La guerra del agua en Melilla es un sinsentido. Desde las administraciones públicas (central y autonómica) no paran de echarse las culpas los unos a los otros y de tirar balones fuera con esta cuestión.
Parecía que los problemas podrían acabarse, o eso pensaba la Ciudad Autónoma, cuando fueran ellos quienes controlaran la desaladora, cuyas competencias le fueron cedidas por el Ministerio para la Transición Ecológica y el Reto Demográfico a la Consejería de Medio Ambiente y Naturaleza el día 6 de marzo de 2024, esto es, hace ya más de un año.
Sin embargo, los cortes de agua no han acabado, lo que ha desatado la batalla entre los partidos para dilucidar quién es el responsable de que Melilla no tenga agua las 24 horas del día en pleno siglo XXI.
El Gobierno local, que había prometido agua constante y de calidad, se ha encontrado con, según dice, una desaladora en tan malas condiciones que le hace imposible cumplir su compromiso.
Hasta tal punto llega el enfado que no llega a tres meses que el consejero Daniel Ventura amenazó con llevar a la Justicia el incumplimiento de las actas y hace un mes el presidente de la Ciudad Autónoma, Juan José Imbroda, anunció que la Administración local construirá una segunda desaladora con fondos propios.
Sin embargo, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir (CHG) defiende que entregó la planta en perfecto estado y que es el Gobierno de Imbroda el que está poniendo palos en las ruedas para impedir su puesta a punto definitiva.
Prácticamente han hablado todos los actores, incluso aquellos que no tienen competencias en el ciclo del agua. Desde Vox, Tasende pide que alguien explique “por qué se asumió la gestión de la desaladora sin garantías y por qué hoy estamos peor que cuando la gestión dependía de la CHG”. Por su parte, Amin Azmani, de Somos Melilla, ha escrito una carta al Defensor del Pueblo, Ángel Gabilondo, para pedirle que emita “una exigencia urgente” tanto al Gobierno central como a la Ciudad Autónoma para garantizar el suministro.
Los técnicos han podido solucionar el último problema que ha habido con la línea 3, pero nadie puede tener la certeza de que no habrá nuevos inconvenientes y de que no volverá a haber cortes de agua inesperados como los que estos últimos días han provocado una guerra que tiene que terminar lo más pronto posible, por el bien de los ciudadanos, porque, cuanto antes concluyan las disputas, más sencillo resultará resolver el problema.
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