En una floristería, el calendario de finales de octubre se vive de otra manera. Mientras se acerca el Día de Todos los Santos, las horas de trabajo se alargan, los encargos se acumulan y las jornadas terminan mucho más tarde de lo habitual. Hay que preparar los ramos, atender a los clientes y tenerlo todo listo para una fecha en la que muchas familias acuden al cementerio para recordar a sus seres queridos.
El trabajo no empieza el mismo día de la celebración. En realidad, las floristerías llevan al menos diez días preparando los pedidos. Así lo explica la propietaria de uno de estos establecimientos de Melilla, que reconoce que son unas jornadas especialmente intensas. Y no solo por la cantidad de encargos, sino también por la duración de la campaña.
"No es lo mismo que un día de los enamorados, que trabajas un día o dos y ya está. Aquí no. Aquí es un día detrás del otro", señala. La diferencia está en que el esfuerzo se reparte durante varios días seguidos y apenas hay tiempo para descansar.
La rutina cambia por completo. La floristera cuenta que ayer mismo terminó de trabajar cerca de las doce de la noche, después de haber empezado por la mañana. Y la previsión para la siguiente jornada era prácticamente la misma. "Yo sé a qué hora me levanto, pero no a qué hora me acuesto", resume.
Una frase que refleja el ritmo de estos días. Detrás de cada encargo hay horas de preparación y una carrera contrarreloj para que las flores estén listas cuando los clientes las necesiten.
El día más intenso
Aunque el Día de Todos los Santos se celebra el 1 de noviembre, la mayor parte del trabajo se concentra en las horas previas. La florista lo tiene claro: "El día de antes es mucho más duro que el día uno".
El motivo es sencillo. Muchas personas quieren llegar al cementerio con los ramos preparados y colocados para la jornada festiva. Por eso, el 31 de octubre se convierte en uno de los días de mayor actividad en estos establecimientos.
También hay clientes que prefieren adelantarse para evitar las prisas de última hora. Algunos acuden unos días antes y realizan sus compras con más tranquilidad. Una forma de repartir las visitas y quitarse de encima parte de los preparativos antes de la fecha señalada.
La demanda es amplia porque, como recuerda la propietaria, son pocas las familias que no llevan alguna flor al cementerio. Puede ser para un padre, una madre, un hermano, un tío o cualquier otro familiar.
"Todo el mundo pone algo, aunque sean dos florecitas", comenta. Esa costumbre explica por qué esta campaña supone un aumento tan importante del trabajo para las floristerías.
El clavel
Entre todas las variedades disponibles, el clavel sigue siendo el protagonista de estas fechas. Es la flor que más se vende, especialmente en forma de ramo. La propietaria señala que los clientes se decantan principalmente por esta opción, en parte porque permite ajustar el gasto.
Los precios han subido y eso también se nota en las decisiones de compra. Frente a otras composiciones más elaboradas, muchas personas prefieren llevar un ramo de claveles, una alternativa más asequible para mantener la tradición.
"Todo está mucho más caro, entonces la gente prefiere poner un ramo de claveles, que es un poco más asequible, que una corona o un ramo normal", explica.
Eso no significa que las coronas hayan desaparecido de los pedidos. Hay familias que llevan años manteniendo la misma costumbre y siguen encargándolas para sus difuntos. En estos casos, la elección responde a una tradición que se repite de generación en generación.
Los ramos pueden costar entre 7,50 y 9 euros, aunque el precio depende de las flores y de los elementos que se añadan. Incorporar verde decorativo u otras variedades puede encarecer la composición, ya que también son productos que tienen un coste para el establecimiento.
A la hora de comprar, hay de todo. Algunos clientes llegan con una idea muy clara de lo que quieren. Otros prefieren dejarse aconsejar por la florista, que les orienta según sus preferencias y el presupuesto del que disponen.
Precios al alza
La subida de los precios es otra de las cuestiones que marca la campaña. La propietaria asegura que las flores se encarecen todos los años, aunque matiza que el aumento no afecta únicamente a este sector.
"No es que suban las flores, es que sube todo. Sube la vida entera", afirma.
En este establecimiento trabajan exclusivamente con flores naturales. Las que venden proceden de Algeciras, desde donde llegan para abastecer los encargos de estos días.
Con el 1 de noviembre cada vez más cerca, la prioridad es sacar adelante todos los pedidos y cumplir con los clientes. Para las floristerías, la campaña de Todos los Santos no se limita a una jornada concreta. Son días de madrugones, largas horas de trabajo y poco descanso, con el objetivo de que cada familia pueda llevar sus flores al cementerio.
Y, aunque cambien los precios y el tamaño de los ramos, la costumbre se mantiene. A veces basta con unas pocas flores. Lo importante, para quienes las compran, es tener un detalle con aquellos a los que siguen recordando.








