Al filósofo Byung-Chul Han, autor de La sociedad del cansancio, le concedieron el Premio Princesa de Asturias de Comunicación y Humanidades de 2025 el pasado 24 de octubre. El filósofo analiza también los malestares invisibles de nuestro tiempo desde una posición reveladora y ha construido un pensamiento tan accesible como incómodo. En Psicopolítica, uno de sus ensayos más citados, denuncia cómo el sujeto actual, bajo la apariencia de autonomía, ha interiorizado los mecanismos de dominación hasta el punto de convertirse en su propio carcelero. En el centro de su discurso está la idea de que la libertad de hoy es una ilusión. Una ilusión funcional, útil para los engranajes del capital. El filósofo surcoreano critica el modelo neoliberal contemporáneo.
El Faro de Melilla entrevista al filósofo Alejandro Martínez Carrasco, profesor del Departamento de Ciencia, Política y Sociología en la Universidad de Navarra, especializado en filosofía contemporánea, especialmente de los siglos XX y XXI, ha centrado su atención en autores españoles de la primera mitad del siglo XX. Es autor de diversos artículos especializados sobre Ortega y Gasset, Eugenio d'Ors, Unamuno, Eugen Fink o Byung-Chul Han, entre otros autores. Ha publicado las monografías Espíritu, inteligencia y forma, El pensamiento filosófico de Eugenio d’Ors, Náufragos hacia sí mismos. La filosofía de Ortega y Gasset y D’Ors y Ortega frente a frente. Realiza estancias de investigación en las universidades de Regensburg, Viena y Humboldt de Berlín.
-Byung-Chul Han nació en Seúl en 1959 pero está afincado en Berlín desde hace décadas. ¿Es su mentalidad europea o asiática?
-A pesar de que ha pasado casi toda su vida en Alemania guarda muchos rasgos orientales en su personalidad y su forma de pensar. Se marchó a Alemania con 22 años, después de haber trabajado en el ámbito de la metalurgia y, aunque era de familia cristiana, tanto su reflexión intelectual como su forma de vida están muy marcadas por la tradición budista: desprendimiento, calma, contemplación y abandono de uno mismo. El filósofo galardonado con el Princesa de Asturias intenta hacer una síntesis entre algunos rasgos de la cultura cristiana, la cultura alemana (especialmente la romántica) y la cultura oriental. Durante muchos años, ha utilizado figuras, ejemplos y modelos orientales para su reflexiones.
-En uno de sus ensayos, La sociedad paliativa (2020), el filósofo analiza cómo el capitalismo ha declarado la guerra al dolor, proponiendo una vida anestesiada, sin conflicto ni reflexión. Pero esa evasión del malestar, tiene un precio: la pérdida de lo humano. ¿Qué quiere decir el filósofo galardonado con ello?
-La principal preocupación de Han es que en la sociedad actual estamos encerrados en nosotros mismos, en una visión egocéntrica en la que no hay una verdadera apertura a los otros. Esto se ve en cómo la sociedad actual trata el problema del dolor, del que da una visión puramente psicológica e individualista. No le da sentido ni ofrece modo de compartirlo con otros, simplemente busca acallarlo, darle la espalda. Pero el dolor nos hace ver nuestra fragilidad, nos saca de nosotros mismos, nos abre a una realidad externa que no controlamos y que se nos resiste. Y también permite establecer relaciones humanas con un sentido fuerte porque en el dolor necesitamos ayuda de los demás, necesitamos ser confortados, cuidados y curados, y estas experiencias se basan en el contacto significativo, y muchas veces físico, con los demás. Por eso el dolor es una experiencia a la que solo se le puede dar sentido desde la aspiración a una vida buena en relación y contacto con los demás, no desde la mera supervivencia biológica, que es el ideal en el que se mueve la sociedad actual. No comprender el sentido humano del dolor implica perder dimensiones humanas fundamentales.
-Su lectura de la realidad conecta con fenómenos que todos vivimos, aunque rara vez los cuestionamos. Ha introducido conceptos que ya forman parte del debate, cultural: “la sociedad del rendimiento”, “el enjambre digital”, “la sociedad de la transparencia”. Para el filósofo estamos inmersos en una sociedad narcisista. ¿Podría ahondar en esta idea?
