La literatura y la música volverán a encontrarse este sábado 14 de febrero en Melilla. A las 19.00 horas, La Librería, acogerá la presentación de Tengo dos almas, el nuevo libro de la escritora melillense Karima Toufali. La autora estará acompañada por los profesores del Conservatorio Profesional de Música de Melilla Ricardo Vega, al piano, y Juan Mizzi, al clarinete, quienes pondrán música a los relatos en un acto que promete ser un diálogo entre palabra y sonido.
No es una elección improvisada. La música atraviesa este libro de manera más visible que en sus obras anteriores. Toufali comenzó a escribir Tengo dos almas al mismo tiempo que iniciaba sus estudios en el Conservatorio, donde actualmente cursa quinto —primer curso de enseñanzas profesionales—. Hasta entonces, la música había sido una presencia constante pero íntima, un fondo sonoro que acompañaba sus horas de escritura y pintura. En esta obra, en cambio, emerge con nombre propio, se convierte en materia narrativa, en pulso y cadencia de los textos.
Pero más allá de la música, Tengo dos almas representa un paso más en un camino que la autora define como espiritual. Un proceso de búsqueda interior que no empezó con este libro ni con el anterior, sino mucho antes, cuando apenas era una niña que escribía en sus diarios. Con 11 o 12 años, Toufali ya sentía la necesidad de volcar en el papel sus pensamientos, sus contradicciones, sus pequeñas tristezas y sus alegrías. Aquellos cuadernos eran, según explica, una forma de descubrirse. En la adolescencia, cuando las preguntas se multiplican y el desconcierto forma parte del crecimiento, la escritura se convirtió en un espacio de refugio y de reflexión. No era todavía literatura publicada, pero sí el germen de una mirada hacia dentro que no ha dejado de acompañarla.
Esa preocupación por el mundo interior, por comprender las propias emociones y reacciones, ha sido una constante en su trayectoria literaria. Desde Desde adentro (2010), su primera antología de relatos, Toufali ha ido construyendo un universo narrativo propio que continuó con Historias del olvido (2011) y Los velos del alma (2014), obras en las que ya se percibía una sensibilidad atenta a la memoria, la identidad y la dimensión espiritual de sus personajes. Con Horizonte de luz (2017) marcó, según reconoce, un punto de inflexión en su escritura, profundizando en el monólogo interior y en la reflexión íntima. Más recientemente, A mi amado (2023) consolidó esa entrega a la introspección, preparando el terreno para el paso que ahora representa Tengo dos almas.
La autora sitúa precisamente en Horizonte de luz el inicio más consciente de ese tránsito hacia la introspección plena. A partir de ahí, su literatura adopta de manera más decidida el camino del autoconocimiento. Para Toufali, encontrarse a sí misma no es una meta cerrada, sino un proceso continuo. Habla de un viaje hacia el interior, de una búsqueda que implica silencio, calma y escucha. En ese trayecto, la espiritualidad ocupa un lugar central. La define como un apoyo que aporta serenidad, una base desde la que poder bucear en las profundidades del ser humano sin miedo a lo que pueda aparecer.
El título del nuevo libro surge precisamente de esa experiencia. Tengo dos almas alude a la dualidad que habita en cada persona: pensamientos que se contradicen, impulsos que se enfrentan, emociones que tiran en direcciones distintas. Sin embargo, en sus relatos no hay ruptura ni conflicto desgarrador. Las dos almas dialogan, se entienden, se corrigen si es necesario. En uno de los relatos, una dicta y otra escribe; en otros momentos, ambas parecen unirse para advertir o despertar al propio corazón.
Más que una lucha interna, la autora propone una conversación. Un reconocimiento de que el ser humano es complejo, cambiante, lleno de matices. Aceptar esa dualidad forma parte del proceso de conocerse. Y conocerse, en su concepción, es también acercarse a una dimensión espiritual que atraviesa la vida cotidiana.
La estructura del libro responde a relatos cortos, aunque su estilo ha sido definido en ocasiones como prosa poética. Toufali no se adscribe formalmente a la poesía, pero reconoce que para hablar del alma, de la belleza o de la música necesita una palabra cuidada, rítmica, con silencios que respiren entre líneas. Para ella, el silencio es tan importante como el sonido; sin silencio no hay escucha, y sin escucha no hay autoconocimiento.
En sus textos, además, la naturaleza aparece como reflejo del mundo interior: bosques que invitan a adentrarse en lo profundo, jardines donde brotan las flores, espacios verdes que simbolizan calma y recogimiento. No son escenarios decorativos, sino prolongaciones del estado del alma, paisajes que ayudan a expresar lo que a veces resulta difícil nombrar. Junto a ellos, también lo cotidiano —los pequeños gestos, los instantes sencillos del día a día— adquiere significado. Naturaleza, música y vida diaria se entrelazan así como recordatorio de que la belleza y la introspección pueden encontrarse tanto en un bosque imaginado como en la rutina más humilde.
Esa búsqueda de belleza y la expresividad personal se extiende también a la pintura. Salvo en Historias del olvido, cuya portada y fotografías corresponden al fotógrafo Alfredo Calif —quien trabajó para medios como El País y Marie Claire—, el resto de sus libros están ilustrados con acuarelas propias, tanto en cubierta como en el interior. Pintar, escribir y estudiar música forman parte de un mismo impulso creativo. Son distintos lenguajes que, en el fondo, persiguen expresar lo mismo: la emoción, la sensibilidad, la contemplación.
Una de las particularidades de su obra es la elección de la voz narrativa. Aunque es mujer, Toufali escribe en masculino, también en Tengo dos almas. No responde a una estrategia deliberada, sino a una necesidad expresiva. Afirma que se siente más cómoda escribiendo desde esa voz y que no le surge hacerlo en femenino. Esa elección le permite, además, mantener cierta distancia y proteger la intimidad, dejando que el lector imagine al personaje sin asociarlo directamente a su biografía.
Con este nuevo libro, la autora siente que ha avanzado un paso más en ese recorrido interior iniciado en los cuadernos de su infancia. No lo considera un final, porque el camino espiritual —dice— es siempre largo, pero sí una etapa de mayor conciencia. Este sábado, en el espacio recogido de La Librería, esa experiencia íntima se compartirá con el público. La palabra encontrará eco en el piano y el clarinete. Y en medio de esa fusión entre literatura y música, las dos almas que dialogan en silencio se harán audibles, convertidas en relato y en melodía.








