Hay personas que pasan por Melilla y dejan huella. Las que, además de hacer bien su trabajo, consiguen ganarse el cariño de quienes tienen la suerte de coincidir con ellas. Eduardo Estrella pertenece a este grupo. Después de cuatro años al frente de la Comandancia Naval, ha llegado el momento de despedirse de la ciudad. Y lo ha hecho como ha vivido buena parte de esta etapa. Con cercanía, agradecimiento y sin esconder la emoción.
Quienes hemos tenido la oportunidad de tratar con él sabemos que detrás del uniforme hay mucho más que un comandante naval. Hay una persona cercana, un buen profesional y alguien que siempre ha sabido mantener abiertas las puertas de la Armada a los medios de comunicación. Por eso, su despedida también tiene un significado especial para quienes, desde este periódico, hemos compartido con él estos años de trabajo.
Este jueves, durante el acto de relevo de mando, Eduardo no ha querido pronunciar un discurso lleno de cifras ni detenerse en una larga lista de actuaciones. Tenía algo más importante que decir. "Creo que era de justicia que el mensaje de hoy fuera exclusivamente de agradecimiento". Y a eso ha dedicado buena parte de sus palabras.
Antes de comenzar, ha tenido un recuerdo para las víctimas del accidente ferroviario ocurrido en Toledo y para sus familias. Después, ha dejado a un lado la solemnidad habitual de estos actos para hablar desde el corazón. "No pretendo hacer un discurso solemne, sino hablarles de mí y de una experiencia emblemática en una ciudad española y africana".
En su intervención ha agradecido el respaldo de la Armada, de la Comandancia General, de la Guardia Civil, de la Policía Nacional, de la Policía Local, de la Autoridad Portuaria y del Gobierno de Melilla. También ha reconocido la colaboración de asociaciones y profesionales que han contribuido a sacar adelante los proyectos de estos últimos cuatro años.
Pero ha habido un agradecimiento que, para quienes trabajamos en los medios de comunicación, ha tenido un significado especial.
"Vosotros habéis sido los grandes patrocinadores del conocimiento de la Armada", ha dicho dirigiéndose a los periodistas. Eduardo ha recordado los reportajes, las entrevistas, los programas culturales, los artículos y las notas de prensa que han ayudado a acercar el trabajo de los marinos a los ciudadanos.
"Siempre dispensándonos un trato exquisito", ha añadido antes de dar las gracias "de todo corazón".
En este periódico recibimos esas palabras con especial cariño. Porque la relación con Eduardo ha sido mucho más que la de un comandante naval que atiende a los periodistas cuando hay una noticia. Ha sido la de un profesional que ha facilitado el trabajo, que ha contribuido a que la Armada tuviera su espacio en la actualidad melillense y que ha tratado a los medios con respeto y cercanía.
Eduardo ha demostrado que se puede representar a una institución con rigor y responsabilidad sin levantar barreras. Que detrás de cada uniforme hay una persona y que la cercanía no está reñida con la autoridad. Su manera de trabajar ha ayudado a que la Comandancia Naval sea más conocida y a que los melillenses sientan un poco más cerca a la Armada.
Durante el acto también ha tenido palabras para su equipo, al que ha atribuido buena parte de los logros alcanzados. "Todo lo hecho estos años ha sido porque hemos trabajado en equipo", ha afirmado. Ha recordado especialmente al capitán de fragata Jaime Torres, su colaborador durante dos años y medio, que ha viajado desde Cádiz para acompañarlo en la despedida. También ha agradecido el apoyo de María Ángeles, su secretaria, y de los marineros que han compartido con él el día a día de la Comandancia.
Su relevo lo toma el capitán de navío Mariano Esteban Romero, un oficial con una amplia trayectoria en la Armada, experiencia en el mando de buques y destinos en organismos nacionales e internacionales. "A partir de hoy contáis con un oficial de reconocido prestigio, que viene a Melilla con mucha ilusión, ganas de trabajar y que cuenta desde hoy con vuestra lealtad y buena disposición para seguir haciendo grande el reconocimiento de la Armada en Melilla".
Y entonces ha hablado de Melilla. De una ciudad que, después de cuatro años, ya forma parte de su historia personal.
Ha definido a los melillenses como un ejemplo de españolidad y ha recordado los cinco siglos de historia de una ciudad que ha superado numerosos asedios. "Este pueblo ha sido mi principal fuente de inspiración".
En los últimos minutos, la emoción ha dado paso a los agradecimientos más íntimos. A la Iglesia castrense, al Páter David, a sus hijos y, de manera muy especial, a su mujer, Marta, "por hacerme tan feliz cada día".
Ha terminado dando gracias a Dios y a la Virgen del Carmen, patrona de la Armada, a la que ha pedido que siga cuidando de la Comandancia Naval de Melilla, de su dotación y de sus familias.
Y así, entre recuerdos y palabras de gratitud, Eduardo Estrella ha cerrado una etapa que difícilmente se resume en un cambio de destino. Se marcha un comandante que ha trabajado para acercar la Armada a Melilla, que ha defendido su institución con orgullo y que ha sabido ganarse el respeto y el afecto de muchas personas.
Desde este periódico queremos sumarnos a esa despedida. Porque hemos conocido al profesional comprometido, siempre dispuesto a colaborar, pero también a la persona que hay detrás. A alguien con quien ha sido fácil trabajar y que ha hecho que la relación entre la Comandancia Naval y este medio sea cercana y cordial.
Buen trabajador y, sobre todo, mejor persona. De esas que dejan buen recuerdo cuando llegan y se hacen echar de menos cuando se van.
Gracias, Eduardo, por tu trabajo, por tu trato y por habernos puesto las cosas fáciles tantas veces. Melilla seguirá siendo tu casa. Y aquí dejas a personas que te aprecian de verdad.









