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La memoria a escena

aActrices como Patricia Aguilera y Ana Jiménez resulta más que reseñable, porque sin ella no se hubiera podido palpar de primera mano la atmósfera existente en la cárcel de Victoria Grande de Melilla

Por Fátima Frutos
21/08/2024 06:58 CEST
La memoria a escena
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CARLOTA O’Neill. Romanzas de la Guerra Civil es una pieza teatral de Ceres Machado y Salva Martos Cortés basada en la vida de la única escritora española que en el año 1939 consiguió culminar un poemario en una cárcel franquista. Se estrenó en Melilla el 22 de octubre de 2021. El pasado día 14 de agosto del 2024 tuvimos ocasión de verla en Chiclana de la frontera, en lo que fue un encuentro con la memoria histórica y con la vindicación de la figura de una Carlota O’Neill luchadora y superviviente.

Hay tres aspectos de esta obra dramática que quisiera destacar: la coralidad, la fuerza del texto y la precisión en el objetivo de llevar la memoria a escena.

La coralidad surgida junto a la protagonista -Carlota O’Neill interpretada por una entregada Júlia Fortana- actrices como Patricia Aguilera y Ana Jiménez resulta más que reseñable, porque sin ella no se hubiera podido palpar de primera mano la atmósfera existente en la cárcel de Victoria Grande de Melilla en aquella época (1936-1940), lugar estuvo encerrada nuestra autora. Y sin esa patente coralidad tampoco hubiera sido posible representar el conjunto de sucesos luctuosos que padecieron las compañeras de prisión de O’Neill.

Especial relevancia adquiere la interpretación de Ana Jiménez como La rubia o Patricia Aguilera como Isabel Martínez López, esposa del Padre Jaén; sacerdote torturado y asesinado por falangistas. Ana Jiménez nos muestra un personaje que manifiesta en primer término cómo la miseria llevó a tantas mujeres hacia una prostitución que no fue otra cosa que afán de supervivencia y desarraigo ante la desgracia. Patricia Aguilera conmueve especialmente en la recitación de los versos carlotianos durante la primera parte de la obra y acompaña como nadie, en la segunda parte, a una Júlia Fortana (Carlota O’Neill) repleta de una superación no exenta de solidaridad entre mujeres, la llamada sororidad.

El texto tiene una fuerza dramática considerable al estar unido a una memoria doliente. Memoria de hechos deplorables acaecidos en Melilla tras el golpe de Estado del 36 y reflejados de forma contundente con una expresividad efectiva y directa. Se siembran expresiones incluso del siglo XXI, más que de finales de los años 30 en el XX, quizá para llegar al público con el lenguaje de hoy en día.

Por último, destacaré la precisión con la que se logra llevar la memoria a escena. Si hacemos un recorrido rápido del teatro reciente, donde está presente la memoria, nos encontramos con El mar. Visión de unos niños que no lo ha visto nunca de Xavier Bobés y Alberto Conejero o Altsasu de María Goiricelaya. También es positivo nombrar la obra Victoria viene a cenar de Olga Mínguez Pastor, sobre el encuentro entre Clara Campoamor y Victoria Kent, o el excelente trabajo que han realizado en La Rioja Begoña Hidalgo, Simone Mercado y Johanna Moya con María de la O Lejárraga: travesía del exilio, resiliencia y empoderamiento rural. Carlota O’Neill. Romanzas de la Guerra Civil se une de manera comprometida al plantel de obras que tratan la memoria en un tono reivindicativo, a través de un espacio testimonial que sana y detenta una apuesta por la palabra actual. Todo ello para lograr el merecido reconocimiento de mujeres que hicieron historia en nuestro país con su literatura y su resistencia ante las adversidades y tragedias derivadas de la guerra y el franquismo.

No olvidar significa no repetir y en eso el teatro debe ser considerado adalid de la memoria democrática y de las heroínas que nunca se rindieron.

Etiquetas: Opinión

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