-Para Byung-Chul Han la sociedad actual se encuentra muy centrada en el yo y la autorrealización, dando mucha importancia a los elementos psicológicos, es decir, cómo me siento, qué vivencio y pasa dentro de mí. Cada uno acaba viviendo y preocupándose solo de sí mismo y de su pura interioridad aislada, individual y volcada en el yo. Perdemos la relación con los demás, nos cuesta abrirnos al otro y reconocerlo, nos da miedo lo que genera una resistencia, lo que nos pone a disposición de los otros. Esto hace que solamente nos demos vueltas a nosotros mismos. Ese es el peligro del narcisismo. Narciso es un personaje mitológico que se enamoró de su propia imagen. El narcisismo consiste en preocuparse solamente por uno mismo, porque lo único importante soy yo, mis sentimientos y mis experiencias y lo que pasa dentro de mí. Una sociedad como la actual, donde las personas están volcadas sobre sí mismas, rompe vínculos y genera individuos aislados, (individualizados), que solamente viven consigo mismo, sin posibilidad de actuar verdaderamente en común.
-La persona, inmersa en esta cultura neoliberal, sin percibirlo, se explota a sí misma creyendo que está realizándose... ¿Un engaño? ¿Un espejismo?
-A partir del 2011, Byung-Chul Han empieza a elaborar la crítica a la sociedad neoliberal actual poniendo en evidencia la tendencia a la autoexplotación que provoca en los individuos. Es una sociedad que promueve unos valores que tienen que ver con trabajar y rendir más para ser más productivos. Los viste como si fueran valores que mejoran al individuo, que le hacen ser más libre. Esta es la idea contemporánea de autorrealización, en la que es el propio individuo el que se exige al máximo para lograr más y ser más eficaz.
-Una explotación no que no es impuesta por un agente externo, sino por la misma persona...
-Byung-Chul Han sostiene que el neoliberalismo ha perfeccionado el control mediante una estrategia radical: convertir la libertad en una herramienta de explotación. En vez de reprimir, el poder seduce. En lugar de imponer, invita. Y así, en palabras del propio filósofo, el sujeto contemporáneo “se explota a sí mismo creyendo que se está realizando”. Se trata de una explotación que ya no viene de un jefe que la impone externamente, sino que es la misma persona la que se lo impone: se convierte en un empresario de sí mismo, en un jefe exigente que se autoexplota hasta el agotamiento sin darse cuenta, y por eso se trata de una forma de encadenamiento tan peligrosa. Y no solo en el trabajo, sino en todas las facetas de la vida que se someten a una mayor eficacia, éxito y rendimiento.
-Una sociedad que se vigila a sí misma. Esta forma de dominación, que él denomina psicopolítica, no requiere de un Gran Hermano visible. Se filtra por los gestos cotidianos, por los hábitos digitales, alerta Han. La aparente participación en redes es, para él, una trampa que reemplaza la acción política por la emoción viral, el juicio por la reacción. ¿Podría explicar esta idea?
La pérdida de la acción política, de poder actuar en común, la desaparición de la comunidad es otra de las grandes preocupaciones de Han en esta sociedad de individuos narcisistas que se creen libres y que por tanto ya no son capaces de luchar por una auténtica libertad. Para el filósofo coreano la digitalización actual trae consecuencias muy peligrosas. Los datos que compartimos en las redes ingenuamente se convierten en un arma de control digital, porque los algoritmos manipulan nuestros deseos y expectativas para hacernos elegir lo que nos muestran, haciéndonos creer que somos nosotros los que elegimos. Nos dan una sensación de libertad que oculta un enorme control, un nuevo totalitarismo, como lo denomina Han. Ésta es la clave de la psicopolítica, un nuevo régimen de poder que busca controlar nuestras decisiones desde la manipulación de nuestra psicología a través de los big data y las redes sociales.
-En Infocracia (2022) denuncia cómo el exceso de información diluye la capacidad crítica. La viralidad sustituye al juicio y las democracias, sin darnos cuenta, se vuelven más frágiles. “Los afectos son más rápidos que la racionalidad”, escribe. Esa lógica de lo instantáneo erosiona la deliberación democrática. ¿Podría profundizar en esta idea?
