invitar a pequeños y mayores a bailar con ellos. Cogidos de las manos y al son de la música, el pasacalles se convirtió también en un espacio de encuentro, diversión y movimiento.
El conjunto de charanga y cabezudos continuó hasta la urbanización Minas del Rif, donde puso el broche a su actuación frente a la Asociación de Vecinos Hipódromo. Allí concluyó el recorrido, mientras muchos de los niños que los habían acompañado durante el trayecto se dirigían ya hacia la vía principal donde se concentraba el resto de la programación en la calle Teniente Casaña.
Los juegos estaban completamente preparados, al igual que la barra gestionada por el Café Kursaal donde apoyaba las labores la propia cantante María Mendoza. Durante este fin de semana, Mendoza abandonaba los escenarios y se recogía en la caseta para ayudar a servir bebidas y comida durante las jornadas de este fin de semana.
Todo estaba dispuesto para dar comienzo a la actividad infantil. El hinchable pronto se llenó de pequeños que no dejaban de subir y bajar, mientras los juegos elaborados con materiales reciclados reunían a decenas de familias. El tira la lata, el tangram, las dianas, el efecto dominó, las chapas y distintas pruebas de coordinación, ingenio, destreza y habilidad fueron algunas de las propuestas que despertaron un mayor entusiasmo entre el público infantil y familiar.
La mañana dejó así un marcado ambiente festivo y familiar, con un claro protagonismo de los más pequeños, recorriendo distintos puntos del barrio del Hipódromo hasta desembocar en la vía principal de la celebración. Allí, los murales recuerdan el vínculo del barrio con el mar, los pescadores y la gente de mar de Melilla. "Ningún mar en calma hizo experto a un marinero", reza uno de ellos, una frase que resume el espíritu de un barrio que, un año más, volvió a encontrarse en torno a sus fiestas en honor a la Virgen del Carmen.








