La Plaza de Toros de Melilla ha vuelto a convertirse este domingo en un gran templo al aire libre para celebrar una de las citas más tradicionales de la Feria y Fiestas Patronales. A las 20:00 horas, cientos de melillenses se dieron cita en el coso taurino para participar en la tradicional Misa Rociera en honor a Nuestra Señora de la Victoria, Patrona Coronada y Alcaldesa Perpetua Honoraria de la ciudad.
La celebración coincidió con el inicio del novenario dedicado a la Virgen de la Victoria. La Eucaristía estuvo oficiada por el vicario episcopal de Melilla, Eduardo Resa, quien desde el comienzo quiso poner el acento en la protección de la Patrona sobre la ciudad y en la unión con Ceuta.
“Este coso convertido hoy en un gran templo acoge nuestra oración, sobre todo pidiendo la protección de la Virgen sobre esta hermosísima ciudad que sigue siendo amparo y refugio”, señaló Resa durante la celebración. El vicario también tuvo un recuerdo para los ciudadanos de Ceuta y destacó la vinculación entre las advocaciones de la Victoria y de África durante estas fechas.
La ceremonia reunió a personas de todas las edades y contó con una importante representación institucional. Entre los asistentes se encontraban el vicepresidente de la Ciudad Autónoma, Miguel Marín; la delegada del Gobierno, Sabrina Moh; el comandante general de Melilla, Luis Cortés, y la diputada por Melilla en el Congreso de los Diputados, Sofía Acedo. También estuvieron presentes representantes de Miss y Mister Melilla, miembros del Partido Socialista y buena parte del Gobierno local.
La cita congregó además a los hermanos mayores de las distintas cofradías y hermandades de la ciudad, que participaron en uno de los momentos centrales de la tarde con sus respectivas ofrendas a la Patrona.
Misa con sabor rociero
La música volvió a tener un papel protagonista. El Coro Rociero de Jesús Cautivo y Nuestra Señora del Rocío y el Coro de la Divina Pastora acompañaron distintos momentos de la Eucaristía con cánticos de alabanza dedicados a la Virgen de la Victoria.
Para Eduardo Resa, la celebración debía alejarse de una homilía convencional y convertirse en una expresión colectiva de devoción. “Quiero que sean cantos de alabanza, pensamientos y oraciones que laten en mi corazón al contemplar esta imagen tan querida de la Virgen y Madre de la Victoria”, explicó.
Y así fue. Las flores, las ofrendas y la música se fueron sucediendo en una ceremonia que mezcló tradición religiosa y ambiente rociero. Las hermandades, las cofradías y las autoridades participaron en este homenaje a la Patrona, en una tarde en la que la Plaza de Toros volvió a ser escenario de uno de los actos más singulares de la Feria.
Resa recordó además que las ofrendas no se limitarían a los objetos entregados durante la misa. También las sevillanas tendrían su espacio como una forma de expresar la devoción. “Nos sirven para rezar dos veces”, afirmó el vicario al referirse a los bailes que se realizarían posteriormente.
Y, una vez terminada la parte más solemne de la celebración, el ruedo cambió de aspecto. Decenas de melillenses se lanzaron a la arena vestidos con trajes de flamenca para bailar sevillanas en honor a la Virgen de la Victoria. El ambiente festivo tomó entonces el relevo a la solemnidad de la Eucaristía, con la música y el baile como protagonistas.
La celebración también incluyó una colecta destinada al mantenimiento de la capilla del cementerio. Eduardo Resa explicó que la recaudación se utilizará para sufragar tareas de limpieza, coro y ornamentos, además de contribuir al cuidado del espacio religioso. El vicario quiso dejar claro que la aportación tendrá ese destino y agradeció de antemano la generosidad de los asistentes.
La misa terminó con uno de los momentos más esperados de la tarde: la Salve Rociera. Las voces del coro y de los presentes se unieron para cerrar la celebración con un canto dedicado a la Patrona.
Con la Salve se puso el punto final a una Misa Rociera que volvió a reunir fe, tradición y sentimiento en torno a la Virgen de la Victoria. Una celebración que, un año más, abrió el novenario y llevó al corazón de la Feria una de las expresiones más arraigadas de la devoción de los melillenses a su Patrona.







