Los hosteleros de Melilla están que no levantan cabeza. Si hace unos días mostraban su indignación por la decisión de la Ciudad Autónoma de sacar unos bonos para financiar parte de las tapas que consuman los usuarios, ayer hacían patente, a través de este medio, los malos resultados que en lo que llevamos de verano están sufriendo en cuanto a ventas se refiere.
Y es que, según informaron, hasta la fecha acusan un 30% de descenso, un hecho que viene motivado, en primer lugar por la crisis y en segundo por la coincidencia, durante este mes, con la celebración del Ramadán.
Y a pesar de que el verano nunca ha sido una buena temporada para este sector económico debido principalmente a que prácticamente la ciudad se queda vacía por causa de las vacaciones, siempre han encontrado en otro mercado, el procedente de Marruecos, una posibilidad para hacer caja. Algo que no se está produciendo en este año por la coincidencia con el mes sagrado de los musulmanes y que los bolsillos están más vacíos que el pasado.
Ello ha abocado a que muchos hosteleros aprovechen precisamente estas fechas para cerrar por vacaciones y esperar a que pase el verano para poder remontar sus negocios.
El futuro más inmediato desde luego no pinta nada bien, por lo que habrá que echarle imaginación para intentar superar esta etapa y atraer de alguna forma a los clientes. A lo mejor resulta que no es tan descabellada la idea del Patronato de Turismo.







