Para el gran público, el Carnaval comienza cuando se levanta el telón y las agrupaciones pisan el escenario. Sin embargo, para quienes forman parte de una chirigota, la fiesta arranca mucho antes, prácticamente cuando termina la anterior. Así lo explica Andrés J. Martín, director de la chirigota Maestros de la Postura, que este año vuelve a presentarse al concurso tras meses de preparación, ensayo y trabajo constante.
“Realmente el Carnaval para una chirigota empieza cuando termina el anterior”, afirma Martín. En su caso, la idea del tipo de este año surgió incluso antes de despedirse del carnaval pasado, durante una de las últimas actuaciones que realizaron. Fue en un ambiente distendido, casi sin pretensiones, cuando comenzaron a hablar de lo que podrían hacer al año siguiente. Aquella conversación informal acabaría marcando el rumbo de todo un proyecto.
Durante los meses posteriores, especialmente en verano, el grupo fue madurando la idea inicial. No se trataba todavía de ensayos intensos ni de letras cerradas, sino de darle vueltas al concepto, dejar que reposara y comprobar si tenía recorrido. El verdadero pistoletazo de salida llegaría más adelante.
El nacimiento de 'Maestros de la Postura'
El nombre de la chirigota de este año, Maestros de la Postura, no es casual ni improvisado. Según explica su director, el porqué del nombre se descubrirá realmente el día de la actuación, cuando el público vea el tipo completo y entienda el sentido del personaje que defienden sobre las tablas.
“Este año decidimos llamarnos Maestros de la Postura, y ya se verá el porqué el día de la actuación”, comenta Martín, dejando claro que el tipo es una pieza clave dentro del engranaje de la chirigota. En el Carnaval, el nombre, el disfraz y el mensaje van siempre de la mano, y en este caso no será diferente.
Aunque durante el verano ya se trabajaron algunas ideas y posibles líneas de letras, fue en el mes de septiembre cuando el grupo tomó la decisión definitiva sobre el tipo. A partir de ese momento, el trabajo se intensificó y comenzó la cuenta atrás real hacia el concurso.
De septiembre a febrero
El repertorio que el público disfruta en apenas unos minutos sobre el escenario es el resultado de un proceso largo y exigente. En el caso de Maestros de la Postura, Andrés J. Martín calcula que hay detrás unos cuatro o cinco meses de trabajo fuerte, desde septiembre hasta febrero.
“Desde septiembre hasta febrero es continuo”, explica. Ensayos, composición de letras, adaptación musical y correcciones constantes forman parte de la rutina del grupo durante ese periodo. Solo hay un pequeño paréntesis durante las fiestas navideñas, cuando descansan aproximadamente dos semanas antes de retomar el ritmo habitual.
Este año, además, el calendario juega un papel importante, ya que el concurso comienza algo antes que en ediciones anteriores. Aunque solo sean dos semanas de diferencia, el director reconoce que se notan mucho en la planificación y en la intensidad de los ensayos.
El tipo, el punto de partida de todo
En el proceso creativo de una chirigota hay muchos elementos en juego, pero para Maestros de la Postura hay uno que lo condiciona todo: el tipo. “Lo primero que decidimos siempre es el tipo”, señala Andrés J. Martín. A partir de ahí se construye todo lo demás.
Las letras, el humor, la crítica y hasta la forma de cantar deben estar en consonancia con el personaje que se representa. El disfraz no es solo un elemento visual, sino la base sobre la que se articula el repertorio. “Necesitamos que las letras estén acordes al tipo que llevemos ese año”, añade el director.
Esta coherencia es fundamental para que la chirigota funcione como un todo y el mensaje llegue con claridad al público y al jurado.
Horas de ensayo
La frecuencia de los ensayos varía a lo largo del año. Desde septiembre, el grupo suele reunirse entre dos y tres días a la semana. Sin embargo, conforme se acerca la fecha del concurso, la intensidad aumenta notablemente.
“Después de diciembre es cuando incrementamos los días de ensayo”, explica Martín. En muchos casos pasan de tres a cuatro días semanales, e incluso a cinco en las semanas previas a la actuación. Este esfuerzo adicional es necesario para pulir detalles, asegurar la afinación y lograr que el repertorio esté perfectamente engranado.
En esta edición, Maestros de la Postura tiene previsto actuar el día 12 en el Concurso de Chirigotas y comparsas, una fecha que el grupo afronta con responsabilidad y muchas ganas de mostrar el trabajo realizado durante meses.
Cuatro años de historia
Aunque la chirigota cuenta con cuatro años de vida, su trayectoria no ha sido completamente continua. Hubo un año en el que el grupo no pudo presentarse al concurso debido a la marcha inesperada de varios componentes por motivos laborales.
“Por sorpresa tuvieron que irse fuera a trabajar y nos quedamos un poco a cuadros”, recuerda el director. Aquella circunstancia obligó al grupo a parar temporalmente, pero lejos de suponer el final, sirvió para volver con más fuerza al año siguiente.
En total, Maestros de la Postura acumula ya tres años de actuaciones en teatro y participación en concurso, consolidándose poco a poco dentro del panorama carnavalesco.
Voces y afinación
Uno de los aspectos más complejos de cualquier chirigota es cuadrar las voces. En el caso de este grupo, existe una particularidad que supone un reto añadido: la presencia de una mujer entre un conjunto mayoritariamente masculino.
“Más que un problema, es un bendito problema”, afirma Andrés J. Martín. La adaptación vocal no siempre es sencilla, pero gracias a la ayuda de Salva Botello y a la capacidad de adaptación de Rocío, la única chica del grupo, han logrado integrar su voz de manera efectiva.
Lejos de ser un obstáculo, esta diversidad aporta riqueza al conjunto y demuestra que, con trabajo y conocimientos musicales, es posible superar cualquier dificultad técnica.
Dirigir una chirigota
Como director, Andrés J. Martín tiene claro que lo más complicado no es la música ni las letras, sino la gestión del grupo humano. Coordinar horarios, lograr que todos los componentes puedan asistir a los ensayos y mantener la motivación colectiva es uno de los mayores desafíos.
“Yo no creo en imponer”, asegura. Para él, el éxito de la chirigota reside en que todos opinen y sientan el proyecto como propio. “No me gusta llegar y decir ‘esto es lo que se hace y punto’”, añade.
Con el apoyo de personas clave como Carlos, Rocío, Salva y el resto de músicos, el trabajo se hace más llevadero y el proyecto avanza con buen ritmo.
El Carnaval como forma de vida
Para Andrés J. Martín, el Carnaval va mucho más allá de un concurso o una actuación. “El Carnaval es una forma de vida”, afirma con rotundidad. Lo define como crítica, rebelión y libertad de expresión.
“Es la única fiesta en la que puedes decir lo que piensas”, señala, aun sabiendo que eso implica exponerse a críticas. En su opinión, es uno de los pocos momentos en los que la gente se detiene a escuchar lo que dicen las agrupaciones.
Aunque reconoce que en Melilla la repercusión no es comparable a la del Carnaval de Cádiz, este último sigue siendo el gran referente para quienes aman esta fiesta y han crecido viéndola y escuchándola.
Con meses de trabajo a sus espaldas, Maestros de la Postura encara el Carnaval con ilusión, compromiso y respeto por una tradición que exige esfuerzo constante. Cada ensayo, cada letra y cada ajuste vocal forman parte de un proceso que culminará en unos minutos sobre el escenario, donde todo deberá encajar a la perfección.
Porque, como bien saben quienes viven el Carnaval desde dentro, la fiesta no se improvisa: se cose puntada a puntada durante todo el año.








