Cedida
Mohamed Dris junto a José Tallaví
Una tarde cualquiera, cuando el aroma de la hierbabuena, el jazmín y los pétalos de rosa impregnaba el ambiente de la Tetería Nazarí, en la calle Actor Tallaví número 10 de Melilla, ocurrió algo extraordinario. El tiempo pareció detenerse y, como si la historia quisiera rendir homenaje a uno de los hijos más ilustres de la ciudad, apareció ante Mohamed Dris la figura elegante de José Tallaví, el actor melillense que da nombre a la vía donde se encuentra el establecimiento.
Dris, acostumbrado a recibir visitantes de toda España y personajes conocidos atraídos por la fama de su local, quedó sorprendido. Frente a él se encontraba un caballero de porte distinguido, vestido a la moda de principios del siglo XX y con una mirada profunda, propia de quien había dedicado su vida a interpretar las grandes pasiones humanas sobre los escenarios.
—Bienvenido a la Tetería Nazarí —dijo Mohamed Dris con una sonrisa—. Es un honor recibir a quien da nombre a esta calle. Tallaví observó con curiosidad el local. Las lámparas de inspiración andalusí, las alfombras, la madera tallada y la decoración oriental le recordaron la riqueza cultural de aquella Melilla que él había conocido en su juventud. —Debo confesar que nunca imaginé encontrar un lugar tan evocador llevando mi nombre —respondió el actor—. Veo que Melilla sigue siendo un cruce de culturas.
Dris le invitó a sentarse en el rincón más emblemático del salón nazarí y le sirvió uno de los tés más apreciados de la casa, el denominado “Atardecer en el Desierto”, elaborado con hierbabuena, pétalos de rosa y jazmín, una de las especialidades más reconocidas del establecimiento. Mientras degustaban la infusión, la conversación derivó hacia la historia de ambos.
—Nací en Melilla en 1876 —recordó Tallaví—. Mi infancia transcurrió aquí antes de iniciar mi aventura artística. Comencé actuando en Málaga y después llegué a Madrid, donde el teatro se convirtió en mi vida. —Y vaya si triunfó —contestó Dris—. Todavía hoy los melillenses hablan con orgullo de usted. Fue considerado uno de los mejores actores de Europa y llevó el nombre de Melilla por España y América.
Tallaví sonrió con humildad. —Siempre me sentí hijo de esta ciudad. Actué en Chile, Argentina, México, Perú y Ecuador, pero jamás olvidé mis raíces. Mi mayor satisfacción era escuchar hablar de Melilla lejos de casa.
Dris le mostró entonces varias fotografías del local y le explicó cómo la Tetería Nazarí se había convertido en un referente nacional tras aparecer en televisión. La visita de Alberto Chicote y el programa “Pesadilla en la Cocina” hicieron que el establecimiento alcanzara una enorme popularidad, convirtiéndose en una de las teterías más conocidas de España. —Comprendo perfectamente lo que significa la fama —comentó Tallaví—. Aunque en mi época los aplausos llegaban desde los teatros y no desde las pantallas.
—La fama es pasajera —respondió Dris—, pero el trabajo permanece. Mi madre sigue preparando muchas de las recetas de la casa y procuramos mantener la esencia de este lugar. El actor observó los dulces árabes que adornaban una bandeja cercana.
—¿Qué son estas delicias? —Baklava, nidos sirios, chebakia y nuestros famosos “besos de camello” —explicó Dris orgulloso—. Son parte de la identidad gastronómica de la ciudad.
Tallaví probó un pequeño trozo de baklava y asintió satisfecho. —Melilla siempre ha sabido unir culturas. En mis tiempos era una ciudad vibrante y llena de inquietudes artísticas. Recuerdo que en 1913 actué en el Teatro Reina Victoria con un éxito extraordinario. Aquella ciudad respiraba cultura.
—Y sigue haciéndolo —respondió Dris—. Aquí convivimos historia, gastronomía y tradición. Precisamente por eso muchos visitantes llegan buscando experiencias auténticas. La conversación continuó durante horas. Hablaron de teatro, de viajes, de la evolución de Melilla y de la importancia de conservar la memoria de quienes contribuyeron a engrandecer la ciudad.
Finalmente, Tallaví se levantó y se dirigió hacia la puerta. —Me alegra comprobar que la calle que lleva mi nombre alberga un establecimiento que representa tan bien el espíritu melillense.
—Y a mí me honra haber podido recibirle, aunque sea por una tarde imaginaria —contestó Dris. Antes de desaparecer entre los recuerdos y las sombras de la historia, José Tallaví miró una vez más el salón nazarí y pronunció unas palabras que parecieron resonar en cada rincón del local:
—Las ciudades sobreviven gracias a quienes conservan su memoria. Usted lo hace a través de la hospitalidad; yo intenté hacerlo a través del teatro. Ambos, cada uno a su manera, contamos historias.
Y así, entre el aroma del té y el eco de los aplausos de otro tiempo, se cerró este encuentro imposible entre Mohamed Dris y José Tallaví, dos melillenses separados por más de un siglo pero unidos para siempre por una misma calle, una misma ciudad y un mismo amor por Melilla.
Este encuentro imaginario ha sido una propuesta del Grupo “Callejeros de Melilla” por iniciativa de la Asociación Melilla para la Unesco.
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