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“La relación de Kafka con la escritura es auténtica y personal”

Entrevista con Álvaro de la Rica, escritor y profesor de Humanidades en Cunef Universidad

por Miriam Lafuente
16/11/2024 09:30 CET
“La relación de Kafka con la escritura es auténtica y personal”

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El 3 de junio de 1924 moría Franz Kafka, en Kierling, Austria. Han transcurrido cien años desde aquel día. La ciudad de Praga, donde el escritor vivió, este año ha estado inundada de actividades culturales que le rinden homenaje. Para acercarnos a la figura de este excelso escritor, El Faro de Melilla entrevista al profesor Álvaro de la Rica, escritor y profesor de Humanidades en Cunef Universidad. Ha publicado entre otras, la obra Kafka y el Holocausto (Trotta), la novela La tercera persona (Alfabia) y el ensayo Órdago, un paseo literario por la frontera vasca del Pirineo (Vaso Roto). Para De la Rica, Kafka representa el altísimo lugar que la poesía ocupa en la posibilidad humana de alcanzar alguna brizna del sentido de la existencia.

-Kafka murió a los 40 años, enfermo de tuberculosis. Era aparentemente (y visto con ojos de hoy) un hombre fracasado. Kafka no creía que su obra tuviera un gran valor, hasta el punto que pidió a Max Brod que la destruyera.

-Brod era escritor, muy amigo de Kafka y algo mayor que él. Y le debemos sobre todo que no hiciera caso a esa petición testamentaria. Demasiado bien conocía el valor de esa obra, del mismo modo que también Kafka sabía a quién se la estaba confiando.

Seguramente se consideró a sí mismo un fracasado, pero con matices. Primero, él nunca tuvo la aspiración de "triunfar" literariamente. Su relación con la escritura es muy auténtica y personal; no creo que la fama o el beneficio económico le importaran lo más mínimo. Su frustración tenía más que ver con el simple hecho de no haber podido dedicar más a tiempo a escribir. Y segundo, los últimos años, tras su diagnóstico de tuberculosis, que lo liberó de algunas obligaciones, Kafka vivió con cierto equilibrio personal.

-Estudia en la Universidad Alemana de Praga y escribe sus libros en lengua alemana, pero él es judío que adhiere el sionismo. ¿Podría decirse que una sensibilidad tan fina como la suya anticipa en sus escritos los terroríficos acontecimientos histórico que se sucederían?

-Se trata de dos cosas distintas pero conectadas. Kafka no fue propiamente un sionista. Tenía cierta simpatía por ese movimiento como lo tuvo por el socialismo, pero a su modo. Lo que sí le fue interesando progresivamente más y más fueron sus raíces hebraicas. Estamos en el momento más intenso del intento de una parte de los judíos europeos por integrarse cultural y socialmente. Kafka vivió personalmente esa aspiración legítima; de hecho, su obra es uno de sus frutos más apreciables de aquella tendencia histórica. Después sabemos cómo acabó todo aquello: en las cámaras de gas. ¿Kafka lo anticipó? Yo creo que sí. Algunos supervivientes de la Shoah, al leer a Kakfa, expresaron que se trataba del alfabeto del exterminio nazi.

-La metamorfosis. Una pesadilla fuerte, levantarte y sentirte escarabajo.

-Sí y además en ese poco que ha nombrado usted está quizás la clave de esa obra maestra. Levantarte, y en el acto mismo de hacerlo, en ese momento de indeterminación entre el sueño y la vigila en el que nuestra mente duda un instante sobre el estatuto metafísico de la situación en que vive, está el gran enigma de la percepción humana de la realidad. Borges vio perfectamente la profundidad de esa grieta, la misma que hay entre la condición humana y la condición animal simbolizada por un insecto que no obstante sienta y piensa como un ser humano.

-¿Qué relación tenía con su padre? Una relación que queda reflejada en muchas obras.

-Malísima. Vivían en longitudes de honda distintas. Lo explica con una lucidez que duele en la célebre Carta al padre. Le reprochaba la incapacidad de su progenitor para entender ciertas realidades como el matrimonio, la fe religiosa, la relación paternidad-filiación. Le parecía que no actuaba con autenticidad, que era insensible ante la belleza y la sutileza que se esconde en esas realidades mencionadas. Pero seguramente se trata del juicio lúcido, pero también parcial e injusto, de quien no se había enfrentado directamente con la gravedad de dichas realidades humanas.

-¿Qué aporta a la literatura del siglo XX este gran escritor?

-Vuelvo al juicio de Borges, el lector más inteligente de su siglo (valga la redundancia: inte-ligere significa leer en el interior de las cosas) y que resumió su importancia al decir que la obra de Kafka "formaba parte del sueño universal que es la memoria". Quería decir, pienso, que conectaba desde la más absoluta modernidad con todo aquello que, como especie, somos capaces de recordar, las cuestiones límite que, recogiendo una herencia anterior, ya sondearon los filósofos presocráticos: la transición entre la noche y el día, el sueño y la vigilia, el amor y la guerra, la vida y la muerte.

-¿Qué libro entre todos de este escritor admira?

-Se trata de una obra de una profunda coherencia, muy difícil de separar unos elementos de otros. Por ejemplo, las claves de las grandes novelas se encuentran en algunas páginas sueltas, como la de la parábola del campesino ante la puerta de la ley. George Steiner la consideraba literalmente inspirada y en todo casi su significado resulta insondable.

-¿Le gusta este escritor? ¿Qué de él le parece extraordinario?

-Representa el altísimo lugar que la poesía ocupa en la posibilidad humana de alcanzar alguna brizna del sentido de la existencia. No es que me guste, es que me ha constituido como la persona que soy, más que ningún otro escritor a excepción de la Biblia. Leer los fragmentos de su Diario es rozar el sentido del sentido.

 

Tags: Noticias de Melilla

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