-Han ha manifestado en muchas ocasiones su preocupación por el futuro de la democracia. Para él, la democracia está amenazada no solo por la pérdida de la comunidad que he mencionado antes, sino por la crisis del escuchar. Ya no nos escuchamos unos a otros, inmersos en el ruido y el bombardeo digital, incluyendo un exceso de información y datos que somos incapaces de procesar. Nos hemos hecho incapaces de convivir y respetar a los que piensan de manera diferente porque no estamos abiertos a los otros, a lo diferente a uno mismo. A esto se junta la inmediatez de las redes sociales, que buscan provocan reacciones automáticas sin dar tiempo a la reflexión. Se busca el like, la valoración rápida de aprobación o desaprobación, sin hacer el esfuerzo de entender o tomarse tiempo para pensar. También la preponderancia de lo digital nos hace ciegos para la realidad auténtica, para la verdad, para lo fáctico.
-A diferencia del panóptico clásico, donde unos pocos vigilaban a muchos, en el modelo digital todos nos vigilamos a todos. Y lo hacemos con gusto. Es una vigilancia horizontal, sin amo visible, en la que cada cual gestiona su imagen, su marca personal, su pequeño escaparate. Con todo ello, propone un tipo de resistencia que no se mide en likes ni en trending topics: el silencio. ¿Que sería ese silencio?
-Vivimos, según Han, en un panóptico digital donde nos exponemos sin ningún pudor y nos sometemos al juicio de los demás. Esto facilita un control social y uniformidad más implacable que las anteriormente conocidas, como se percibe en los linchamientos digitales o censuras digitales tan frecuentes. Han no ofrece una solución fácil y rápida, sino que recomienda un cambio de vida que no nos haga esclavos de este mundo digital y neoliberal enfocado en la productividad y el éxito. Un cambio de valores y modos de vivir que haga de resistencia a estas tendencias y que nos permita recuperar el contacto con la realidad material y con los demás. Este cambio debe venir sobre todo por la recuperación de actitudes contemplativas que nos enseñen a mirar y a escuchar de manera más profunda y calmada la realidad que nos rodea y a los otros. Y para ello el silencio es fundamental: acallar tanto los ruidos exteriores que provienen del mundo digital (alertas, notificaciones, noticias, necesidad de estar al día, etc), como el ruido interior de nuestro egocentrismo y narcisismo.
-“El smartphone no es sólo un eficiente aparato de vigilancia, sino también un confesionario móvil”, afirma. ¿Podría desgranar esta idea para hacerla comprensible a los lectores de este diario?
-Con el smartphone, que siempre llevamos con nosotros a mano, estamos permanentemente conectados. Publicamos todo lo que hacemos y lo que nos pasa, incluidos nuestros estados de ánimo. Y si necesitamos ayuda o consejo también acudimos en primer lugar a nuestro smartphone. Ya no acudimos a personas que nos quieren o que tienen experiencia y nos pueden comprender, o a expertos que saben de lo que hablan. Somos totalmente dependientes del smartphone, y decisiones muy importantes las tomamos frecuentemente a partir de lo que encontramos en internet, lo cual nos debería hacer reflexionar. Y ahora con el desarrollo de la IA esto probablemente se agudice: para muchos la IA se ha convertido en una consejera y confidente inseparable, con la que consultan sobre cualquier problema. En su último libro, Conversaciones sobre Dios (2025), Han denomina a nuestra sociedad una “sociedad de la búsqueda” porque estamos constantemente haciendo búsquedas en nuestros móviles. Esto hace que estemos siempre distraídos, sin prestar atención a la realidad que nos rodea, a las personas que tenemos cerca. Para Han, la atención profunda y contemplativa es la capacidad humana más valiosa y decisiva, la raíz de nuestra libertad, y precisamente es la que más está en peligro en la sociedad actual.
-Heidegger (1889-1976) es un filósofo alemán que ha tenido un impacto profundo en la filosofía contemporánea ¿Podría explicar la influencia de Heidegger en Byung-Chul Han?
-Es una influencia fundamental, hizo su tesis sobre él y es el único autor que cita en todos sus libros, con especial importancia en sus primeras publicaciones. La influencia de Heidegger en Byung-Chul Han se ve en muchos aspectos. Sobre todo le interesa el llamado segundo Heidegger, más tardío, que habla más del desasimiento, la espera, las dimensiones contemplativas, el juego, la recuperación del orden terreno y del habitar. Se inspira también en autores postheideggerianos como Derrida, Lyotard o Lévinas. Otro autor fundamental para Byung-Chul Han es Hegel, que impregna su pensamiento y del que toma su idea de espíritu como apertura a lo diferente y aspiración a la reconciliación universal.








