La parábola de este domingo nos compara el reinado de Dios con un propietario que sale a contratar jornaleros para su viña. Hasta cuatro veces sale el propietario a contratar jornaleros: al amanecer, a media mañana, a mediodía y a media tarde. Con los primeros se ajusta en un denario por jornada, que era lo habitual.
El escándalo o la provocación viene al final de la jornada, cuando el capataz, por indicación del propietario y empezando por los últimos y acabando por los primeros entrega a cada uno un denario. Esto provoca la indignación y la protesta de los que han trabajado todo el día pues consideran injusto el proceder del propietario.
La indignación y la injusticia parece evidente en los primeros jornaleros. También hoy seguramente los sindicatos y otras realidades sociales tomarían medidas en el asunto y presentarían las correspondientes denuncias.
Jesús quiere provocar en sus discípulos y en nosotros la necesidad de un cambio en la forma de vivir la relación con Dios y también con los bienes y la riqueza. Esta parábola está a continuación del pasaje del joven rico.
La justicia no es la unica medida, ni la principal, para relacionarnos ni con Dios ni con los demás, ni con el mundo económico-laboral.
Jesús nos invita a entrar en el ámbito de la gratuidad y de la bondad, que supera y trasciende la justicia.
El propietario no le quita nada de lo acordado a los primeros trabajadores, pero quiere darle a todos lo necesario para vivir con dignidad, y lo hace porque quiere, porque es bueno con todos. Por eso les responde: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy bueno?”.
La respuesta sigue siendo desconcertante para nosotros y para nuestra forma de pensar. La envidia y el querer ser y tener más que los otros nos impiden no sólo vivir en el ámbito de la gratuidad y de la bondad, sino también reconocerla en Dios y en los demás. Necesitambos incorporar la bondad en todo los ámbitos de nuestra vida y también en las estructuras de nuestra sociedad. La bondad que viene del amor nos hace vivir en libertad y supera con crece la justicia. Recordemos que la justicia es la medida mínima de la caridad, por lo que no la agota.
Estamos acostumbrado a vivir a una relación de meritocracia con Dios, o desde el cumplimiento. Nos creemos merecedores de su recompensa, de su premio,
trabajamos más que los que acaban de llegar, o acudimos a más cultos, o somos mejores cristianos que otros, o mejores que los que no son cirstianos.. Podríamos poner un sinfín de méritos que cada uno atribuye a sí mismo para sentir que se nos debe más, que es de justicia.
El Señor no se mueve por la meritocracia, sino por la gracia. Necesitamos adquirir esta mentalidad que nos posibilita pensar como Dios, y entrar en el ámbito de la confianza, la entrega y el amor. Buscar realizar su voluntad, sabiendo que sus planes no son nuestros planes, sus caminos no son nuestros caminos.
Aunque el profeta Isaías nos invita a buscar el Señor, El evangelio de hoy nos invita a ser consciente que es el Señor quien sale en nuestra búsqueda siempre, a cualquier hora. Él nos llama para ser colaboradores de Reino, para trabajar en su viña, para hacer presente su misericordia, su bondad a todos los hombres y mujeres. Trabajar en su viña, que nos da la vida, es motivo de gracia. Ser discípulo y fatigarse en los duros trabajos de Reino, sirviendo a los más necesitados, es una vocación, pues es la respuesta a una llamada. Vivirlo desde la gratuidad, la dicha y la bondad nos libera de las relaciones basadas en la meritocracia que nos hace enjuiciar y tener envidia de los demás y en el fondo no reconocer la bondad de Dios. Esta llamada no es cuestión de privilegio, sino de disponibilidad y agradecimiento por sentirnos enviados a colaborar en la reelización del Reino
Dejémonos configurar por la forma de pensar de Dios para comprender lo que él nos quiere decir: “muchos últimos serán primeros y muchos primeros serán últimos”.








