La Copa Mundial de Fútbol que se ha celebrado en Estados Unidos, México y Canadá ha contado con grandes novedades organizativas y, sobre todo, una revolución tecnológica sin precedentes marcada por el uso oficial de la Inteligencia Artificial (IA) en todas las selecciones.
Este escenario ha situado la tecnología en el centro del juego gracias a una alianza estratégica de la FIFA para democratizar el análisis deportivo. No obstante, Enrique Puertas, profesor de IA y Big Data de la Universidad Europea, ha advertido de que “las predicciones algorítmicas que han inundado las redes deben tomarse con cautela”.
Puertas ha explicado que, a pesar del enorme avance de los sistemas generativos como ChatGPT, Gemini o Claude, las herramientas de IA no han sido adivinas, sino sofisticados modelos de cálculo de probabilidad que han dependido exclusivamente de la información que conocen. Variables cotidianas y humanas como el descanso nocturno de una estrella de fútbol, la digestión de los jugadores o el propio acierto arbitral han escapado a cualquier algoritmo de predicción.
"Incluso en un caso utópico donde hubiéramos tenido todos los datos posibles, la probabilidad matemática condicionada de que un equipo gane los ocho partidos del torneo ha sido extremadamente baja, situando a las selecciones favoritas con un porcentaje de éxito de apenas el 15 %".
En el terreno de juego, las selecciones han exprimido al máximo un modelo especializado proporcionado de forma oficial por la FIFA que, tal y como ha expuesto Puertas, ha procesado millones de datos en tiempo real.
“La FIFA se ha aliado con dos grandes proveedores de tecnología para ofrecer datos y modelos de IA avanzados a todas las selecciones, de forma que las que tienen menos recursos no hayan tenido una desventaja competitiva por no poder analizar a su rival mediante IA y que todos los equipos hayan jugado en igualdad de condiciones en este aspecto”.
Un claro ejemplo de innovación ha sido el propio balón oficial del campeonato, que ha funcionado como un miniordenador recopilador de datos de posicionamiento y fuerzas dinámicas.
“Curiosamente, todos los balones del torneo han tenido que cargarse por puerto USB durante treinta minutos antes del inicio de cada partido, una recarga de batería indispensable para optimizar las decisiones tácticas del VAR y preparar estrategias clave como los lanzamientos de penaltis”.
Asimismo, el arbitraje y la experiencia televisiva también han experimentado una transformación inédita gracias al uso coordinado de algoritmos tridimensionales. Puertas ha detallado que los jugadores han pasado antes del torneo por un proceso de escaneo tridimensional de su cuerpo, lo que ha generado gemelos digitales en 3D que han asistido al sistema de fuera de juego semiautomático y al VAR para identificar y rastrear de forma exacta la anatomía de cada jugador en jugadas complejas en el área.
"Otro gran uso estético lo hemos visto en la cámara subjetiva que ha portado el árbitro en su pecho, cuyo vídeo se ha estabilizado de forma nítida y clara en tiempo real mediante algoritmos de IA, eliminando los temblores bruscos de su carrera para disfrute del espectador".
Más allá de los noventa minutos de partido, la tecnología ha asumido tareas complejas en la organización y el mercado de fichajes que han facilitado notablemente el trabajo de los ojeadores deportivos. Puertas ha sostenido que, en un escaparate global con 48 selecciones, ha sido prácticamente imposible para una persona seguir con atención a cada jugador. En este contexto, la IA ha actuado como un valioso filtro capaz de redactar informes personalizados de futuras promesas.
"Su uso de forma regular también se ha extendido a la seguridad logística del Mundial, controlando los flujos de acceso de los miles de aficionados para evitar aglomeraciones de riesgo”.
Como conclusión, Puertas ha recordado a los aficionados que, en lo que respecta a las apuestas deportivas, las predicciones algorítmicas han sido solo guías estadísticas y de ninguna manera han garantizado ganar una gran suma de dinero.
“La gran revolución de este Mundial de Fútbol 2026 ha radicado en la asombrosa combinación de tecnologías que han enriquecido el juego, pero cuya limitación ante el factor humano es precisamente lo que ha mantenido viva la emoción”.
De este modo, por mucha tecnología que ha invadido las pantallas, los espectadores han tenido que seguir sufriendo de forma tradicional en las gradas y esperando que la impredecible magia del fútbol haya decidido el campeón del mundo.








