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La viga en el ojo propio

por Fernando Gutiérrez Díaz de Otazu
22/06/2025 08:30 CEST
La viga en el ojo propio

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En uno de los apartados del texto bíblico del sermón de la montaña, en el que Jesús de Nazaret manifestó a sus seguidores algunas de sus más conocidas enseñanzas, concretamente el del comienzo del Capítulo 7 del Evangelio según San Mateo, Jesús pronunciaba, solemnemente, la siguiente advertencia: “No juzguéis para que no seáis juzgados. Porque seréis juzgados como juzguéis vosotros y la medida que uséis la usarán con vosotros. ¿Por qué te fijas en la mota que tiene tu hermano en el ojo y no reparas en la viga que llevas en el tuyo? ¿Cómo puedes decirle a tu hermano: “Déjame que te saque la mota del ojo”, teniendo una viga en el tuyo? Hipócrita: sácate primero la viga del ojo; entonces verás claro y podrás sacar la mota del ojo de tu hermano.”

Incluso aunque Pedro Sánchez fuera desconocedor de este pasaje bíblico por no frecuentar la lectura del llamado “libro de libros”, debería conocer el principio moral de no acusar a los demás de aquello de lo que, a lo mejor, él es un exponente destacado para el común de la opinión pública.

Esta semana hemos vivido en el trámite parlamentario en ambas cámaras de nuestras Cortes Generales una acumulación de excesos verbales, conculcando este principio, que resultan simplemente sonrojantes y/o hilarantes si no fueran la viva expresión de una pretendida imagen de superioridad moral en el debate público que deslegitima a los protagonistas de esta acumulación de excesos verbales para el ejercicio de cualquier tipo de liderazgo social que se considere.

Durante el turno de preguntas a los miembros del Gobierno en el Senado el pasado martes, en el que se preguntó a la Ministra de Igualdad, Ana Redondo, por su proximidad hacia el Fiscal General del Estado, después de conocerse el auto de procesamiento del mismo, ofreciéndole “todo lo que fuera necesario”, empezando por “una cenita”, la Ministra respondió que era amiga del Fiscal desde hacía cuarenta años y, en su opinión, necesitaba apoyo. No le parecía, en absoluto, criticable su oferta de afecto personal. A mí, en honor a la verdad, tampoco. Lo que no entiendo es por qué, para el común de los militantes de la izquierda de nuestro país, la expresión utilizada por Mariano Rajoy hacia el que fuera tesorero del Partido Popular cuando fue procesado, diciéndole “Luis, sé fuerte”, representa un reconocimiento implícito de complicidad con un delincuente. Diferentes varas de medir en función, como dijera Campoamor, “del cristal con que se mire”.

Qué decir del Ministro Óscar López, para quien la revelación de información de un ciudadano particular, en poder de la Fiscalía General del Estado, puede justificarse, de alguna manera, por el hecho de que una parte de ella fuera hecha pública por un conocido del ciudadano particular, minusvalorando el hecho, nada menor, de que un ciudadano particular no está obligado, por ley, a la observación de reserva sobre la información de la que los altos funcionarios de la administración disponen, en razón del ejercicio de sus funciones. La ley obliga a los funcionarios y no a los ciudadanos privados. Dato menor para el señor Ministro. La mota en el ojo ajeno y la viga en el propio. Aparte de ello, el señor Ministro, hizo un alarde de matonismo al hacer gala de conocer y analizar el pasado profesional de los parlamentarios que le formulaban preguntas. Acude a las sesiones de control más dispuesto a hacer reproches, por la razón que sea, a los parlamentarios que, en el ejercicio de su responsabilidad y en nombre de los ciudadanos le formulan preguntas, que en responder a las mismas. Matonismo amenazador propio de El Padrino.

Al día siguiente, miércoles, ya en el Congreso de los Diputados, Gabriel Rufián estableció una singular diferencia entre la “corrupción cutre” practicada, en su opinión, por el Partido Socialista y la “corrupción premium”, practicada, igualmente en su opinión, por el Partido Popular. Según sus palabras, la izquierda no puede robar. La derecha, al parecer, sí. Ninguna mención a su apoyo de investidura y de legislatura al Partido condenado por la trama corrupta de los ERE de Andalucía. Más de 680 millones de euros defraudados, al parecer, para el señor Rufián, de una manera cutre. Nueva mota en ojo ajeno sin reparar en la viga del propio.

¡Qué decir de la señora Miriam Nogueras!, para quien lo de la corrupción es cosa de españoles, no de la etnia superior catalana, no, ¡qué va! Nada que decir sobre el 3% percibido como mordida en adjudicación de contratación pública durante años por la muy superior y muy catalana Convergencia y Unió y sobre los múltiples casos de corrupción imputados a la muy superior y muy catalana familia del señor Pujol (el más molt honorable de entre los molt honorables).

Durante la época de la pandemia del COVID me acordé muchas, muchísimas veces, del reproche público dirigido al Presidente Rajoy por ordenar sacrificar un perro, Excálibur, como premisa sugerida por los servicios sanitarios para bloquear la expansión de la fiebre del Évola. Asesino, llegaron a llamarle, por ello, en la multitud de movilizaciones sociales que se promovieron por parte de la izquierda en aquel momento. Cuando morían miles de españoles cada día sin saber si ponerse guantes o mascarillas, aplausos a las 20.00 en los balcones cada día.

A mí sólo se me ocurre una explicación plausible para esta, mantenida en el tiempo, hipocresía de la izquierda y no es otra más que atribuirla al hecho de que, atávicamente, odian mucho. Odian tanto a los que no son de izquierdas por el simple hecho de que no lo sean, que viven inmersos en una realidad distópica que merma su capacidad de ser mínimamente autocríticos con sus propios defectos.

Mucho mejor nos iría a todos si en lugar de construir muros y separar a los españoles en tantos pares de bandos, analizasen sus propios defectos, asumiesen sus culpas, errores y responsabilidades y trataran de librarse, en beneficio de todos, de “la viga en el ojo propio”.

Tags: delincuentereproches

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