José Pedro Pomares todavía no ha terminado de digerir lo que ocurrió el pasado martes. Aquel día, mientras ensayaba con la banda de la Flagelación, sonó su teléfono. Al otro lado estaba Gregorio Castillo, presidente de la Agrupación de Cofradías. “Si Gregorio Castillo me llama…”, dice con humor. Pero esta vez era para algo bueno: su nombre había sido aprobado para ejercer como pregonero de la Semana Santa 2026.
La noticia lo dejó sin aliento. Pomares aceptó casi sin pensarlo, impulsado por la emoción del momento. Desde entonces vive sumido en una vorágine emocional que todavía no logra ordenar. “No me ha dado tiempo a asimilar nada. No he profundizado en saber qué siento ahora. Solo por el nombramiento tengo muchos nervios, vértigo y una sensación que me invade desde que se hizo pública la noticia y que no soy capaz de manejar”.
A ello se suma la avalancha de mensajes, felicitaciones y abrazos recibidos en las últimas horas. “Son una nube de emociones. Estoy respondiendo a toda la gente cercana y sigo asimilando todo esto, que conlleva una enorme responsabilidad”.
Un melillense comprometido
Aunque muchos presuponen que ese vértigo nace de su profunda identidad cristiana, él relativiza: “No sé si es por ser cristiano. Yo creo que no. Es el nombramiento en sí lo que me produce esta sensación”. Pomares subraya que el pregón es, antes que nada, un compromiso con la ciudad, con su tradición y con la responsabilidad de hablar en nombre de todos los cofrades.
Una vida ligada a la música de la Semana Santa
La trayectoria de José Pedro Pomares no se entiende sin la música cofrade. Su vinculación comenzó en la infancia, pero su proyección pública llegó de la mano de las agrupaciones musicales, especialmente en la banda de Flagelación, hoy convertida en agrupación musical. “Quizá, de una forma más pública, he estado muy ligado a las formaciones musicales de Flagelación, sobre todo desde que en 2005 pasaron a ser agrupación musical”.
Mira atrás y analiza la evolución de la música cofrade en Melilla durante las dos últimas décadas. “En poco tiempo la evolución ha sido enorme. No es fácil en Melilla, que no es una ciudad de tradición musical en este ámbito. Pero el tesón y el empeño de todos los miembros de las formaciones es admirable”. Recuerda, además, las agrupaciones que ya desaparecieron y figuras emblemáticas del panorama cofrade local, como el señor Plaza. “Sembraron las primeras semillas”.
De una sola banda amateur se ha pasado a tres: Nazareno, Cautivo —“madre y maestra”— y Flagelación. Y aunque ahora se ha reincorporado a esta última “como un miembro más”, asegura que volver a tocar ha sido una bocanada de aire fresco. “Me sirve como vía de escape y para echar el rato con gente muy joven, que cada noche veo muy ilusionada”.
Un pregón aún sin forma, pero ya en la cabeza
Pomares confiesa que todavía no ha escrito ni una línea del pregón. La inspiración llegará, pero aún se está asentando. “Es muy pronto. Obviamente, la inspiración será la Semana Santa de Melilla. Pero si me preguntas más, sería incapaz de contestarte. No he sido capaz ni de asimilarlo”.
Lo que más le inquieta ahora es la estructura del texto, la forma narrativa que quiere utilizar. “Me ajetrea mucho el pensamiento de intentar darle una forma en la que yo me sienta cómodo y en la que pueda desarrollar todo lo que quisiera. Y todavía no la he encontrado”.
Preguntado por lo que considera esencial en un pregón, insiste en que no existe un patrón. “Cada pregón tiene su personalidad. Si analizamos todos los pregones de la ciudad —y los de Andalucía, por cercanía—, no hay un modelo definido. Cada uno está marcado por la mano de quien lo escribe”.
Si él tuviera que destacar algo en el suyo, lo tiene claro: “Que seamos conscientes del valor patrimonial, artístico, cultural y religioso que tiene la Semana Santa de nuestra ciudad”.
Pregones que le inspiraron
Pomares reconoce que muchos pregones melillenses le han marcado profundamente. Lo dice con conocimiento de causa: a lo largo de los años ha trabajado en dos vertientes distintas que le permitieron estudiar estos textos más que la mayoría.
Por un lado, colaboró estrechamente con Carlos Rubiales, muy vinculado al mundo cofrade local. Con él compartió reflexiones, análisis y proyectos relacionados con los pregones y su significado.
Por otro lado, desarrolló trabajo en televisión, donde tenía acceso anticipado a los pregones para preparar los materiales audiovisuales que se emitían en las retransmisiones. Ese trabajo, independiente de su vínculo con Rubiales, le permitió leer y releer minuciosamente los textos de pregoneros de múltiples ediciones.
“He tenido en mis manos todos los pregones. Podía estudiarlos con antelación, analizarlos, comprender sus estructuras. Muchas frases se me quedaron grabadas y me han marcado muchísimo, incluso a la hora de plantearme mi propia vida”.
Sus sentimientos más íntimos
Para Pomares, la Semana Santa tiene una infinitud de momentos especiales, pero su forma de vivirla en los últimos años ha sido singular. “Por necesidad del trabajo, la he visto desde el set de televisión, retransmitiéndola”. Cuando puede salir después del programa, busca momentos íntimos, especialmente ligados a la Semana Santa. “Me gusta disfrutarla de forma muy íntima, incluso tímida. No me gusta meterme en el jaleo”.
Aunque no quiere elegir, confiesa una debilidad: “La salida de un palio de una esquina es siempre como un regalo. Me conmueve mucho. Soy mariano y esperar que aparezca un palio es algo que me llama muchísimo la atención”.
"Proteger lo que tenemos"
Cuando se le pregunta qué cambiaría de la Semana Santa de Melilla, su respuesta es firme: “No se debe cambiar nada”. Cree que durante mucho tiempo la ciudad imitó modelos externos —ferias, carnavales, incluso Semana Santa—, pero que hoy la celebración ha adquirido una identidad propia que es crucial preservar.
“Lo que debemos hacer es proteger. Los cambios que se han hecho han sido para mejor, como el paso de tronos a pasos en la Cofradía del Pueblo”.
Aun así, reconoce que hay aspectos mejorables, muchos de ellos ligados a la falta de recursos de algunas cofradías. Por eso pide una apuesta conjunta de toda la ciudad para conservar un patrimonio único.
Un futuro que depende de todos
Pomares mira al futuro con optimismo, aunque con realismo. “Si todos ponemos nuestro granito de arena, lo veo bien. Siempre y cuando nos respete el tiempo, porque contra eso no podemos luchar”, bromea, recordando los años de lluvia que frustraron salidas procesionales.
Sobre el crecimiento de fieles, se muestra prudente. “No soy yo quien debe decirlo. Quizá los directores espirituales puedan afirmarlo. Somos los que somos, y mientras estemos los que estamos”.
José Pedro Pomares afronta un reto enorme, pero también un honor histórico. Su pregón aún no existe, pero ya palpita: será un homenaje a Melilla, a su Semana Santa y a una tradición que lleva marcada en la piel desde niño.







