Javier Calderón demostró conocer bien las tradiciones y se ayudó de sus recuerdos y sentimientos para gritar en su pregón que la Semana Santa de Melilla 2013 ya está aquí.
Las canas. Ese signo que muchos achacan al paso de los años y pretenden ocultar con tintes y que otros, en cambio, destacan como un símbolo de la experiencia y de la sapiencia. Unas ‘canas’ a las que hace referencia este joven porque asegura que su trayectoria cofrade es lo suficientemente amplia como para saber mucho, aunque aún le queden por aprender más cosas de los que tienen más canas que él. Francisco Javier Calderón demuestra que sí conoce, sabe, entiende, comprende, siente y ama la Semana Santa de Melilla y su pregón fue buena prueba de ello. Su juventud se notó en cada frase, descripción y alago a la Soledad, pero también su templanza y serenidad, algo más típico de los más adultos.
Saluda a la mitad del Sagrado Corazón a quien desea darle un abrazo. Escucha una y otra vez que lo va a hacer bien y que debe estar tranquilo. Y eso desea con todas sus fuerzas. Sus ojos claros, pues nunca se sabe muy bien sin son verdes o azules, expresan nerviosismo y ganas. El ímpetu de su juventud le sale por los cuatro costados.¡Desea leer el pregón ya!
Arropado por su familia, su madre, su padre, que en esta ocasión no puede agarrar la mano de su esposa porque al ser presidente de la Agrupación de Cofradías debe estar sentado junto al pregonero, su hermano pequeño y sus primos y tíos. También los amigos de siempre están por ahí desperdigados entre hombres de trono, cofrades, hermanos mayores y las autoridades políticas, como el presidente de la Ciudad, Juan José Imbroda, y militares, como el comandante general de Melilla, Álvaro de la Peña.
Carlos Rubiales, presentador de este acto, se sube al altar y anuncia los pasos que se van a seguir para llegar al pregón de Semana Santa. El silencio llega a la iglesia y todos toman asiento.
En primer lugar, se anuncia que será el anterior pregonero, Gregorio Castillo, jefe de Medicina Interna del Comarcal, el que presentará de forma oficial a Javier Calderón.
Castillo asegura que este joven tiene una templanza y un saber estar nada propio de su edad. Hace un recorrido de la implicación de la familia de Calderón con la Cofradía de la Soledad y el Cristo de la Paz y resalta que gente como él son necesarios en una sociedad como la actual, esto es, jóvenes comprometidos con las tradiciones y con la fe.
Calderón no se mueve. Escucha atento e intenta no emocionarse cuando Castillo hace referencia a los fundadores de la cofradía, entre los que estaba su abuelo. Más tarde, será él quien nombre a varios cofrades sin los que hubiera sido posible sacar adelante la Semana Santa de Melilla en los 80.
Castillo afirma que le une a este joven una amistad sincera y le cede el sitio en el atril del altar.
Calderón, antes de subir, estrecha la mano de su padre, sentado a su lado. Con un ligero abrazo le desea suerte y con la palmada clásica en la espalda da impulso a su hijo para que haga lo que mejor sabe hacer desde hace mucho tiempo, comunicar, pues no en vano, dirige un medio de comunicación en la ciudad.
Para tranquilizarse, se encomienda al Señor, dedica su pregón a su familia y saluda a todos los presentes. No le tiembla la voz. Está seguro de sus palabras porque no salen de su garganta como cualquier discurso que se dice sin más, sino de su corazón, donde reside todo lo que sabe sobre el mundo cofrade.
Le habla a la Soledad. Le asegura que tenía ganas de charlar con ella y le pide ayuda para la sociedad en la que vive por los tiempos difíciles que se están viviendo.
Comienzan los recuerdos. Los primeros, de un pueblo de Almería y luego, la descripción exaltada y pasional de cada uno de los días de la Semana Santa de la ciudad. No deja puntada sin hilo. No se olvida de ningún titular ni de hacer referencia los que portan estos tronos.
Conocedor de que los detalles importan, hace referencia al olor a romero e incienso que uno de los pequeños cofrades de la Soledad roció por todos lados. Y en vez de describir cómo la Soledad sale del Sagrado Corazón tras escucharse los aldabonazos en la puerta principal de la iglesia, hace que uno de sus hermanos cofrades haga ese sonido y resuenen los golpes en la madera por cada esquina de la iglesia.
Cierra su discurso animando a los melillenses a apoyar la Semana Santa desgarrando su voz y el público rompe el silencio con un sonoro aplauso. Luego, las felicitaciones y los abrazos de los familiares, amigos y cofrades ponen punto y final a este acto.
Una Semana Santa con muchas voces por resaltar
Javier Calderón destacó en su pregón el papel de los jóvenes y cómo los hermanos mayores de las cofradías deben tirar de sus opiniones, además de cuidarles como cantera de esta entidades.
El trabajo y la devoción de las mujeres de las hermandades fueron otros de los puntos en los que hizo hincapié este joven pregonero.
Además, hizo una defensa a ultranza de la Semana Santa de Melilla, como un acto de oración para los cristianos y como una tradición cultural para los no creyentes. También señaló cómo melillenses de otras culturas participan sin reparos en ella.








