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La Cervecería, un bar que fue pensado para perdurar en el tiempo

El próximo 14 de mayo, el emblemático negocio hostelero cumple 35 años de cocina casera y trato familiar al cliente

por Alba Castilla
01/05/2026 11:00 CEST
La Cervecería, un bar que fue pensado para perdurar en el tiempo (cedida)

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Dice Nacho Martínez de La Cervecería, el popular bar que se encuentra en la calle O’Donnell, que todo está igual que cuando empezó. Y de eso hace ya 35 años. Este establecimiento se ha ganado el renombre de “bar de siempre”. Ahora, en mayo de 2026, particularmente el día 14, están de celebración.

El propietario cuenta que, cuando se inauguró el negocio, recibió algunos comentarios sobre qué sentido tenía indicar en el rótulo de la fachada que la casa había sido fundada en 1991. A lo que él respondió que el tiempo daría las respuestas. Y tenía razón: La Cervecería se ha consolidado como uno de los lugares favoritos de los melillenses para salir a comer.

O a tomar algo con los amigos o la familia, porque el nombre del negocio no es para nada casual. Quienes vayan a este emblemático bar podrán degustar las típicas tapas y platos de la ciudad autónoma con el sabor de toda la vida. Igual que lo hacían los que acudían allí en los años 90. 

La Cervecería en su inauguración (imágenes cedidas)

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Cuenta su dueño que hace pocos años vio cómo un hombre se emocionaba al acceder al salón. Y todavía recuerda lo que le respondió cuando se acercó a él. Resulta que era un teniente de Artillería que fue destinado a Melilla hace más de tres décadas. No había vuelto a pisar el establecimiento hasta esta nueva visita, en la que ya recibía el título de coronel. 

Cuando entró, le sorprendió que todo estaba exactamente igual. Tiene su explicación. El interior del local fue diseñado y decorado por Carlos Baeza, a quien Martínez define como una eminencia en la pintura. “Es una persona con un gusto exquisito”, subraya. La única instrucción que recibió fue la de emplear materiales que duraran en el tiempo.

Mientras que otros negocios han sido traspasados o han cambiado su ubicación, La Cervecería se ha posicionado como uno de los clásicos de la ciudad. Al principio del proyecto, eran tres socios: Ignacio Pérez Cazorla, propietario actual de Joyas Victoria, Pedro García López y Nacho Martínez. Formaron una sociedad conjunta por aquel entonces.

García López, que procedía de la familia García Campoy dedicada a la distribución de alimentos y bebidas, falleció en el fatídico accidente de avión en Melilla en el año 1998. Una tragedia que conmocionó a los melillenses y al resto del país. Poco antes, Martínez había comprado su parte a Pedro y años después hizo lo mismo con “su compadre” Ignacio.

Lo más curioso es que los tres procedían de respetadas familias de comerciantes. Los abuelos de Nacho abrieron La Villa de Madrid y la centenaria Droguería Vicente Martínez. El padre de Pedro “era un fenómeno” que tenía las mejores marcas de bebidas en aquella época, y el padre de Ignacio tenía una dilatada experiencia dentro de su gremio.

Esta unión solo podía estar destinada al éxito. “En ese momento había muchísimos bares, pero no con el nivel que tenía este. Por eso fue una impresión para la ciudad cuando inauguramos, porque ya te digo que está... tal cual”, comenta el dueño de La Cervecería. Es una parada obligatoria cuando uno visita Melilla. Sea o no la primera vez. 

De hecho, este local conserva su esencia de siempre y no solo en apariencias. Se siguen esforzando por ofrecer el mejor servicio y por preservar la autenticidad de su sello, que es lo que turistas y locales buscan cuando acuden allí. “Seguimos manteniendo el trato a la clientela y la calidad de la cocina”. 

“A mí me gusta tener personal fijo, que cuida a la persona, que tú llegas aquí y ya sabe qué tapa te gusta”. La cocina es, además, casera. Antes de que se abriese este negocio hostelero, el local estuvo cerrado durante catorce años hasta que le dieron una nueva vida. Y, previamente, había una juguetería muy famosa, la Juguetería Altamira.

Por sus paredes han pasado incluso varias generaciones. El otro día acudió a comer una familia en la que todos sus componentes eran clientes habituales, desde la bisabuela hasta la bisnieta. En los últimos años, se han ido amoldando a las circunstancias que rodean a la ciudad. El propietario recuerda, especialmente, los tiempos difíciles de la pandemia.

Al igual que el resto de empresas del país, se fueron adaptando como buenamente pudieron a las recomendaciones de seguridad. Lo recuerda como una época muy complicada. Por suerte, todos sus trabajadores volvieron a sus puestos una vez regresó la tan anhelada normalidad.

En la actualidad, Nacho Martínez está jubilado pero continúa en activo. Tiene una hija que es maestra y por el momento no habrá relevo generacional. Sin embargo, aunque la hostelería es muy sacrificada, seguirá al frente de la administración hasta que el cuerpo se lo permita. Y eso que ya ha recibido alguna que otra oferta de traspaso o venta.

A este bar de toda la vida no le ha hecho falta publicidad alguna. El “boca a boca” es lo que les funciona. Si se tiene que quedar con algo, Martínez expresa que “lo mejor es seguir viendo a la clientela día a día”. Lo peor será siempre “llorar a los que se han ido, porque aquí se ha ido un montón de gente”, lamenta.

Y lo más importante, quizá sea el secreto de estos 35 años: han cuidado este bar como si fuese “un crío”. Al mínimo detalle. Desde su fundación, fue diseñado como un proyecto que perdurase en el tiempo. No hace falta ser de Melilla para saber que La Cervecería es uno de los establecimientos más queridos y mejor valorados de la ciudad.

Tags: 35 añosaniversariobarHistoriaLa CerveceríaNacho MartínezTapas

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