Opinión

Llamada a los cafetines

La vida en ese gran, bello, hospitalario por su gente común y diverso país, que es Marruecos, sucede buena parte de ella en la vibración de los cafetines. En esos templos de lo social, el fútbol televisado, el juego del parchís y dominó, la simple contemplación o la conversación constante dan pura identidad marroquí.

En cuanto a la conversación, depende del contenido, claro. Si es mínimamente contraria al omnipresente poder del monarca y su corte del Majzen, un oído indiscreto y delator puede llevar a cualquiera a diez años a la sombra y sin revisión de condena. La satrapía tiene eso, exige pleitesía y ofrece mano corrupta y de hierro. Es lo que supone ser súbditos más que ciudadanos.

En esos emblemas de lo popular, los cafetines, puede hacerse correr un rumor que después amplificarían las redes sociales con potencia y correr como la pólvora buscando y encontrando la concentración y proactividad.

Quien o quienes puedan activar un mensaje depende de la magnitud de lo que se persiga. Esto es una presunción, sin duda, como tantas que desde hace pocas jornadas de la inmensa gravedad de lo ocurrido en Ceuta y sus estertores de contagio en Melilla se vienen dando.

Pero entre tantas suposiciones, que si mafias (que no actúan si no hay rendimiento económico o convivencia interesada) o interpretación de una sentencia judicial (hay jueces que necesitan pisar algo más la tierra), hay algo que no es sospecha, sencillamente es certeza: no se hubiera producido tal violación de la integridad territorial de Ceuta, de España, como en otros hechos anteriores igualmente, sin la pasividad inducida de la autoridad marroquí en la frontera y aledaños, imposible en un país donde el poder es absoluto y todo controla.

Varias decenas, más de ocho, de personas ahogadas hasta el momento recuerdan lo que le importa la vida al poder omnímodo al otro lado de la frontera. Tampoco parece inquietarle que buena parte de la juventud marroquí quiera migrar de allí. Nada nuevo, como tampoco, aún con escenarios y consideraciones diferentes, a lo largo de este último cuarto de siglo y de manera cíclica los sucesos migratorios han estado presentes tanto en Melilla como en Ceuta. Seguirán ocurriendo.

Se puede comprender el discurso moderado y diplomático oficial con respecto a la relación con Marruecos, lógico porque se necesita su colaboración como vecino, pero no es nada bueno permitir desvirtuar y hasta prostituir la misma hasta el chantaje. Hay más causalidad que casualidad.

En un mundo pragmático, con déficit de justicia y superávit de soberbia y egoísmo, habrá quienes crean e intenten hacer creer que Melilla y Ceuta son una anomalía.

A melillenses y ceutíes la historia y el derecho nos avalan. Esa es nuestra creencia ante cualquier instancia, autoridad e, incluso y por supuesto, frente a quienes oportunistas acuden a Ceuta o Melilla en clave de campaña electoral.

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